La xenofobia: la búsqueda del culpable más débil

La migración venezolana enfrenta a un monstruo que le acecha: Ser estigmatizado y atacado

La historia de la humanidad está construida sobre los caminos de millones de migrantes que recorrieron y poblaron la tierra. Desde los primeros que partieron de las sabanas africanas, hasta las poblaciones actuales que huyen de la guerra, la pobreza y las tragedias, somos lo que somos porque somos producto de esas mezclas.

Hemos sido testigos de olas de conquista y de olas migratorias. Ambas constituyen el marco de la actual humanidad. Unos anexaron territorios y con ello tejieron lazos de sangre. Otros, huyeron de los horrores y fueron el hilado en ese tejido que somos.

A lo largo de esta historia, los nómadas y migrantes que intentaban sobrevivir terminaron vistos como un peligro. No importaban sus condiciones, necesidades y carencias. Sufrieron calvarios, persecuciones y aislamientos, hasta que finalmente muchos fueron aceptados, más por resignación que por otras causas.

Mientras que por la otra parte, los conquistadores, llenos de lujos, temían perderlos. Así el miedo se convirtió en otro motor de esta historia. Quien es temido, a su vez, teme de otro, y el círculo vicioso crecerá fortalecido.

Choque de realidades y de políticas

Para entender la migración masiva debemos comprender que nace de Estados que presentan crisis extremas que lanzan a millones de personas a esos peregrinajes.

Además, tenemos a países envueltos en sus propias crisis sociales, económicas y políticas, que no estaban preparados para recibir a esos migrantes. Estos competirán con sus ciudadanos por puestos de trabajo, viviendas, servicios públicos, comida y seguridad. 

Lo grave es que no hay intenciones de enmendar. Autoridades y medios continúan legitimando la xenofobia. No hubo condenas, muchos guardaron silencio, e incluso llegaron a responsabilizar a la población venezolana de lo ocurrido, lo que da una legitimación subterránea a la xenofobia”

Ronal Rodríguez
Docente, investigador y vocero del Observatorio de Venezuela
de la Universidad del Rosario, Bogotá

Estos migrantes se convertirán en los responsables de sus males. Las poblaciones, sin instrucción y sin sensibilización, no los verán como iguales, sino como competencia y peligro.

El profesor Ronal Rodríguez, investigador y vocero del Observatorio de Venezuela de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, en Bogotá, destaca que “lamentablemente estamos en un momento en el que la xenofobia, miedo al extranjero, y la aporofobia, el miedo al pobre; son usadas como armas en el contexto político. En la última década, aumentó la tendencia, de la extrema derecha y la extrema izquierda, de usarlas para generar mayores niveles de cohesión social, confrontando la población nativa contra la migrante”.

Mayor visibilidad = más riesgo

En la medida en que se visibilizan los migrantes y aumenta su población, en esa misma medida crece su rechazo, su presencia, pobreza y costumbres incomodan al local.

La falta de espacios adecuados de acogida arrinconan a los recién llegados a lugares no diseñados para albergarlos, terminales de buses, estaciones de metro y plazas se convierten en hogares improvisados. Otros se aventuran a construir viviendas en ocupaciones ilegales, con los riesgos que ello implica, mientras que los más afortunados conseguirán alquileres en zonas pobres.

Esto lo hemos visto en todo el mundo, pero para los venezolanos se agravó en Perú. El investigador señala que en Lima hay una alta concentración de migrantes que podría superar con creces las seiscientas mil personas que hay en Bogotá. 

“La diferencia entre Colombia y Perú es que en Colombia hubo una mayor distribución territorial de los migrantes, que se concentraron en Bogotá, Medellín, Cúcuta y Cali, los demás están repartidos por todo el país; mientras que en Perú la concentración se dio en Lima y eso genera mayor tensión”, agregó el investigador.

Discursos y bombas de humo

Como lo dijimos anteriormente, cada país vive situaciones particulares, en el caso peruano se vive un contexto político complejo con la deslegitimación de sus autoridades y una crisis económica creciente.

“Allí se ha detectado el crecimiento de la xenofobia y la aporofobia en diferentes momentos. Encontramos picos con acciones violentas contra población migrante que tristemente coinciden agravamiento del contexto político. Hoy Perú vive una nueva crisis y se ha visto que ante problemas sufridos durante la última década, el tema venezolano aparece como elemento regular, sobre todo cuando los problemas locales parecen no tener salida”, explicó el especialista.

“El problema es que cuando las autoridades empiezan a instrumentar la xenofobia en sus discursos como un elemento de cohesión, su uso se transforma en una especie de cortina de humo cotidiana ante los problemas políticos y a la vez se utiliza como cohesionador social que la valida ante el pueblo”, señaló.

Futbol y xenofobia

Con relación a los hechos ocurridos en Lima semanas atrás durante las eliminatorias para el mundial de fútbol, cuando la población fue segregada y jugadores fueron agredidos por fuerzas policiales, Rodríguez destacó que se trata de un deporte, en el que si no se manejan las emociones de forma adecuada, se generan efervescencias y dinámicas de conflictividad muy altas. 

Recordó que sociedades mucho más desarrolladas que las nuestras, han tenido problemas a la hora de manejar barras bravas y dinámicas deportivas muy nocivas relacionadas con el fútbol

“En el caso del juego Venezuela-Perú tenemos… la instrumentalización de xenofobia y aporofobia y las tensiones que produce el nacionalismo en torno al fútbol, lo que mal manejado terminó en lo ocurrido en Lima”.

Lo grave es que si esto no se desescala, seguirá aumentando. Al parecer no hay intenciones de hacerlo, ya que autoridades y medios continúan legitimando la xenofobia. “Las autoridades no condenaron, no fueron fuertes en la condena, muchas guardaron silencio, incluso una llegó a responsabilizar a la población venezolana de lo ocurrido, lo que genera esa legitimación subterránea”, aseguró. 

Crimen y susceptibilidad

Una de las excusas más usadas a la hora de justificar la xenofobia es la inseguridad. Campañas periodísticas, discursos políticos y campañas de redes sociales muestran a la población migrante como indeseables, delincuentes y prostitutas.

Titulares que abundan en la prensa peruana sobre los “malditos del Tren de Aragua” “El maldito Cris”, así como sobre las trabajadoras sexuales extranjeras, terminan estigmatizando a la población migrante, convirtiéndola en el centro en una polémica muy alejada de la realidad.

El estudio “Inmigrantes venezolanos, crimen y percepciones falsas”, realizado en septiembre de 2020, evidencia que la presencia de inmigrantes no está generando un aumento sistemático de crimen en los tres países que han recibido la mayor cantidad de inmigrantes y refugiados venezolanos”.

En la medida en que la población migrante aumenta y se visibiliza, se hacen evidentes al nativo y crece su rechazo. Su presencia, pobreza y costumbres incomodan al local»

Ronal Rodríguez
Docente, investigador y vocero del Observatorio de Venezuela
de la Universidad del Rosario, Bogotá

El estudio sugiere que “la presencia de inmigrantes venezolanos contribuye a la reducción de las tasas de crimen, dado que los inmigrantes cometen delitos en una proporción menor a su porcentaje en la población. Incluso en el único caso en el que los resultados son más ambiguos, Colombia, los delitos atribuibles a venezolanos son delitos menores”.

En todo proceso migratorio masivo, junto a las personas honestas que salen, también se van delincuentes. Además, debe quedar claro que el hecho de que una persona no haya cometido delitos en el pasado, no lo exime de cometerlos en el futuro; al igual que alguien que los cometió, puede no volver a hacerlo. Al final, la decisión de partir puede asumirse como la posibilidad del inicio de una nueva vida.

La presidenta peruana, Dina Boluarte, acusó a los venezolanos del alza de los delitos violentos, cuando la realidad muestra que estos comenzaron una tendencia al alza en 2011, cuando no se había iniciado la llegada de la migración venezolana, que tuvo su pico en 2017, aclaró la tuitera @ernemogollones.

Luego, la vicepresidenta del congreso peruano aseguró que “las cárceles se están llenando de venezolanos”, pero resulta que el porcentaje de venezolanos presos es de 2,85%. El resto, son otros extranjeros, en poco más del 1%, y peruanos, el 96% restante”.

“En la medida en que se generaliza se crea un estado de percepción del enemigo desconocido, las generalizaciones dan lugar a estigmatización, a xenofobia y aporofobia y eso lamentablemente cuando no es manejado de forma adecuada por medios de comunicación y autoridades termina generando una espiral de percepción negativa y de violencia”, concluyó Rodríguez.

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