Historias de la Violencia: Petróleo Crúo

Hace poco menos de cien años Cruz Cresencio Mejías era conocido como «Petróleo Crúo» cuando comenzó su carrera delictiva

El delito es como un espiral hipnótico que atrae la atención de la sociedad. Hoy el delincuente más buscado es Carlos Luis Revete, alias «Koki», ayer era «El Picure», pero a finales de los años 1920 el delincuente más buscado era un especialista en fugas, un hombre que se hizo tan famoso que invitó al Presidente de la República para su boda y a quien ese mismo Presidente le bautizó a su hija.

El origen de este hombre es borroso, unos dicen que nació en La Guaira, otros que fue en Guiria en 1910 y algunos más en Carúpano.

De la niñez de Cruz Cresencio Mejías se sabe muy poco, cuando tenía 14 años se embarcó en el buque Red Line y recorrió mundo, aprendió inglés en Trinidad y viajó a Nueva York, donde se hizo boxeador.

En 1926 regresó al país, trabajaba en el puerto de La Guaira, también robaba a pasajeros y comerciantes. Algunos romantizan su historia, lo califican de Robin Hood criollo, pero eso no está confirmado.

En el año 28, el negro Mejías se mudó al barrio más pobre de la capital, El Silencio. Se dedicaría a robar en la Caracas de los Techos Rojos.

En 1936 “La Sagrada”, la policía gomecista, lo atrapó robando y lo mandaron a echar pico y pala en una carretera que se construía en las cercanías de Araira, en Barlovento, porque la consigna era que “cárcel no es hotel”.

En esa época otro reo, alias “Manos de Seda”, le impuso el apodo, le dijo a Mejía que si quería escapar que lo hiciera de noche porque tan negro de noche nadie lo vería, que era como el petróleo crudo y si no hacía ruido podía pasar al lado a los guardias sin ser visto, y así lo hizo.

Lo atraparon nuevamente y lo enviaron a la Rotunda, donde pasó una temporada, a la muerte de Gómez fue liberado.

En 1936 lo detuvieron en un asalto a una joyería y lo mandaron a la Isla del Burro, de donde se escapó fingiendo estar enfermo de cólera, nadó durante 22 horas y como no lo encontraron, pensaron que se había ahogado.

Pero sus andanzas lo llevarían pocos meses más tarde de vuelta a la isla donde, ante sus constantes fugas, encomendaron a la empresa norteamericana Cury & Co construir una jaula gigante que costó 20 mil bolívares, allí lo encerraron para evitar nuevos escapes.

Así pasó cinco meses, salía una vez al día a llevar sol y hacer sus necesidades y luego regresaba a la jaula, fue en ese tiempo cuando se aficionó por la lectura y comenzó a escribir.

En la cárcel conoció al capellán Antonio Leyh, con quien compartió la lectura y conversaciones. El sacerdote, convencido de la redención de Mejías, hizo el lobby con el presidente Medina para que lo indultara, cosa que el presidente hizo, además le dio una casa en Catia y empleo.

Alejado de la vida criminal Cruz se casó e invitó al Presidente a su boda, Medina Angarita no pudo asistir, pero él sería el padrino de Omaira, la hija de «Petróleo Crúo».

Se pensaba que estaba alejado del crimen, trabajaba en Ingeniería Municipal, ganaba ocho bolívares diarios, pero el pasado tiene esa mala costumbre de regresar a cobrar y fue acusado de robo, se dice que fue un montaje de la policía en venganza. Fue condenado a pagar ocho años en la Cárcel Modelo de Caracas.

El primero de octubre de 1945 Mejías sostuvo un altercado con un policía identificado como Rafael Cadenas Lobo, quien le disparó tres veces. Allí moriría «Petróleo Crúo», nacía su leyenda.

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