Historias de la violencia: Asesinato en Kenia

Una historia de crimen se vivió en la embajada venezolana en Kenia

Las relaciones diplomáticas son un mundo aparte al que muy pocos tienen acceso, las embajadas son lugares casi inaccesibles, rodeados de historias de fiestas, reuniones con presidentes, espionaje y, en algunas oportunidades, de violencia.

Nuestra historia nos lleva al antiguo continente, a la cuna de la humanidad, África y particularmente a Kenia, donde hace poco más de 10 años ocurrió un caso que prácticamente pasó desapercibido, quizá porque sacudió las entrañas de la diplomacia venezolana.

Era a mediados del año 2012 cuando en la embajada venezolana se levantaba una polvareda, el escándalo nacía tras las denuncias formuladas arte las autoridades kenianas sobre presunto abuso sexual que habría sido cometido por un alto funcionario venezolano contra el personal de la sede diplomática.

La denuncia hizo que la Cancillería volteara la vista hacia ese país y decidiera hacer que el embajador Gerardo Carrillo Silva regresara a Caracas mientras se investigaba qué estaba ocurriendo, Carrillo Silva denunció que era víctima de una emboscada, que las denuncias eran infundadas.

Mientras en Kenia la delegación quedaba sin cabeza, el primer secretario de la embajada, Dwight Sagaray, asumió sus funciones, comenzó a manejar recursos y se mudó a la residencia del embajador, todo esto al parecer sin autorización de Caracas.

Mientras tanto, la Cancillería, designó a Olga Fonseca, embajadora concurrente en Uganda, Tanzania y Ruanda, como embajadora en Kenia, para que sustituyera a Carrillo Silva, lo que al parecer no fue bien recibido por Sagaray, quien además de haberse mudado a la residencia del embajador, manejaba las cuentas de la representación diplomática.

A su llegada al parecer comenzaron los enfrentamientos con Sagaray y ella decidió quedarse unos días en un hotel, mientras el secretario se mudaba. Además solicitó la renuncia del personal de la embajada, personal que no era de su confianza. También pidió que retiraran la denuncia que habían formulado contra Carrillo Silva.

El 26 de julio de 2012, la residencia oficial del embajador se vistió de gala, se realizó una fiesta en su residencia oficial en Nairobi, Fonseca fue a la reunión y se quedó en la embajada, pero sería la última vez que la veían con vida. Al día siguiente, el 27 de julio, su cadáver fue localizado en su cama, había sido estrangulada.

Tras el asesinato, las autoridades keniatas detuvieron a ocho personas, entre ellas Dwight Sagaray, quien fue liberado poco después debido a su inmunidad diplomática. Paralelamente desde Caracas se envió a dos funcionarios con el objetivo de agilizar las investigaciones y esclarecer los hechos.

Tras la llegada de los funcionarios, a Sagaray se le removió la inmunidad y fue puesto a las órdenes de las autoridades, las evidencias apuntaban en su contra, se ordenó el retorno de todo el personal de la embajada para sustituirlo.

Más de diez años pasó Sagaray en Kenia preso, la semana pasada el venezolano y tres ciudadanos de Kenia, Ahmed Mutivane Omido, Alex Sifuma Wanyonyi y Moses Kiprotich Walya fueron hallados culpables del asesinato de la embajadora, el móvil fue económico.

Sagaray habría utilizado dinero de la embajada a su favor, además hubo denuncias sobre tráfico de drogas utilizando la valija diplomática, sin embargo estas últimas denuncias fueron descartadas por el para ese entonces ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Tareck El Aissami, quien rechazó la relación entre el asesinato de Fonseca y el narcotráfico.

Llama a la atención que Dwight Sagaray, no solo fue separado del cargo tras el crimen, sino que además el caso quedó en manos de las autoridades de Kenia, donde tiene 10 años preso. No se sabe si se hizo un esfuerzo por enjuiciarlo en Venezuela, tomando en cuenta que tanto él como la víctima eran venezolanos.

Se espera que en los próximos días se dicte sentencia a los asesinos de la embajadora venezolana.

La embajadora venezolana Olga Fonseca fue asesinada hace más de 10 años en Kenia (Foto cortesía)

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