Durante más de 25 años un monstruo se dedicó a violar, matar y mutilar mujeres
Un cuarto de siglo de impunidad y violencia marcó la vida de un hombre que, si lo vemos hoy, no parece un criminal. Su foto quizá nos haga recordar a San Nicolás, ese viejito barbudo, bonachón y vestido de rojo y blanco que asociamos con la Navidad.
Pero no nos dejemos engañar por las apariencias. Esta vez se trata de un sádico que no sentía ningún tipo de empatía por sus víctimas. Una bestia que infligió enormes dosis de dolor a las mujeres que tuvieron la mala suerte de cruzarse en su camino.
Hoy conoceremos la historia de Richard Cottingham, un violento criminal quien, según sus propias palabras, habría asesinado a unas 100 mujeres durante 25 años, aunque fue juzgado por la muerte de solo seis.
Este criminal fue bautizado como “el asesino del torso”, debido a que solo eso dejaba de varias de sus víctimas. El resto de sus partes nunca fueron encontradas.
Cottingham nació en el Bronx, Nueva York, en 1946. El mayor de cuatro hijos tuvo una infancia normal. En 1948 su familia se mudó a Dumont, Nueva Jersey, y en 1956 a River Vale, también en Nueva Jersey.
Fue a finales de los años 50 cuando comenzó a explorar la pornografía y habría desarrollado una fascinación por las ataduras y el bondage.
En 1964 se graduó en la High School de Hillsdale. En ese entonces se convirtió en un ser huraño que rara vez salía porque prefería quedarse en su habitación “viendo pornografía”.
Continuó los estudios, se graduó de la universidad y luego trabajó en la empresa de su padre. En 1966 fue operador informático de la Asociación Blue Cross Blue Shield, donde se mantuvo hasta su arresto en 1980. En esa empresa trabajó junto a Rodney Alcalá, otro asesino en serie de quien hablaremos la semana que viene.
El primer registro de una muerte vinculada con Cottingham fue en 1968, cuando asesinó a Nancy Vogel, de 29 años, cuyo cuerpo se encontró desnudo y maniatado en el interior de su automóvil, había sido violada y estrangulada. Aunque no se encontraron pistas, años más tarde confesaría el crimen.
A partir de ese momento desataría una racha asesina que se extendería a lo largo de varias décadas en las que varias mujeres serían asesinadas con el mismo modus operandi: drogaba y secuestraba a quienes después violaba, torturaba y asesinaba.
Solía dejar los cadáveres en los vehículos de sus víctimas, en bosques, abandonados a plena vista o en habitaciones de hoteles. Incluso en al menos dos oportunidades usó el mismo hotel, el Quality Inn, para atacar a sus víctimas. Mismo hotel donde fue capturado cuando torturaba y casi asesina a su última víctima, Leslie Ann O’Dell, de 18 años.
Richard Cottingham actuó impunemente entre 1967 y 1979. En 1980 fue condenado por cinco asesinatos, confesó su autoría en 2010 y fue implicado por pruebas de ADN en un caso adicional en 2022. Admitió haber cortado manos y cabezas de algunas víctimas para evitar su identificación.
Según algunos investigadores, Cottingham asesinó al menos a 18 mujeres.

