Un hombre construyó un hotel que sería la verdadera casa de los horrores a fines del siglo XIX
Hoy conoceremos a un asesino que ha inspirado películas e incluso las comiquitas que vimos de niños. Para conocer a este hombre nos remontaremos a Estados Unidos, a finales del siglo XIX. Allí encontraremos a Herman Webster Mudgett, conocido como Henry Howard Holmes, o Dr. Holmes.
Holmes nació el 16 de mayo de 1861 en Nueva Hampshire, en plena revolución industrial, en el seno de una familia disfuncional integrada por un abusivo padre alcohólico, una madre profundamente religiosa y seis hermanos.
Fue un niño inteligente, poco sociable y desde su juventud presentó interés por las mujeres maduras.
Debido a su atractivo y elegancia en el vestir, se convirtió en un casanova. Para cubrir sus estudios de medicina se casó con la joven adinerada Clara Lovering. Culminada la universidad la abandonó y se fue a Nueva York a vivir con una viuda millonaria.
Luego se estableció en Chicago, donde continuó estafando a mujeres vulnerables. Así levantó una fortuna que daría paso al infame “Castillo de Holmes”.
A inicios de 1890 construyó el hotel Holmes, conocido como el Castillo. Contrató a compañías a las que despedía bajo las más disímiles razones, con el objeto de ocultar lo que había detrás de sus paredes. Por fuera era una estructura modernista, con un acogedor y agradable diseño interior concebido totalmente por él. Pero escondía una verdadera casa de los horrores.
El lujoso hotel abrió sus puertas en 1892. Las habitaciones tenían trampas y puertas corredizas que daban a pasillos secretos desde donde observaba a sus víctimas, tenía grifería conectada al gas para ahogar a sus inquilinos mientras dormían y todo el hotel estaba insonorizado
Tenía dos toboganes y un montacargas para trasladar a sus víctimas al sótano, donde eran disueltas en ácido, incineradas o sepultadas en cal. En un calabozo torturaba y asesinaba a las sobrevivientes, con muchas de las cuales hizo crueles experimentos.
Tuvo su mayor apogeo durante la Exposición Mundial de Chicago (1893). En esos meses la fábrica de matar del Dr. Holmes no se detuvo. Escogía a sus clientas con precaución: Jóvenes, guapas, solas, domiciliadas lejos de Chicago.
Con el cierre de la feria, Holmes perdió sus ingresos e incendió un piso del hotel para cobrar el seguro. Para investigar el siniestro, la aseguradora contrató a la agencia de detectives Pinkerton. Allí comenzaría su caída.
Holmes huyó a Texas pero fue detenido y liberado bajo fianza. Ideó una estafa para recaudar fondos y huir al exterior, pero asesinó a todos sus secuaces. Finalmente, el detective Frank Geyer, de la agencia Pinkerton, lo capturó.
Tras su detención, la policía de Chicago allanó el “Castillo” y descubrió los horrores. Ante las pruebas, Holmes confesó el asesinato de 27 personas, en su mayoría mujeres. Estudiosos creen que pudo haber matado a 200 durante el frenesí de la Feria Mundial.
Holmes fue condenado a muerte y ahorcado el 7 de mayo de 1896. Tenía 34 años de edad.

