Historias de la violencia: La traición de Mascareño

El asesinato de Antonio Pinto Salinas se debió a la traición de una persona supuestamente confiable

Hay lugares que tienen nombres y pocos se preguntan quiénes fueron esas personas que merecen tal honor. La historia es cruel cuando no sirve para recordar a aquellos que dieron su vida por un ideal. 

Esta es la historia de una traición que condujo al asesinato de un líder, de un dirigente quien, a pesar de los riesgos que enfrentaba, prefirió trabajar desde el corazón de la bestia para reinstaurar la democracia en tiempos en los que la sombra de la dictadura aplastaba las libertades.

Es la historia de Antonio Pinto Salinas, economista y poeta, y como los grandes políticos, comprometido con sus ideales y la causa democrática. También es la historia de un infiltrado que logró ganarse la confianza de dirigentes curtidos y quien además protagonizó una de las grandes traiciones de la historia contemporánea.

En su juventud, Antonio Pinto Salinas fue un avanzado estudiante becado para estudiar teología en Roma, pero cambió de carrera y a partir de 1939 formó parte de la juventud venezolana que luchó por la libertad y la democracia desde el Partido Democrático Nacional (PDN), que luego evolucionaría hacia Acción Democrática (AD) en 1941, y formó parte de los cuadros organizadores del partido.

En 1945 participó en el golpe que derrocó a Isaías Medina Angarita y formó parte del gobierno de Rómulo Gallegos. A la caída de este integró el primer comité clandestino de AD y comenzó también su leyenda.

En 1950 fue detenido por la Seguridad Nacional (SN) y expulsado del país, pero en mayo de 1951 estaba de vuelta en Falcón organizando y emprendiendo labor de difusión del mensaje democrático. Luego fue al centro del país y a Caracas.

Tras la muerte de Cástor Nieves Ríos y de Leonardo Ruiz Pineda a manos de la SN, Alberto Carnevali asumió la Secretaría General de AD. Pinto Salinas mantuvo estrechas relaciones con Wilfrido Omaña, quien fue asesinado también por la SN en febrero de 1953. A la muerte tras las rejas de Carnevali, producto de un cáncer sin tratar, Antonio Pinto Salinas asumió el cargo dentro del partido y se acentuó la persecución en su contra.

A medida que se estrechaba el cerco alrededor de Pinto Salinas, se diseñó un plan para sacarlo del país vía Trinidad. El 9 de junio de 1953 salió hacia su escape, pero Gustavo Mascareño, un infiltrado en el partido, dio el pitazo sobre el plan.

El 10 de junio de 1953 fue detenido en la alcabala de Pariaguán, estado Anzoátegui, por una comisión de la SN integrada por Isidro Marrero Méndez, Braulio Barreto, Rodolfo Montiel, Ángel Roberto Díaz y Luis Castillo Lozada. En El Tigre recibieron órdenes de ir a Caracas. 

En Valle de La Pascua, Pinto Salinas fue separado de sus dos acompañantes y a la 1:30 de la madrugada del 11 de junio, retoman el viaje. Llegando a San Juan de Los Morros se estacionaron por órdenes del agente Marrero Méndez. Fueron a unos arbustos y estando esposado con las manos en la espalda lo ametrallaron. Luego Barreto, por instrucciones de Pedro Estrada, le dio un tiro de gracia y él mismo se disparó en la pierna para simular un enfrentamiento. 

El economista, poeta, periodista y político tenía 38 años. La historia se comió al otro protagonista: el traidor Gustavo Mascareño se perdió en la memoria del venezolano, alguien a quien debemos recordar como el judas que fue.

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