La vida de Antonio Cermeño giró alrededor del boxeo, la violencia y las alianzas con el Gobierno
La vida de los boxeadores no es fácil. Parece un lugar común, pero la pobreza es la cuna de muchos de los grandes narices chatas y quizá esa fuerza y ese ímpetu que los caracteriza sea el resultado de un ambiente duro y salvaje.
Antonio Cermeño es uno de esos nombres difíciles de olvidar. Campeón de los pesos supergallo y pluma de la Asociación Mundial de Boxeo, su carrera profesional duró 16 años, de septiembre de 1990 a septiembre de 2006, en los que participó en 52 combates, logrando un récord de 41 victorias, 35 de ellas por knockout.
Durante varios años, “El Coloso”, como era conocido, fue dirigido por el polémico promotor Don King, quien hoy en día es conocido, no solo por las grandes peleas que organizó sino también por los escándalos que protagonizó, acusado de apropiarse de la fortuna de muchos de sus pupilos, y por sus vínculos con las “familias criminales” norteamericanas.
Tras su derrota contra Santos Benavides, en el Gimnasio Alexis Argüello, Managua, Nicaragua, el 2 de septiembre de 2006, Cermeño se bajó de los cuadriláteros, pero ya tenía fuertes vínculos con el Gobierno.
En 2003 creó, con el respaldo de la Oficina Nacional Antidrogas (ONA), la fundación “Kantarón Cermeño, un knockout a las drogas”. Su vínculo con el gobierno se extendió al Movimiento por la Paz, iniciativa oficial en la lucha contra la inseguridad en la que participaba en programas para el desarme de bandas y promoción del deporte como herramienta en la prevención del delito.
Pero no todo era tan bonito. Tras su retiro, “El Coloso” comenzó a tambalearse, fue detenido en tres oportunidades por lesiones personales, violencia física y homicidio intencional. Su historial se remonta a 1996 cuando hirió a un hombre en una pierna, presuntamente al escapársele un disparo.
En el año 2000 estuvo involucrado en varios tiroteos ocurridos en discotecas, uno de estos enfrentamientos culminó con un asesinato. Cermeño fue arrestado por su presunta participación, pero salió en libertad por un beneficio otorgado por el Circuito Judicial Penal del estado Miranda.
En junio de 2003 fue detenido por una presunta estafa que habría cometido en la venta de $15.000. Una mujer le habría entregado 34 mil bolívares en efectivo a cambio, pero nunca recibió lo ofrecido.
Meses más tarde, Cermeño fue interrogado por sospecha de haber participado en el secuestro de un comerciante. La víctima huyó y no presentó la denuncia. Cermeño no fue acusado de ningún cargo.
“El Coloso” desaparecería de las noticias hasta el 25 de febrero de 2014, cuando realizaba unas compras en Makro de La Urbina y, junto a las personas que lo acompañaban, fue interceptado por unos delincuentes quienes se los llevaron a todos vía Guarenas.
Los secuestradores se detuvieron a cargar combustible y los acompañantes de Cermeño aprovecharon para huir, pero los delincuentes lograron retener al pugilista.
Al día siguiente su cadáver fue localizado en la vía Caucagua-Higuerote con varios impactos de bala.
Tras su muerte, las autoridades anunciaron, como ocurre en todos los casos en los que un miembro o aliado del Gobierno es la víctima, que el caso estaba vinculado con su militancia política y se dijo que sicarios fueron contratados para asesinarlo.
Finalmente un hombre fue detenido por el caso. Javier Enrique Urbina Burguillos, de 26 años, fue acusado del asesinato e imputado por los delitos de homicidio calificado en la ejecución de un robo y privación ilegítima de libertad. Fue recluido en la cárcel de El Rodeo y así se desarmó la tesis del asesinato por razones políticas.

