La pornografía: Cuando el peor maestro educa a nuestros hijos

La exposición de niños y adolescentes a pornografía y violencia estaría creando una generación de personas no empáticas

Imaginamos que usted quiere que su hijo reciba la mejor educación posible, para lograr esto invertirá todos los recursos necesarios para que sus maestros y profesores sean los mejores, y que su escuela cuente con la infraestructura adecuada: laboratorios, canchas deportivas, bibliotecas, salones bien iluminados.  

Ahora Imagine que tiene todo eso, pero una persona, quizá esa que tiene más ascendencia en su hijo, se dedique a malformarlo, a sembrarle ideas extrañas, a convertirlo en otra persona, a llenarlo de prejuicios, odios, a deshumanizarlo. ¿Qué haría en ese caso? ¿Cómo lidiaría con ese reto?

La respuesta es que hará todo lo que pueda para alejarlo de esa persona, quizá lo denuncie a la policía o buscará algún tipo de ayuda externa. Pero, qué pasa si le decimos que esa persona, o cosa, existe y está en su casa, en su teléfono. Si le decimos que ese monstruo deformador convive con su hijo las 24 horas del día, ¿qué hará?, ¿cómo lo protegerá?

El despertar del neoadulto

El despertar sexual ocurre en la adolescencia, esa etapa en la que todos los seres humanos descubrimos nuestro cuerpo. Tarde o temprano cada persona sana comenzará a explorarse, a reconocerse en su sexualidad, a plantear cuál es su rol en el mundo. Cómo se percibe, cómo quiere ser percibido. En ese período el puzzle de lo que es y lo que será, comienza a armarse o a desmoronarse.

La pornografía erotiza y sexualiza la violencia contra la mujer. Actos que luego serán imitados y repetidos por jóvenes a quienes no les importará si esa agresión es deseada por sus parejas, ellos presumirán que sí porque eso aprendieron”

José Luis García
Psicólogo clínico y sexólogo español

Es en ese momento cuando el silencio será más ensordecedor. La falta de educación y de apertura en materia sexual generará dudas, problemas y llevará a millones de niños y adolescentes a buscar información entre sus círculos más cercanos y, finalmente, llegarán a la red y a sus peligros.

El monstruo oculto

La psicóloga Mercedes Muñoz, fundadora de la Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa, Avesa, alerta sobre el tema: “A diferencia de la educación formal, donde abunda información; en el área sexual hay un desierto. La educación sexual que recibimos es tácita, inconsciente, aprendemos porque la información está en todas partes, pero no hay educación sexual formal. No es un tema tratado en escuelas o en hogares. Es un tabú”.

Entonces, cuando surgen las preguntas, las respuestas no están en padres o maestros, sino en otros niños o adolescentes y en las pantallas de computadoras o teléfonos, al teclear cuatro letras: S, E, X, O, encontrarán a la pornografía, contenido que los atrapará, pero no respuestas.

“La pornografía no educa, sexualiza y erotiza lo que toca. En el mejor de los casos en la pornografía no hay relaciones humanas sanas, tal como las concebimos, sino que son relaciones reducidas al intercambio sexual, relaciones de dominación y al  profundizar, esas relaciones se harán cada vez más aberradas”, alerta la psicóloga.

Relaciones abusivas

Recientemente, el psicólogo clínico y sexólogo español José Luis García publicó en la red social X, un hilo sobre relaciones sexuales abusivas entre jóvenes, en el que analizaba el comportamiento violento y degradante de los jóvenes, con acciones como golpes, nalgadas, estrangulamientos, arañazos y otras agresiones físicas.

Citó un estudio del año 2020 que concluyó que un alto porcentaje de la pornografía contenía variados tipos de maltrato. “Azotes, arcadas, bofetadas, tirones del pelo y asfixia fueron las cinco formas más comunes de agresión física”. 

Agrega el investigador que las mujeres fueron el objeto de la agresión en 97% de las escenas, y su respuesta a la agresión fue neutral o positiva, y muy rara vez negativa. Citó otro informe de este año, del Senado francés, que concluyó que el 90% de los vídeos sexuales contenía agresiones reales.  

En otras palabras, la pornografía erotiza y sexualiza la violencia contra la mujer. Actos que luego serán imitados y repetidos por jóvenes a quienes no les importará si esa agresión es deseada por sus parejas, ellos presumirán que sí porque eso aprendieron.

Muñoz agrega que “la industria pornográfica no es ingenua, es un negocio multimillonario, manejado por gente inescrupulosa, a la que le importa un bledo el daño que puedan hacerle a niños o adolescentes”.

Estudios realizados en otros países dejan en evidencia el impacto de la pornografía violenta en las relaciones interpersonales, por ejemplo, la BBC encontró que un tercio de las mujeres menores de 40 años experimentaron asfixia, bofetadas y golpes, entre otros abusos, durante el sexo consensuado.

Al estar expuestos a temprana edad a material pornográfico violento y degradante, podríamos encontrarnos en un futuro cercano con personas sin capacidad de sentir empatía, porque fueron educados para normalizar y erotizar la violencia”

Mercedes Muñoz
Fundadora de la Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa, Avesa

Lo grave, es que al tratarse de una relación sexual consensuada, las víctimas de la violencia no denuncian el hecho, se presume que estaban de acuerdo con lo que sucedía durante el encuentro sexual. La legislación acepta que esto ocurra y solo actúa cuando las agresiones pasan a mayores, se lesiona o asesina a la víctima.

El “maestro” aberrado

El problema es que no hay cifras que permitan analizar la dimensión de este problema entre adolescentes. Al no haber estudios entre esta población, el impacto de la pornografía violenta es desconocido, se sabe cuando se encuentran casos notorios, pero es un iceberg, su tamaño real está oculto.

Pero hay un denominador común en este tema: La presencia de una cantidad cada vez mayor de pornografía con violencia sexual disponible en redes sociales y de mensajería.

En otras palabras, tal como lo señaló Mercedes Muñoz, “antes uno buscaba la información con amigos, o se aventuraba a ver alguna de las revistas que existían, hoy todo ese contenido, y mucho más explícito y violento, está a la punta de los dedos de cualquier menor”.

Al estar expuestos a temprana edad a material pornográfico violento y degradante, podríamos encontrarnos en un futuro cercano con personas sin capacidad de sentir empatía, porque fueron educados para normalizar y erotizar la violencia.

En este sentido, indica: “es fundamental que padres y maestros diseñen estrategias para conversar con sus hijos sobre el sexo. Las autoridades deben diseñar currículos sobre este tema, mientras se legisla para establecer reglas que permitan proteger a niños y adolescentes de la exposición temprana a este tipo de contenido”.

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