Un cortocircuito provocó un incendio en una torre de oficinas que cobró la vida de 15 personas
A mediados de los años 80 Caracas vivía su sueño cosmopolita. Era una de las capitales más importantes del continente, cientos de vuelos partían o llegaban de todo el mundo al aeropuerto de Maiquetía y en la capital casi todos los países tenían embajadas y consulados, muchas de estas ubicadas en el eje Chacao, Las Mercedes y Altamira, al este de la ciudad.
En 1986, una tragedia dejó al descubierto, nuevamente, que en Venezuela no estamos preparados para atender grandes contingencias, cosa que ha ocurrido repetidas veces.
El lunes 3 de marzo de ese año nada indicaba que la muerte aguardaba escondida. La semana se iniciaba con una rutinaria normalidad. Caracas se sacudía la pereza del fin de semana y retomaba su tradicional corneteo. Mientras, en plena avenida Francisco de Miranda se cocinaba una tragedia en la torre Cémica.
El sistema eléctrico provocó un cortocircuito. El chisporroteo ocurrido en la planta baja de la torre de oficinas hizo arder los cables y los tableros de madera no fueron más que alimento para el fuego que se extendió, sin ser percibido, a través del sistema de aire acondicionado. La falta de alertas y de prevención de incendios terminaron por sumar condimentos para el siniestro.
El fuego se apoderó rápidamente de los primeros pisos y, a medida que ascendía, iba cerrando las vías de escape, 200 personas lograron salir, pero un importante grupo quedó atrapado en los pisos más altos. A 14 pisos de altura estaba la Embajada de Chile con todo su personal.
Lo que había sido un bullicioso edificio, se había convertido en la garganta de Hades. Devoraba y hacía arder todo lo que tocaba. Adentro decenas de personas trataban de escapar de la muerte. Pero a medida que avanzaba el fuego, poco a poco quedaban más arrinconadas. Algunos saltaron al vacío ante el miedo. Otros subieron hasta la azotea
Desde las ventanas quienes estaban atrapados pedían auxilio, entre ellos el embajador chileno, Carlos de Costa-Nora, quien pudo ser visto solicitando ser rescatado y fue uno de los fallecidos.
Abajo la gente intentaba buscar ideas para rescatar a los atrapados. Desde buscar colchones para los que saltaban hasta iniciar operaciones de salvamento utilizando helicópteros.
Uno de estos aparatos, de la antigua Policía Técnica Judicial (PTJ), intentó de manera particular rescatar a las personas que estaban en el techo, pero golpeó las antenas allí ubicadas, lo que ocasionó daños en la nave e impidieron la arriesgada iniciativa.
Más tarde se intentaría nuevamente un rescate aéreo, esta vez dos helicópteros con funcionarios de la Policía Metropolitana (PM) lograron despejar el techo del edificio y rescatar a unas 20 personas.
Al finalizar la tarde el fuego había sido controlado, muchas personas fueron rescatadas, las acciones heroicas de los policías de la PTJ y la PM lograron salvar a decenas, pero entre la humeante estructura, fueron localizados 15 cadáveres, muchos carbonizados, otros asfixiados, incluidos los que habían saltado al vacío.
Pronto se anunciarían medidas, se haría obligatoria la instalación de sistemas antiincendios en los edificios de oficinas, así como otras normas. Lamentablemente las tragedias tienen muchas formas para tomar desapercibida a la ciudadanía y sorpresivamente golpearían nuevamente.

