Sombras del mal: Policía, forense… y asesino en serie

Esta semana conoceremos a uno de los asesinos en serie más terribles de la Rusia soviética

Al ver series de TV, algunas parecen inventos trasnochados de los guionistas, pero muchas se basan en la realidad. Ejemplo de esto es la serie Dexter: Un forense asesino en serie que se valía de sus conocimientos para cubrir sus crímenes. Ese asesino existió.

Esta es la historia de Serhiy Fedorovich Tkach -conocido como “El maníaco de Pologovsky”-, condenado por 37 asesinatos, aunque se presume que mató a más de 100 niñas, adolescentes y mujeres jóvenes.

Nuestro protagonista nació el 21 de septiembre de 1952 en el seno de una familia trabajadora residenciada en la región de Kiselyov, en la entonces Unión Soviética, hoy Rusia. Era un niño delgado y pequeño, y acosado por eso. Pero practicó halterofilia y llegó a ser campeón regional. 

Tuvo una novia pero no pudo consumar ninguna relación física debido a la férrea tradición de ella, se cree que de allí nació su odio a las jóvenes. Sus relaciones familiares no funcionaron, tuvo tres matrimonios y problemas de ira y alcoholismo.

Prestó servicio militar en el Ejército Rojo e ingresó a la Policía de Kemerovo, donde se formó como investigador forense y experto en exhumación de cadáveres. Pero en 1979 fue despedido al descubrirse que había falsificado pruebas en un caso de asesinato. En 1980 se mudó a Ucrania, donde desataría su ira asesina por 23 años.

Entre 1982 y 2005 trabajó en minas de carbón, plantas industriales y granjas en toda Ucrania. A su paso dejó un rastro de femicidios pero se mantenía alejado de las autoridades gracias a su experiencia forense.

Tkach atacaba, asesinaba y abusaba sexualmente de sus víctimas en zonas boscosas cerca de estaciones y vías férreas. Dejaba pocas evidencias: se llevaba colillas de cigarrillos y botellas de vodka, limpiaba a sus víctimas de rastros genéticos y físicos, no dejaba huellas dactilares, ni marcas, y siempre las despojaba de un objeto. Se retiraba caminando por las vías del tren donde todo rastro se borraba por los olores de combustible, alquitrán, metales y tierra arrastrada por los vagones.

“El maníaco de Pologovsky” modificaba su aspecto físico para no ser reconocido, se pintaba, rapaba o dejaba crecer el cabello, barba y bigotes. Siete hombres fueron detenidos, enjuiciados y condenados por sus crímenes durante más de 20 años.

Pero dos errores condujeron a su captura: Una de sus víctimas sobrevivió al ataque y dio suficiente información a la policía para crear un retrato hablado.

El segundo fue que asesinó a una niña de nueve años, hija de un conocido, y fue al funeral. Allí unos niños lo identificaron como quien estaba con la víctima el día del crimen. 

A las pocas horas la policía llegó a su casa y lo detuvo. “Hace tiempo esperaba esto”, dijo, y agregó que merecía la pena de muerte, pero esta había sido derogada años antes.

En 2008 fue condenado a cadena perpetua por 37 asesinatos, aunque confesó haber matado y violado, en ese orden, a unas 100 mujeres. 

En 2015 conoció a Elena Burkina, una joven de 23 años con quien vivió un romance carcelario. Se casaron y tuvieron una hija. La nueva familia, integrada por él y su flamante esposa, deseaban que lo dejaran salir, pero el 4 de noviembre de 2018 murió de un infarto y fue sepultado en una tumba sin nombre.

Su esposa hoy carga con el peso de ser reconocida y rechazada por ser la esposa de la “Bestia de Pologovsky”.

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