Protagonizó dos de los hechos más sonados de los últimos años del siglo pasado
La violencia que ha marcado parte de la historia venezolana tiene cientos de protagonistas que a sangre y fuego dejaron su lugar en ese oscuro ranking de los más peligrosos.
Entre esas figuras se encuentra Hernán Gregorio López Ortuño, un delincuente de larga data que estuvo implicado en dos de los casos que marcaron la historia criminal venezolana: el asesinato del grandeliga Gustavo Polidor y la toma de rehenes en Terrazas del Ávila.
Quizá sea como Juanito Alimaña, la canción de Héctor Lavoe, y se trate de un sujeto que definió su destino por el camino sangriento. Así que durante años su mamá, Beatriz Ortuño de López, cargó con el peso de dar la cara por él.
Y como en toda vida criminal, las amistades marcarían su camino. Bandas, robos, drogas, alcohol y rumbas, más los favores ganados o forzados de algunas mujeres. A su paso iban quedando los muertos. Muchos de ellos, sin ninguna justicia, terminaron olvidados en el pavimento.
Así transcurrió la vida de alias «Hernancito», entre humo, perico, acecho y robos, entre tragos y balas. Hasta que llegó el día de su graduación: la mañana del 28 de abril de 1995, cuando junto a otros “graduandos”, identificados como Marco Tulio Quintero Flores, alias “Marquito” y Carlos Rubén Villanueva, llegaron a la quinta Marie Michell en Colinas de Santa Mónica, al suroeste de Caracas.
Allí supuestamente cometerían un secuestro, delito en el que se habían especializado. Villanueva quedó en la camioneta Wagoneer, mientras Hernancito y Marquito dominaban a una pareja que se preparaba para salir de compras. Eran el pelotero Gustavo Polidor, su esposa Eduviges Fuenmayor y su hijo. Querían llevarse al niño.
Pero no contaban con que el atleta ofreciera resistencia y le propinaron dos balazos mortales, uno en la cabeza y otro en el abdomen. Luego huyeron sin cumplir su objetivo.
La preeminencia de la víctima hizo que se desatara una cacería humana. Villanueva fue capturado y terminó delatando el paradero de sus compañeros. Hernancito y Marquito fueron detenidos, condenados a 25 años de prisión y remitidos al Retén de Catia, de donde Hernancito se escaparía a las pocas semanas.
Este oscuro sujeto volvería al ruedo. El 16 de abril de 1996, a casi un año del asesinato de Polidor, Hernancito, junto a Julio César Castro Zambrano, secuestraron a María Magdalena Monagas y a su hermana, Lorena Monagas, y protagonizaron la masacre de Terrazas del Ávila.
De nuevo un secuestro y de nuevo serían descubiertos, pero en esta oportunidad hubo negociación. Estaban rodeados y la mamá lo convenció para que se entregara, cosa que hizo. Horas más tarde, una acción desesperada de las autoridades desencadenó un tiroteo en el que murieron María Magdalena Monagas y el secuestrador Castro Zambrano.
Hernancito de nuevo tras las rejas. Con la llegada de la revolución se hizo parte del régimen. En la Penitenciaría General de Venezuela cumplió su condena y estudió. Se graduó en Ciencias Políticas y Gestión Ambiental. En la cárcel creó la fundación Semillero Socialista y en 2015 fue vocero de los presos durante las revueltas. Luego fue liberado.
Pero las malas mañas regresan. Es así como el 26 de julio de 2016 las autoridades policiales investigaban el secuestro de un comerciante de origen sirio, donde al parecer Hernancito estaba involucrado, y las comisiones del Cicpc llegaron hasta su casa. Hernancito abrió fuego contra los funcionarios y terminó muerto.
Esa fue la última noticia que generó un delincuente que grabó su nombre en la memoria criminal venezolana.

