El gobierno ha retomado centros que estaban bajo control compartido de bandas armadas
Estudiar el tema penitenciario en Venezuela nos permite acercarnos a esas áreas que han sido largamente olvidadas por las autoridades. No es nuevo que las prisiones y sus internos no son una prioridad para el Estado. Con tantos problemas para enfrentar, es difícil quitarle dinero a la salud, a la educación o a la infraestructura para darlo a delincuentes encarcelados.
Esa decisión ética y moral termina causando problemas que se arrastran y se multiplican. La parálisis de decisiones políticas en materia penitenciaria dio una falsa impresión de tranquilidad. Impresión que durante años permitió el surgimiento del pranato, y todas sus aberraciones, en un sistema carcelario que según el propio Ministerio de Asuntos Penitenciarios (MAP) era “el mejor del mundo”.
Pero las situaciones difíciles, como la realidad, tarde o temprano deben afrontarse. Como una enfermedad que se teme y no se atiende, ya llegará el momento de visitar al doctor y tomar decisiones duras.
Presos y categorías
Fue así como la expansión por el continente de la plaga del Tren de Aragua terminó arrinconando al gobierno y lo obligó a ponerle fin a esa modalidad carcelaria que se había implementado, en la que existen tres categorías.
En la base están los Centros de Detención Policial, retenes de policías municipales, estadales y nacionales, en los que conviven hacinados miles de delincuentes en tránsito judicial y permanecen en ese infierno por años. Allí no ha habido ninguna acción a pesar de las reformas anunciadas hace más de dos años.
Los pranes surgieron por el abandono de las cárceles por el Estado, así como por la corrupción de funcionarios. Si estas condiciones se repiten, corremos el peligro de que el pranato, hoy aparentemente dominado, resucite”
Luis Izquiel
Abogado, criminólogo y docente universitario
Luego están las cárceles regidas bajo el llamado “Nuevo Régimen Penitenciario”, administradas por el MAP, donde “se forma el hombre nuevo”. Centros pacificados, cárceles a las que los presos solo tienen acceso tras la autorización del despacho.
En la cúpula un puñado de cárceles “libres”, que en teoría estaba en manos del Ministerio, pero donde mandaba el pranato. Cárceles desde donde una red de bandas operaba impunemente. Bandas como el Tren de Aragua, la más famosa pero no la única, que generaban millones de dólares cobrando “causas”, extorsionando, asesinando, traficando drogas, secuestrando y robando, entre otras minucias que ocurrían bajo la nariz de las autoridades.
La Operación Cacique Guaicaipuro
Entonces el gobierno tuvo que actuar y finalmente emprendió la Operación Gran Cacique Guaicaipuro, iniciada el 20 de septiembre con la toma de la cárcel de Tocorón, siguió el 25 de octubre en Tocuyito, el 30 de ese mismo mes en Puente Ayala, el 3 de noviembre en La Pica y el 6 de noviembre en Vista Hermosa.
En todos los centros el guion fue el mismo: Tropas tomaron la cárcel, reclusos enviados a otros centros y cadáveres de los reos muertos en esas operaciones trasladados a la morgue de Bello Monte en Caracas.
Pero una cosa fue evidente en casi todos esos centros: los pranes ya se habían fugado. El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) advirtió que “las tomas fueron negociadas a cambio de la libertad de los pranes”.
Tareas pendientes
La Operación Gran Cacique Guaicaipuro era algo que la sociedad civil exigía. Era necesario el control de esos centros, erradicar las bandas que operaban desde allí, y dar un voto a favor de las acciones dirigidas a tomar las riendas en esta materia.
Sin embargo, “tomar las riendas no implica controlar”, tal como lo ha advertido Humberto Prado, coordinador del OVP, quien teme que se multipliquen problemas como el hacinamiento penitenciario.
Prado aseguró que las cárceles no tienen capacidad de recibir a los desalojados de los penales intervenidos. “Estaban full, no se han construido nuevas y los cierres han duplicado la población de los centros receptores”, indicó.
Para 2022, el OVP registró que el hacinamiento era de 165%, más de la mitad de las cárceles estaban sobrepobladas y las restantes casi al límite. “Durante estas operaciones fueron movilizados más de 11 mil reclusos a centros saturados, con estas acciones el hacinamiento podría llegar al 300%”, agregó.
Para 2022 se registró que el hacinamiento penitenciario era de 165% (…). Durante estas operaciones se movilizó a más de 11 mil reclusos a centros saturados, con estas acciones el hacinamiento podría llegar a 300%”
Observatorio Venezolano de Prisiones
El OVP vaticina además complicaciones en juicios y traslados a tribunales. Presos que salieron de estados donde tenían su causa y enviados a otras entidades verán sus juicios retrasados. Adicionalmente, está la logística alimenticia, “si apenas podían atender a la población que tenían, ¿qué harán ahora con el doble o el triple de reclusos?
“Ahora es fundamental reorganizar las cárceles y la población reclusa, clasificarla por el tipo de delito, grado de peligrosidad, edad, sexo, reincidentes, primarios, penados, procesados, mejorar los controles de acceso, de armas y de equipos tecnológicos”, dijo el activista.
La criminal cultura del pranato
Existe además la cultura del pranato. Luis Izquiel, criminólogo y docente universitario, recuerda al respecto que “los pranes surgieron por el abandono de las cárceles por parte del Estado, así como por la corrupción de funcionarios que permitieron que ocurriera. Si estas condiciones se repiten, corremos el peligro de que el pranato, hoy aparentemente dominado, resucite”.
En este sentido, aseguró que es necesario establecer políticas que impidan el surgimiento de pandillas en las cárceles y controlar las comunicaciones. El tiempo libre que tienen los reclusos es otra tarea pendiente, mientras más ocupados, menos tentaciones.
Advierte que logró su poder debido a que tenían armas de fuego en las prisiones. “Si eso no se evita, otros presos tomarán el control de las cárceles e iniciarán la construcción de nuevos pranatos”.
Apuntó que estas decisiones se toman en vísperas de un año electoral y pueden hacerse muchas cosas, “pero por tratarse de anuncios electorales, también pueden quedarse a mitad de camino y los problemas que pretendían solventar se podrían agravar”, concluyó.

