Sombras del mal: Un asesino con tres formas de matar

Un tímido joven brasilero se dedicó a asesinar mujeres, indigentes y homosexuales

Un error tonto siempre termina con los criminales. En este caso, algo tan básico como la matrícula de una moto se convirtió en el punto final de la carrera de un sujeto que había logrado no estar en el foco de las autoridades policiales durante los tres años en los que sembró de cadáveres la ciudad de Goiânia, capital del estado de Goiás, al sur de Brasil.

Esta es la historia de Tiago Henrique Gomes da Rocha, quien fue conocido como el “Maníaco de Goiânia”, un joven bien parecido, quien se valía de su físico y su timidez para no levantar sospechas.

Este sujeto nació en la ciudad de Goiânia el 4 de febrero de 1988. Según sus propias declaraciones, fue abandonado por su padre, por lo que vivió siempre en compañía de su mamá. Cuando tenía 11 años comenzó a ser abusado por un vecino, lo que habría convertido su infancia en un infierno.

Al parecer, además fue víctima de acoso y bullying en la escuela, lo que minimizó su capacidad de socializar. No se le conocen mayores empleos, aunque se sabe que fue vigilante en una empresa de seguridad.

También trabajó en un hospital, donde logró establecer una relación sentimental con una joven de cabello largo, que se parecía mucho a algunas de sus víctimas, reportó el diario Folha de São Paulo.

Comenzó a asesinar en 2011. Un indigente sería el primero de 17 hombres a quienes asesinaría. A pesar de que comenzó matando hombres, luego mataría a hombres y mujeres al azar. Se enfocó en personas que pensaba no serían extrañadas: prostitutas, homosexuales solitarios y transexuales.

Su modus operandi era básico, paseaba por las barriadas de la ciudad en motos que robaba. Cuando veía a alguien a quien quería matar, se acercaba y les gritaba: “Robo”, les disparaba, les quitaba alguna pertenencia y huía a toda velocidad. 

En siete meses del año 2012 asesinó a 15 mujeres, lo que representa una cifra importante para una ciudad como Goiânia, con una población de poco más de un millón de habitantes. Según la policía, luego varió su modus operandi, a las jóvenes e indigentes les disparaba al pecho; a las prostitutas las apuñalaba y a los que consideraba gays los estrangulaba. 

El Maníaco de Goiânia acumuló al menos 39 asesinatos en tres años. Fue detenido por un delito menor, en una alcabala, donde se percataron de que viajaba en una moto con placas robadas. Luego lograron relacionarlo con varios ataques y fue identificado por una mujer a quien intentó matar. 

Al ser sometido a las evidencias terminó confesando los 39 asesinatos.  Dijo que sentía que «algo irrefrenable» lo dominaba, se tomaba una o dos botellas de licor y, tras permanecer varios minutos en un estado catatónico, salía a buscar víctimas.

Gomes da Rocha alega haber actuado bajo el control de un poder superior. Se sentía inmenso e indestructible. Al ser capturado, todo ese poder se esfumó y dijo estar envuelto por una ola de arrepentimiento. 

En mayo de 2016 fue condenado. Intentó quitarse la vida cortándose las venas con un bombillo roto. Hoy purga condena en una cárcel de máxima seguridad.

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