Las desapariciones: Las heridas que nunca sanan

Cientos de venezolanos han desaparecido sin dejar rastro en su ruta migratoria. Se esfumaron, dejando a sus familiares hundidos en la eterna duda de no saber qué pasó con ellos.

Estamos acostumbrados a escuchar sobre guerras, catástrofes naturales, olas de violencia, golpes de estado, la guerrilla y el narcotráfico, estamos acostumbrados a escuchar sobre las víctimas, las cifras de muertos y a veces entre ellas se cuelan las de desaparecidos.

Muchas historias periodísticas se tejen desde la perspectiva de lo cuantificable, desde el ángulo de quien sabe lo perdido, que puede visitar una tumba y llorar esa pérdida. Desde la imagen del cementerio.

Poco hablamos de las desapariciones. Del afectado que pasa sus días atormentado por la incógnita de desconocer qué pasó con sus hijos, hermanos, padres y esposos que se esfumaron. No hay cadáver que enterrar, certificado de defunción, ingresos a hospitales, no hay registros en policías, ni señas. Son miles de personas que no dejaron nada atrás, ni huellas. Historias con puntos suspensivos.

Migrantes desaparecidos, el drama ignorado

La desaparición forzosa ha existido a lo largo de la historia humana. Es una forma de ocultar asesinatos. Son esas fosas comunes que, con decenas o cientos de cadáveres, de vez en cuando son localizadas.

Estados, guerrillas, paramilitares y grupos criminales utilizan la desaparición como una herramienta para conservar el poder.

Pero con las crisis surgen las migraciones y en ellas cientos, quizá miles de personas, desaparecen. Son las historias de afganos, iraníes, sirios, somalíes, marroquíes, sudaneses, libios y venezolanos que cruzaron continentes y sumaron números a los miles de desaparecidos que no dejaron huellas.

La esperanza es lo que nos mantiene vivas en esta pesadilla inhumana, es como si me mataran lentamente, la esperanza es la que me hace seguir viva”

Lisbeth Zurita,
Fundadora del grupo Esperanza de Madre Desaparecido

Según el Missing Migrants Project de la Organización Internacional de Migraciones, entre 2014 y 2022 en el Mediterráneo desaparecieron o murieron 28.074 personas, África vio morir a 13.217 migrantes, en las Américas fueron 8.201 personas y en Asia 8.094.
Ocultar el drama de la migración venezolana y sus terribles consecuencias es absurdo. Al ignorarlo, se dejó a miles de familias en un sufrimiento sin respuestas y, lo que es peor aún, sin apoyos. Utilizarlo como herramienta política es hipócrita.

Las etapas del dolor

“Uno de los problemas con la desaparición de personas es que sus familiares quedan atrapados en un ciclo de duelo del que difícilmente pueden salir”, explica la psicóloga Evelyn Carreño.

“El duelo es un proceso natural. Nacemos predestinados a morir. Sabemos que nosotros y quienes nos rodean iremos partiendo, aprendemos a aceptar la relación vida-muerte”, asegura.

“El duelo es un proceso de sanación psicológica que tenemos luego de sufrir grandes pérdidas. Tiene cinco etapas: La primera es la negación. La persona está en shock, se niega a aceptar lo que sucede; en la segunda etapa, o de la ira, sentirá resistencia, rabia, emociones encontradas, miedo, tristeza por la pérdida. En la tercera etapa la persona busca una solución o alivio a su sufrimiento, intenta recuperar lo perdido.

La cuarta etapa es dolorosa y depresiva. La persona se encierra, se da cuenta de lo inevitable e irreversible, pierde interés en actividades que antes disfrutaba, es una etapa de dolor consciente que abre camino a la quinta etapa, la de aceptación, donde finalmente reconoce la realidad y comienza su recuperación emocional.

La herida abierta

La psicóloga Gisela Galeno agrega que “cada quien vive el duelo a su manera, dependiendo de su afinidad con el desaparecido. Pero es muy común que quienes tienen familiares desaparecidos, no alcancen la cuarta etapa del duelo. Quedan con una herida abierta, sangrante y dolorosa”.

“Viven con la duda de si su familiar está vivo y en qué condiciones está, si sufre, si tiene miedo, hambre o frío, interrogantes sin respuestas. Para ellos navidad, año nuevo, cumpleaños, días del padre o la madre son un tormento. Esto genera depresiones orgánicas, alteraciones alimentarias, del sueño, crisis de pánico, mal humor; trastornos que al no ser tratados degeneran en enfermedades mentales” agrega.

Es común que quienes tienen familiares desaparecidos, no puedan cerrar el duelo. Quedan con una herida permanentemente abierta, sangrante y dolorosa”

Gisela Galeno
Psicóloga venezolana

La especialista recomienda combatir los efectos del duelo no cerrado: “Deben hablar de lo que sienten. Nuestra cultura reprime las emociones… Calmarse a la fuerza es contraproducente. El familiar del desaparecido tiene derecho a sentirse mal ante lo que vive y debe expresarlo”.

“Lidiar con la culpa y el miedo son respuestas normales y es necesario ayudar al afectado a aligerar la carga emocional que sufre y prevenir que su duelo se convierta en patológico”, concluye.

Esperanza de madre

Las historias de desaparecidos son como la de Lisbeth Zurita, que lleva dos años buscando a su hijo Enisael Job Contreras Zurita, quien regresaba luego de migrar a Colombia y… luego se esfumó.

Lisbeth viajó a Colombia, pero no encontró rastros. Estuvo un mes buscando hasta bajo las piedras y nada. “Regresé frustrada con las manos vacías, llegué preguntándome ¿qué puedo hacer?, ¿dónde y ante quién debo recurrir?”, preguntas que se estrellaron contra un muro de silencio.

La única opción fue buscarlo a través de las redes sociales. Creó el grupo de Facebook, Esperanza de Madre Desaparecido. Nombre que significa mucho para ella. “Me levanto todos los días con la esperanza de saber de mi hijo perdido, la esperanza es lo que nos mantiene vivas en esta pesadilla inhumana, es como si me mataran lentamente, la esperanza es la que me hace seguir viva”.

Lisbeth se hizo activista con una lucha por delante: “Me di cuenta de que muchas mamás venezolanas están en la misma situación que yo”.

Hoy unas 40 madres están a su lado, Lisbeth sabe que son muchas más, por eso continúa sumando esfuerzos para reunir a las madres con sus hijos desaparecidos.

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