A inicios de la década de los 80 un trágico accidente enlutó las tablas venezolanas
Se iniciaba la década de los años 80, Venezuela se encaminaba a lo que se consideraba era su destino manifiesto: Un país grande que se había cegado ante el fulgor del dinero, pero que sin embargo generaba talento en todas las áreas, despuntaba en las ciencias, en el deporte y por supuesto en las artes, no estaba a la vista el futuro, al menos no este futuro, en ese entonces el optimismo reinaba a pesar de que algunas voces advertían sobre lo que se acercaba, pero ese es otro tema.
Transcurría el año 1981, un año de coronas: Irene Sáez y Pilín León fueron electas las mujeres más bellas en los concursos de Miss Universo y Miss Mundo, ese año la diseñadora Carolina Herrera presentaba su primer desfile de modas, fue el año que las bandas Queen y The Police visitaron nuestras tierras, fue el año en que en la recordada Radio Caracas Televisión (RCTV) nacía el Show de Joselo y Francisco Herrera Luque publicaba el primer tomo de su Historia Fabulada; el año en que la democracia venezolana perdió a uno de sus padres, el expresidente Rómulo Betancourt.
La historia que nos reúne está relacionada con el mundo de las tablas, el teatro y su hipnótico mundo. Es la historia sobre la trágica muerte del actor, director de teatro, poeta y comunicador Marco Antonio Ettedgui.
Marco Antonio Ettedgui fue de los intelectuales más activos de su generación, estudiante de Comunicacion Social en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), destacó por ser vanguardista e impulsor del teatro como fenómeno comunicacional dirigido a la comunidad.
Ettedgui formó parte de la camada de actores que impulsaron una nueva visión del teatro venezolano, acercándolo a las masas. Su breve paso, de apenas siete años, por las tablas dejó sembrada una honda huella que incluye su participación en el Festival Internacional de Teatro de Caracas. Fue articulista de El Universal.
Así llegamos a septiembre de ese año. Específicamente a la noche del 2 de septiembre, cuando en la Sala Rajatabla del Ateneo de Caracas se presentaba en su función número 19 la obra Eclipse en la casa grande, escrita y dirigida por Javier Vidal, obra que mostraba el derrumbe de un matrimonio en la Caracas de finales del siglo XIX.
En el momento culminante de la obra los protagonistas se enfrentaban a un tenso desenlace, Marco Antonio Ettedgui y Julie Restifo viven su final en un diálogo que no culminaría con palabras.
Restifo dispararía con un mosquete de salva contra su marido, el arma estaba en el piso, la escena había sido practicada innumerables veces en los ensayos y además no era la primera presentación, en 18 oportunidades anteriores la habían hecho, así que Restifo, confiada, tomó el arma mientras Ettedgui le daba la espalda y comenzaba a recitar sus líneas. Cuando se volteó, le disparó.
En esta oportunidad, más allá del estallido de la pólvora, una vara metálica salió disparada y convertida en un proyectil atravesó al actor, quien gravemente herido alcanzó a dar un grito y cayó al suelo, no dijo las líneas que le correspondían y a pesar de su corta edad era un experimentado actor, así que todo el elenco supo que algo estaba mal… muy mal, Ettedgui recibió el impacto en el pecho, estaba muy mal, por lo que lo trasladaron a una clínica cercana donde lo estabilizaron, pero no lo podían ingresar, así que lo remitieron al Hospital Universitario de Caracas, donde falleció 11 días más tarde.
Errores en la utilería, fallas en la planificación del acto final terminaron en una tragedia, Restifo y el técnico de utilería fueron detenidos y puestos tras las rejas, luego serían liberados pero igual fueron enjuiciados.
El caso sirvió como material para la película Homicidio Culposo, que fue el éxito de taquilla de la década, y en su memoria se entrega el Premio de Teatro Marco Antonio Ettedgui otorgado por la fundación Rajatabla.

