Un médico es considerado el asesino en serie más prolífico de la historia
Los médicos son esos profesionales que juran atender y tratar a sus pacientes. Salvan vidas, dan esperanzas, investigan las enfermedades que nos aquejan. Los médicos son considerados por muchos como santos que caminan sobre la tierra.
Pero algunos galenos, en lugar de salvar vidas, se dedican a apagarlas. Esta es la historia de un médico que encabeza el listado de asesinos en serie más prolíficos del Reino Unido: Harold Shipman, el “Doctor Muerte”.
Shipman nació el 14 de enero de 1946 en el seno de una familia metodista, su infancia fue normal junto a sus tres hermanos. Su padre era conductor de un camión y su madre se dedicó al cuidado de sus hijos.
A los 17 años, su madre enfermó de cáncer de pulmón, enfermedad que además de causarle una gran agonía, marcó al joven Shipman. Él fue el encargado de brindarle los cuidados necesarios. Durante esa etapa fue testigo de cómo la única droga que la ayudaba eran las inyecciones de morfina aplicadas para calmarle el dolor.
Tras la muerte de su madre se dedicó a jugar rugby, eso le abrió las puertas a la Facultad de Medicina de la Universidad de Leeds. Era considerado un médico de trato afable y cercano a sus pacientes, en su mayoría mujeres de mediana edad.
Hacemos un aparte para adentrarnos en el sistema de salud británico, que le permitió matar casi sin ser percibido. En ese sistema el médico de familia es una de sus bases. Él visita y atiende a los pacientes en sus casas, conoce las historias familiares y los pacientes son remitidos a hospitales solo si es necesario, eso le dio gran libertad de movimiento.
En 1974, fue detenido al tratar de comprar morfina con un récipe de un paciente, le ordenaron rehabilitarse y luego… comenzó a matar. En 1975 aparece su primera víctima, Eva Lyons.
El asesino operó casi de la misma forma: La mayoría de sus víctimas eran mujeres, que no eran de su agrado. Las asesinaba en las tardes y todas eran “tratadas” cuando estaban solas. Las mataba inyectándoles dosis letales de morfina, no permitía que nadie estuviera cuando las atendía. Al avisarle del deceso, redactaba el certificado de defunción.
Asesinó rutinariamente hasta 1992, cuando hubo un incremento en las muertes bajo su cuidado. Levantó sospechas de una colega y lo denunciaron, el caso se consideró un rumor.
Su suerte cambió el 24 de junio de 1998, cuando murió Kathleen Grundy, de 81 años. Su muerte pudo haber pasado desapercibida, pero Shipman había falsificado el testamento de Grundy. Desheredó a su hija, una abogada muy cercana a la anciana. Extrañada, pidió que se investigara la muerte. Al hacer la autopsia quedó todo al descubierto.
El 7 de septiembre de 1998, Shipman fue detenido y el 5 de octubre de 1999 se inició un juicio por 15 muertes ocurridas entre 1995 y 1997.
El 31 de enero de 2000 fue hallado culpable y condenado a 15 cadenas perpetuas. Las investigaciones continuaron y el 19 de julio de 2002 se acusó al “Doctor Muerte” de asesinar al menos a 215 pacientes desde 1975, la cifra podría alcanzar los 260 víctimas.
Shipman se suicidó en su celda el 13 de enero de 2004.

