Aunque estuvo preso tres veces, Daniel Camargo Barboza asesinó a más de 150 niñas y adolescentes
En la vida existen figuras que marcan el destino de un hombre, son guías que facilitan el camino. Pero a veces no construyen sino que destruyen, y convierten a alguien en un manojo de odio y venganza.
La historia de esta semana nos lleva a conocer a Daniel Camargo Barbosa, el autor de unos 150 femicidios de niñas y adolescentes ocurridos en Colombia y Ecuador.
Daniel nació el 22 de enero de 1930 en Anolaima, departamento colombiano de Cundinamarca, en el seno de la familia de Daniel Camargo Briceño y Teresa Barbosa Salazar.
No había cumplido un año cuando su madre murió y su padre se casó con otra mujer. Una madrastra con problemas mentales que se exacerbaron por la imposibilidad de tener hijos. Ella quería una hija.
La mujer terminó “experimentando” con Daniel. Lo vestía de niña en casa y así mismo lo enviaba al colegio; a golpes lo obligaba a presentarse como Daniela. A pesar de ello, el niño destacó en sus estudios.
Hay lagunas en la vida de Daniel, pero se supo que abandonó los estudios. Unos dicen que fue para ayudar a su familia, otros que lo botaron de su casa cuando intentó abusar de una niña.
En los años 60, Daniel se casó con Alcira Castillo, y todo aparentaba estar bien. Pero a partir de 1963 los cadáveres de niñas y adolescentes comenzaron a ser encontrados en El Charquito. Se presume que fueron sus primeros crímenes.
En 1967 descubrió a su esposa engañándolo. Culpó a las mujeres de todo lo malo que le sucedía y comenzó a violar niñas a quienes drogaba. En 1968 fue detenido y condenado a cinco años de cárcel.
En 1973 salió, pero fue detenido nuevamente. Lo condenaron a 30 años en la cárcel de la Isla de La Gorgona, llamada la Alcatraz colombiana.
El 24 de septiembre de 1983, durante la festividad de la Virgen de Las Mercedes, Daniel se fugó en una pequeña balsa de troncos. Tres días después llegó a costas ecuatorianas.
En el nuevo país dio rienda suelta a sus instintos criminales. Entre 1984 y 1986 asesinó y despedazó a niñas y adolescentes; era una bestia que no dejaba rastros. Su sigilo dio origen al mito de una banda de asesinos, “la Banda del Bronco Rojo”.
En realidad se hacía pasar por un inofensivo pastor evangélico que se acercaba a las niñas para engañarlas, abusar de ellas y luego asesinarlas.
Pero el destino estaba escrito y en un golpe de suerte, dos policías vieron a un hombre zarrapastroso con una vieja maleta. El hombre mostró una actitud sospechosa e intentó huir, pero fue detenido rápidamente. En la maleta encontraron prendas y ropas ensangrentadas.
Durante los interrogatorios, confesó, con escalofriante detalle, 71 asesinatos, aunque se cree que cometió más de 150 femicidios. Recordaba detalles muy precisos de sus víctimas como marcas personales, lunares, peinados y vestidos.
Camargo Barbosa fue enjuiciado y condenado a 16 años de cárcel, pero no cumplió su condena.
El 13 de noviembre de 1994 fue asesinado por otro recluso, Giovanny Arcesio Noguera Jaramillo, sobrino de una de sus víctimas. Noguera quiso cortarle la cabeza, pero como el cuchillo era muy pequeño, se conformó con cortarle el cuello y ver cómo se desangraba.


