Sombras del mal. Ishikawa, “la comadrona asesina”

Una mujer es la asesina en serie más prolífica de Japón

Tiempos difíciles generan oportunidades. Este es uno de esos paradigmas con los que se intenta presentar el lado positivo de las malas épocas, pero muchas veces los tiempos malos también sacan lo peor de nosotros.

Esta historia nos lleva al último año de la Segunda Guerra Mundial y al breve período de la postguerra. Iremos a uno de los países derrotados, al Japón que sufrió el infierno nuclear y el que fue azotado por el hambre, la pobreza, la desolación y la desazón.

Nos encontramos ante la historia de Miyuki Ishikawa, una matrona, enfermera y asesina en serie, quien junto a varios cómplices fue acusada de haber asesinado a entre 85 y 169 bebés recién nacidos.

Miyuki nació en la Prefectura de Miyazaki, se graduó de enfermera en la Universidad de Tokio. Se casó con Takeshi Ishikawa, pero no tuvo hijos. Se dedicó a trabajar en el Hospital Maternidad de Kotobuki, en Shinjuku.

En 1944, cuando los efectos de la guerra hacían estragos, Ishikawa, comenzó a ver como los hijos de madres solteras y pobres se multiplicaban, niños con muy pocas, o ninguna oportunidad en el mundo que afrontaban. El sistema de acogida japonés presentaba serias fallas y la postguerra complicó aún más el panorama. Ishikawa sentía que no podía ayudarlos.

En medio de ese dilema ético y moral, Ishikawa encontró una solución: Comenzó a asesinar a los niños abandonados, no los mató directamente, los dejaba morir de hambre y frío. Luego un doctor elaboraba los certificados de defunción.

Lo que comenzó con un dilema ético, se convirtió en un negocio. Ishikawa y su marido, comenzó a pedirle a los padres de los “elegidos” 4.000 yenes a cambio del trabajo. Alegaba que el monto sería mucho menor que criar a los niños no deseados. Los años pasaron y los muertos se acumularon.

En enero de 1948 unos trabajadores que realizaban unas obras encontraron cinco cadáveres de bebés, días más tarde Ishikawa y su marido fueron detenidos.

La policía encontró 40 cuerpos enterrados en la casa de un empresario de pompas fúnebres. 30 cadáveres más fueron luego descubiertos en un templo. El gran número de cadáveres recuperados y la duración de tiempo en que los asesinatos tuvieron lugar hicieron difícil para las autoridades determinar el número exacto de víctimas, se presume que fueron más de 160, pero, la cifra más aceptada es 109.

Las autoridades no acusaron a Ishikawa por asesinato, solo por omisión. El Tribunal de Distrito de Tokio la sentenció a ocho años de prisión. Su esposo Takeshi y el doctor Shiro Nakayama a cuatro años. Tras apelar su sentencia, la Corte de Tokio revocó la sentencia original y condenó a Ishikawa a cuatro años en prisión y a Takeshi a dos.

En otras palabras, una de las asesinas en serie más prolíficas quedó sin castigo gracias a los vacíos legales que existían en Japón en esa época.

Sin embargo, los crímenes cometidos por Ishikawa provocaron una serie de reformas judiciales en Japón que equilibraron el sistema de leyes y regulaciones ante los vacíos legales que existían, entre ellas el abandono que pasó a ser un crimen.

El 30 de mayo de 1987, a los 90 años de edad, moría en su casa una de las asesinas seriales más prolíficas de la historia.

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