La migración: El violento camino detrás de la esperanza

Además de una apuesta al futuro, es un camino plagado de riesgos y de oportunistas

Las migraciones han marcado a la humanidad. La historia del hombre es la historia del perpetuo movimiento de masas que persiguen el sueño de paz, estabilidad, comida y trabajo.

América Latina no es la excepción, se pobló como consecuencia de esas oleadas y, a inicios del siglo XXI, el continente viviría un proceso migratorio como nunca antes. Un fenómeno que se inició debido a razones políticas y a cuentagotas, pero que de pronto se convirtió en un dique roto cuando millones de venezolanos huyeron producto de una terrible crisis humanitaria.

En la medida en que la migración se hizo masiva sus consecuencias se hicieron evidentes, entre ellas la xenofobia, la violencia y las muertes. Los migrantes comenzaron a engrosar las cifras de la violencia en los países de acogida.

Muchos más fueron explotados y traficados, otros asociados con la delincuencia común terminaron presos o muertos. El sueño dorado del éxito era una enorme pared que debían escalar y de ella cientos caían.

La visa: un negocio de coyotes
En los llamados países hermanos, las autoridades, al ver el impacto del fenómeno en sus fronteras, intentaron establecer límites y fueron adoptando medidas para impedir el ingreso de los ilegales, desde redadas y deportaciones hasta establecer la visa como mecanismo de control.

Así, de pronto, el país que llegó a tener uno de los pasaportes más fuertes del mundo vio cómo 98 naciones –de ellas 13 de las Américas y ocho del Caribe– le cerraban sus fronteras.

Tan solo el año 2021 se reportó la muerte o la desaparición de 51 personas en El Darién, cifra que puede ser mucho mayor”

Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur)

Pero la visa, en vez de impedir el ingreso, lo que hizo fue desviar el flujo, y de las aduanas y fronteras controladas se pasó a los caminos peligrosos. Así la migración venezolana pasó de las agencias de viajes a ser el negocio de los coyotes, tratantes de personas que vieron como la oleada de migrantes multiplicaba sus ganancias.

Los migrantes ya no viajaban en avión o en bus, lo hacían por vías más escabrosas, cruzando fronteras por desiertos, selvas y mares embravecidos. Lugares inhóspitos son la nueva ruta.

El recorrido está lleno de peligros y decenas mueren por lo duro de la marcha, pero otros caen a manos de asaltantes, violadores y asesinos. Ahora migrar no solo es caro y difícil, además puede ser mortal.

Canales inseguros
Especialistas en materia de migraciones, como Carolina Jiménez, directora de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), han señalado que imponer barreras legales con la intención de limitar el tránsito de migrantes no impedirá que ellos sigan adelante, solo hará que utilicen rutas más peligrosas e inseguras

Jiménez, en declaraciones al portal Espalante.com señaló: “Van a buscar la manera de llegar, pese a los peligros a los que se exponen. Eso se nota cuando vemos las imágenes de venezolanos, haitianos y cubanos atravesando el Darién, ellos están dispuestos a todo. Una familia venezolana que no tiene para comer, que vive en la pobreza, no se va a detener por una visa”.

Apostó por la creación de un sistema regional de protección a los migrantes que permita establecer vías legales de movilización ordenada y garantizar su seguridad.

“Los gobiernos deben tomar conciencia de que muchos son personas trabajadoras, emprendedoras, que en vez de generar problemas pueden aportar al desarrollo económico de las regiones”.

Las visas y las limitaciones legales abren el espacio a negocios millonarios que son manejados por delincuentes quienes explotan al migrante y corrompen a militares y policías. Por lo general se trata de negocios controlados por los carteles de la droga.

Un monstruo en el Darién
La Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) reportaron el incremento de los migrantes que recorren el Tapón del Darién, en la frontera entre Colombia y Panamá.

En los dos primeros meses de este año, al menos 2.500 venezolanos lo cruzaron, casi el total de lo registrado en 2021, cuando se contabilizaron 2.819 migrantes nacionales; según estadísticas de las autoridades panameñas, al menos 50% de los que cruzan son venezolanos

El total de personas que lo han cruzado en 2022 casi se triplicó en comparación con el año pasado: se pasó de 2.928 personas en enero y febrero de 2021 a 8.456 en 2022, cifra que incluye a 1.367 menores.

Pero primero debemos explicar que el Tapón del Darién es una de las fronteras más peligrosas del mundo, es un territorio de más de 575 mil hectáreas de espesa jungla, ríos, montañas escarpadas y pantanales. Sin vías formales, plagada de peligros naturales, donde bandas de asaltantes, guerrilleros, tratantes de personas o narcotraficantes hacen de las suyas ante la total ausencia de autoridades.

Las visas para limitar el tránsito de migrantes no impedirán que sigan adelante, solo harán que utilicen rutas más peligrosas e inseguras”

Carolina Jiménez
Directora de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA)

Según Acnur, en 2021 se registró una cifra récord de personas que atravesaron la densa jungla: 133.000. La mayoría proveniente de Haití, Cuba y Venezuela, aunque también se encontraron de países tan distantes como Angola, Bangladesh, Ghana, Uzbekistán y Senegal.

Tan solo el año 2021 se reportó la muerte o la desaparición de 51 personas, cifra que es un estimado y que según Acnur “puede ser mucho mayor”.

Más de seis mil desaparecidos desde 2014
Según el balance del Proyecto Migrantes Desaparecidos de la OIM, al menos 6.238 migrantes desaparecieron en las Américas desde 2014.

La frontera más peligrosa es la ubicada entre México y Estados Unidos, donde en los últimos ocho años han muerto al menos 3.761 migrantes.

Hacia el sur también abundan los riesgos. Las fronteras entre Venezuela y Colombia, Colombia y Ecuador y Ecuador y Perú son porosas debido a las miles de trochas o caminos controlados por guerrilleros, delincuentes y paramilitares, y donde también es necesario pagar para cruzar con relativa seguridad; mientras que en la frontera entre Perú y Chile las condiciones climáticas son tan adversas que decenas de migrantes han fallecido en el intento de traspasar la línea imaginaria.

Otras fronteras peligrosas son las marinas. Decenas de venezolanos han desaparecido y muerto, o han sido asesinados por las autoridades, como es el caso del niño Yaelvis Santoyo Sarabia, de apenas un año de edad, quien murió de un balazo disparado por efectivos de la guardia costera trinitaria cuando intentaba llegar a Trinidad junto a su madre.

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