Sombras del mal. La Bestia que sacudió a Colombia

Aprovechando la guerra contra la guerrilla, los paramilitares de ultraderecha y el narcotráfico, un asesino serial mató a casi 200 niños

Hay una razón por la que decimos que los asesinos seriales no son exclusivos de un país o un tiempo determinados, y es que las autoridades deben estar alerta ante el surgimiento de este tipo de criminales. Si “se duermen en los laureles”, pueden ocurrir hechos como los que sacudieron a Colombia en los 90.

Pocos asesinos seriales han alcanzado el nivel de locura con el que actuó «La Bestia». En siete años (1992-1999) asesinó al menos a 194 niños y adolescentes, pero se cree que podría llegar a la escalofriante cifra de 400.

Es una historia muy cercana, incluso algunos especialistas aseguran que entre sus víctimas no conocidas podrían encontrarse niños venezolanos. Hoy conoceremos la historia de Luis Alfredo Garavito Cubillos, “La Bestia”.

Mucho se ha escrito sobre el papel de la familia en la formación del hombre. Hijo de un matrimonio disfuncional, nació el 25 de enero de 1957, creció sin muestras de afecto y en un ambiente donde el maltrato y el alcohol eran la norma.

Descuido, menosprecio, maltratos familiares, bullying, abusos sexuales y violencia política dejaron su huella y convirtieron a Luis Alfredo en un ser retraído y solitario.

Contó que de niño fue abusado por un amigo de su padre; cuando la familia se mudó el abuso cesó… temporalmente.

Todo eso lo hizo impotente, alcohólico y abusador de niños. La bebida y su temperamento violento hizo que sus relaciones fracasaran. En 1973 fue detenido al intentar victimizar a un menor, por lo que durante casi 20 años abusó de púberes sin ser denunciado.

En 1992 todo cambió: mató a un niño. A partir de allí desató la bestia que escondía detrás de su trabajo como vendedor ambulante de estampas religiosas.

La policía no lo buscaba, enfrascada como estaba en la guerra contra la guerrilla, los paramilitares de ultraderecha y el narcotráfico.

Garavito cazó niños a quienes atraía bajo la excusa de ofrecerles un trago de brandy, una vez mordido el anzuelo los llevaba a un descampado donde desataba su brutal violencia: ataba, abusaba, apuñalaba y dejaba desangrar a sus víctimas, además las descuartizaba y decapitaba.

Estuvo asesinando hasta el 22 de abril de 1999, cuando en el Meta un indigente escuchó a un niño pedir auxilio. El indigente rescató al pequeño y él huyó.

Horas más tarde la policía lo detuvo y el niño lo reconoció. Luis Alfredo Garavito Cubillos había caído.

Las evidencias que había dejado atrás -huellas, ADN y un patrón por varias ciudades- hicieron que terminara confesando.

Así marcó de tumbas el mapa colombiano: Valle del Cauca, Boyacá, Meta, Quindío, Risaralda, Cundinamarca, Nariño, Huila, Caquetá, Antioquia y Caldas. También confesó que había asesinado en Ecuador y Venezuela.

Fue condenado a 1.853 años de prisión, pero la pena máxima que cumplirá será, según la Constitución colombiana, de 40 años. Este año podría ser liberado. En Ecuador fue condenado, en ausencia, a 22 años de cárcel.

Hoy “La Bestia”, con leucemia y cáncer en los ojos, está muriendo. Tendrá una muerte tranquila, la que le negó a sus víctimas.

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