Sombras del mal: La dinastía mortal de las Tofana vivió en Italia

Abuela, madre y nieta que se especializaron en los venenos y se convirtieron en ángeles ejecutores

La historia de los asesinos en serie es larga, tanto como la historia del hombre… y de la mujer. Los ha habido en toda época y en todas partes, y se cree que son el origen de mitos y cuentos infantiles, en los que un gran mal acecha en las sombras.

En esta oportunidad conoceremos la historia de tres mujeres, Tufania de Palermo, matrona de la familia, su hija Teofania d’Adamo y su nieta Giulia Mangiardi, La primera nació a finales de 1500 en Palermo, Sicilia. Entre las tres se cuentan más de 600 asesinatos.

Hagamos un aparte para ubicarnos en aquellos tiempos: Una época en que los matrimonios eran concertados y poco o nada tenían que ver los futuros esposos; y menos las mujeres.

Los matrimonios arreglados garantizaban ganancias para las familias, pero, por lo general, eran un infierno para las esposas que quedaban atadas a relaciones de abuso y maltrato.

Volvamos a nuestra historia. La matrona, Tufania de Palermo, fabricaba y vendía maquillaje con base de arsénico. Esos polvos eran usados por sus clientes para envenenar a sus víctimas. Tras varias muertes sospechosas, Tufania fue perseguida por el virrey de Palermo, el español Fernando Afán Enríquez de Ribera y Téllez-Girón, y enviada a la hoguera.

La hija, Teofanía d’Adamo, la más conocida de las tres, creó el Acqua Tofana, un veneno indetectable, sin sabor ni olor, que la hizo famosa hacia 1640. Teofanía ofrecía su producto a mujeres maltratadas o traicionadas.

Hacia 1659, otra oleada de envenenamientos de maridos y amantes de damas de sociedad llamó la atención de las autoridades. El papa Alejandro VII ordenó a la Inquisición investigar los casos y, con su método tradicional, la tortura, dieron con Teofanía.

Intentó refugiarse en una abadía, pero terminó en manos de la “justicia”. Torturada, confesó unos 600 envenenamientos, incluido el de su marido Francesco d’Adamo, el del duque de Anjou y el del papa Clemente XIV.

A los 70 años fue ejecutada en Palermo y su cadáver fue lanzado a la abadía que la protegió. Prohibieron sepultarla.

Giulia, huérfana de padre y madre, se hizo de la “perfumería”. Investigó y perfeccionó el Acqua Tofana, la hizo más efectiva, bastaban unas gotas de la mezcla -que contenía arsénico y antimonio- en la comida de la víctima, para cumplir el objetivo.

Era un mundo civilizado pero salvaje, sus clientes aumentaron y con ellos los problemas. La maldición familiar la seguía, intentó alejarse, pero una buena amiga, María Aldobrandini, condesa de Ceri, maltratada por su marido, la convenció de venderle el Acqua. Le dijo: una gota en la sopa o en el vino, pero la condesa, presa de los nervios, se excedió y envenenó al marido. Fue detenida junto a Giulia.

Giulia fue ejecutada en Roma, en Campo de Fiori, junto a su hija, Girolama Spera, “la Astroliga della Lungara”, y otras tres mujeres.

Como punto final podemos recordar que el músico Wolfgang Amadeus Mozart, hacia 1791, dijo que sospechaba haber sido envenenado con Acqua Tofana, casi 100 años después de la muerte de las Tofana.


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