Un policía que asesinó a más de 50 jóvenes en sus ratos libres por parecerles sospechosos
Es tan delgada la línea que divide a los policías de los delincuentes, que muchos uniformados que cruzan esa frontera moral no tienen vuelta atrás. Desde quedarse con material incautado hasta cometer delitos como cualquier delincuente: extorsionar, traficar drogas, asesinar.
Cuando la barrera se rompe se salta de la ilusión al delito, y puede ser por la frustración, la desilusión, la discriminación.
Esta es la historia de Florisvaldo de Oliveira, oficial de policía condenado a más de 100 años de prisión por el asesinato de 50 personas. Fue conocido como “Cabo Bruno”, un multifacético hombre que además fue pintor, pastor evangélico y asesino en serie.
Apodado desde niño por sus amigos, “Cabo Bruno” nació en Uchoa, São Paulo, el 18 de noviembre de 1958. A los tres años su familia se mudó al municipio de Catanduva, donde vivió toda su infancia; pero de su niñez y adolescencia poco se conoce.
En 1978 ingresó a la Policía Militar de Brasil y se dedicó a trabajar como agente en un país con un sistema judicial en el que los delincuentes entraban por una puerta de la comisaría y salían por la otra sin mayores inconvenientes.
Esto habría detonado su sed de justicia. Según sus propias palabras, era mejor ser “justiciero” que dejar que continuara ocurriendo lo que sucedía en todo el país”.
Entonces se dedicó en su tiempo libre a cazar delincuentes en el barrio Pedreira, en el distrito de Jabaquara, una reconocida zona roja paulista.
A los supuestos delincuentes les disparaba y dejaba sus cuerpos abandonados en la misma zona como un mensaje a otros.
La policía creía que el creciente número de muertos era producto de ajustes de cuentas y de guerras entre bandas, pero recibieron informaciones que señalaban a un mismo asesino, un justiciero solitario.
Su cruzada personal era contra la gente que no le gustaba: bastaba tener apariencia de pobre, estar tatuados o sencillamente ser feos y estar en Pedreira, para convertirse en una potencial víctima.
Luego de cometer varias decenas de asesinatos, “Cabo Bruno” cometió el error que lo llevó a su captura. Era febrero de 1982 cuando atacó a José Benedito, de 16 años, a quien le dio dos balazos en la cabeza y seis en la espalda. Pero el joven no murió, se hizo el muerto y el asesino huyó confiado.
La víctima le dio datos suficientes a la policía para finalmente permitir la captura a finales de septiembre de ese año, tras haber asesinado a otro adolescente, Claudio Batista.
Le imputaron 20 asesinatos, él confesó 30 más y, en un momento de sinceridad, dijo que mataba a quienes le parecían “sospechosos” de cometer ilícitos y aseguró que “odiaba a la gente pobre o con tatuajes”.
Tras un polémico juicio que dividió a la sociedad brasilera, “Cabo Bruno” fue condenado a 112 años de cárcel, pero 27 años más tarde fue liberado y se dedicó a ser pastor evangélico, religión en la que se inició estando tras las rejas.
El 26 de septiembre de 2012 regresaba de dar misa cuando dos sujetos se acercaron y lo ejecutaron de 20 balazos. La policía cree que se trató de un ajuste por cuentas del pasado. El caso fue investigado, pero nunca encontraron a los culpables.

