El 11 de noviembre de 2011 era rescatado el catcher Wilson Ramos quien permaneció 48 horas en manos de un grupo de secuestradores
Al menos algunas historias terminan bien, no todos los casos finalizan en la morgue. La violencia venezolana tiene tantas historias, tantos recovecos, tantas complicidades, que sobrevivir es un hecho digno de contar y escribir sobre ellos es a veces un ejercicio de confianza en un país que se construye desde su dolor. Este es uno de esos casos en los que la víctima sufrió, pero la vida se impuso sobre el miedo y la incertidumbre.
El secuestro es una de las experiencias más aterradoras por las que puede atravesar una persona. Una experiencia que no solo deja profundas huellas en las víctimas quienes sufren desde la amputación de miembros, enfermedades graves producto de las terribles condiciones a las que fueron sometidos, así como cicatrices en la mente de los plagiados.
Creer que el secuestro se limita a las clases sociales altas es un espejismo que da una falsa sensación de seguridad. En realidad cualquiera puede ser una víctima, según estadísticas policiales en el país ocurren al menos dos secuestros diarios y muchos no son reportados a la policía.
Pero más allá de la teoría, vamos a lo que nos corresponde, recordar uno de los casos de secuestro que marcó la pasada década: el secuestro de «El Búfalo», el grandesliga venezolano Wilson Ramos.
Corría la temporada de béisbol del año 2011, la tarde del miércoles 9 de noviembre cuando “El Búfalo” Ramos se encontraba en la casa de sus padres en la ciudad de Valencia.
Acababa de firmar un autógrafo a un niño que pasaba por su casa cuando pasó un vehículo que dio una vuelta y regresó. De pronto cuatro sujetos armados, se acercaron al pelotero y lo obligaron a abordar el vehículo, así se iniciaban 48 horas que fueron eternas para el deportista criollo.
Los secuestradores, que según las autoridades serían un grupo integrado por delincuentes comunes y los ya tradicionales “paramilitares colombianos”, no hicieron contacto con los familiares de Ramos durante las primeras horas del secuestro.
Luego de huir en la camioneta del receptor de los Nacionales se dirigieron al interior del estado Carabobo, y llegaron a una hacienda en Canoabo donde lo mantuvieron incomunicado y bajo permanente vigilancia.
La familia de Ramos denunció el secuestro y el caso llegó a manos del ministro de Interior Justicia y Paz, Tareck El Aisami, quien ordenó que los mejores especialistas de secuestros del país formaran una comisión mixta especial exclusiva para resolver el caso.
No pasarían 53 horas para que la comisión rindiera sus frutos y lograra la liberación del pelotero, así como la detención de los implicados en el secuestro, Alexander Sánchez (26), Francisco Finamor (20), Yhosnar Cuiyan (21) y Nelsybeth Martínez (30) admitieron su responsabilidad en el secuestro y recibieron penas que van de los 13 años y cuatro meses a 14 años y ocho meses de prisión; Arturo Yepez (32), Alexander Bolaños (26) y Anyulin Tarazona (22) recibieron condenas por su participación al igual que Lesbia Quesada, (64), y Arístides Sánchez (82), estos últimos encargados de cuidar al pelotero, y que también fueron condenados.
“El Búfalo” se tatuó en uno de sus brazos 11-11-11 fecha de su liberación y que considera su segundo cumpleaños.
Los jugadores de béisbol y sus familiares se convirtieron en víctimas habituales del hampa. Muchos deportistas terminaron emigrando para protegerse a ellos y a su familia, pero casos como los de Ramos, los familiares de Yorvit Torrealba, las madres de Víctor Zambrano y de Ugueth Urbina nos hacen recordar lo vulnerables que son las estrellas.

