Historias de la Violencia. Muerte en el Páramo

El 5 de marzo de 1991 45 personas murieron al estrellarse el avión en el que viajaban de Maracaibo a Santa Bárbara del Zulia

Hay historias que nos tocan de manera especial. A veces conocemos a los protagonistas y estamos sensibilizados ante ciertas circunstancias, otras veces estamos involucrados indirectamente, somos actores secundarios que cruzamos el destino de quienes vivieron y sufrieron las consecuencias de esas tragedias.

El vuelo 109 de Aeropostal es uno de esos casos. Era el año 1991 y yo tenía poco tiempo estrenándome como papá. Es una de esas historias en las que uno se pregunta qué marcó la diferencia entre un vuelo y otro, cómo y por qué suceden las cosas, o lo inseguros que estamos en la vida.

Al final se trata de una anécdota personal, una historia en la que uno pasó de refilón. Mi hijo tenía casi dos años de nacido y su mamá quería llevarlo a que lo conocieran sus tías en la ciudad de Paraguaná, en el estado Falcón, así que con esfuerzo, y para evitar un tedioso y difícil viaje en un bus con un bebé, decidimos pagar el boleto de avión y así el viernes anterior partieron con destino a la península falconiana a la ansiada visita familiar que terminaría el martes, cuando regresarían a Caracas por la misma vía y yo me encargaría de buscarlos.

La visita fue todo un éxito, la mamá y el pequeño regresaban ese martes 5 de marzo y yo fui hasta la terminal nacional del aeropuerto Simón Bolívar a recibirlos de vuelta. Vale destacar que era otro país, otros tiempos y otra economía, en ese entonces muchos viajaban a diario en avión.

A pocos kilómetros de Paraguaná, en el Aeropuerto Internacional La Chinita, en Maracaibo, otro avión se preparaba para realizar un viaje de rutina desde Maracaibo. Era el vuelo 109, un avión DC-9-32 de Aeropostal que se dirigiría a Santa Bárbara del Zulia. Un total de 40 pasajeros y cinco tripulantes abordaron esa nave.

A los pocos minutos de partir, el capitán José Dávila y el copiloto Vicente Caliccio, al parecer cometieron un error y volaron entre nubes directo contra el Páramo de Los Torres, en el estado Trujillo, donde a pesar del intento de evitar el impacto, a las 4:15 de la tarde terminaron estrellándose. En el siniestro murieron los 45 viajeros.

Mientras el drama se desarrollaba y las autoridades se declaraban en alerta ante la repentina desaparición de la aeronave, yo, ingenuo de todo, junto a otras personas en Maiquetía, esperaba la llegada de los familiares. De pronto la cartelera de vuelos informa sobre un retraso de los vuelos.

Lo que parecía algo normal se extendió por horas. Recuerdo que mientras esperaba, las caras de los trabajadores del terminal cambiaban en la medida en que se informaba de la desaparición de la nave. A los que nos encontrábamos allí no nos decían nada y las horas pasaban, la preocupación se iba apoderando de todos. En la mencionada cartelera solo dos vuelos aparecían con retraso: el 109 y el que trasladaba a mi familia.

Ya sabíamos que un vuelo estaba perdido, pero casi a las 11 de la noche llegó el avión que trasladaba a mi hijo y esposa. No hubo explicaciones. Al día siguiente nos enteramos del siniestro. 

Han pasado más de 30 años de esa tragedia y aún hoy siento un vacío en el estómago cuando recuerdo el estrés que pasé ese día, no me imagino el dolor que vivieron los familiares de las 45 personas que esa tarde murieron en un apartado páramo del estado Trujillo. 

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