Sombras del mal: El asesino del acueducto sumaría 60 víctimas

En la Lisboa del siglo XIX emboscaba a sus víctimas, a las que lanzaba al fondo del acueducto 

A medida que hacemos este viaje para conocer a los asesinos seriales, vemos que en casi todos los países, y en todas las épocas, han existido estos seres que sembraron dolor y muerte a lo largo de sus vidas, y que son recordados por los terribles crímenes que cometieron.

Esta historia nos lleva hasta la Lisboa del siglo XIX, en los años posteriores a las revoluciones independentistas en las Américas. En esa época Portugal conoció a uno de sus asesinos más infames: Diogo Alves, un hombre nacido en 1810 en Galicia, de padre portugués y madre española, y quien entre 1836 y 1841 habría asesinado a unas 60 personas.

Durante su infancia fue conocido bajo el apodo de “Pancada”, o “Golpe”, debido a que cuando era niño se cayó mientras montaba un caballo, golpeándose fuertemente la cabeza, lo que provocó un cambio notable en su conducta. 

De niño fue enviado por su familia a Lisboa para trabajar. Allí comenzó vendiendo agua como “aguatero” y también se desempeñó como mozo de caballería y cochero para familias influyentes, como la de los marqueses Penalva y Castelo Melhor. En esos años fue calificado de ser “un trabajador honesto y fiable”.

Pero el joven “Pancada” cambió de trabajo y dejó de escribirle a sus padres. Su debilidad por la bebida le tendió una trampa y también comenzó a apostar; frecuentaba una posada donde conoció a María “Parreirinha” Gertrudes. Allí empezaron sus andanzas.

Comenzó a robar a familias adineradas y escapaba sin mayores problemas, pero los crímenes que lo harían famoso apenas se iniciaban.

“Pancada” empezó a emboscar a las personas que ingresaban a Lisboa por el Acueducto y,  tras robarlas, las lanzaba al fondo del precipicio que medía unos 60 metros de altura. La mayoría de las víctimas eran de escasos recursos y las muertes no llamaron mucho la atención, hasta que comenzaron a acumularse.

Aunque eran comunes en esos años los suicidios desde el Acueducto de las Aguas Abiertas, de pronto el aumento del número de muertes despertó la curiosidad de las autoridades, quienes decidieron cerrar el paso por la zona.

Esta situación hizo que Diogo Alves ideara otro plan y volvió a sus orígenes: El robo de familias adineradas. Sin embargo, esa decisión sería el inicio del fin. Durante un asalto  asesinó a un destacado médico de Lisboa, sus hijos y su ama de llaves. 

El crimen llamó la atención de la alta sociedad y la policía finalmente detuvo al gallego, quien fue sometido a juicio por ese crimen y condenado a muerte. Nunca fue juzgado por los asesinatos del acueducto, de los que también se le acusó. María “Parreirinha” Gertrudes fue condenada al exilio en las colonias africanas.

Un dato curioso es que luego de ser ahorcado, la cabeza de Diogo Alves fue cortada para ser estudiada por los científicos de la época. Hoy su cabeza reposa, con la mirada perdida, en una botella de formol expuesta al público en una vitrina de la Facultad de Medicina de la Universidad de Lisboa.

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Grabado de la época de Diogo Alves durante el juicio

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