El suicidio: La epidemia silenciosa

Más de 700 mil personas mueren anualmente por lesiones autoinfringidas. En Venezuela se calcula que anualmente son más de dos mil, es tiempo de que se diseñen políticas para prevenir el suicidio y educar sobre la salud mental

Hay temas que son difíciles de tratar, pero eso no impide que se traten, si se logra mantener el debido equilibrio y se evita el alarmismo, el amarillismo y otros ismos que tanto daño hacen a la información.

Uno de estos temas que no es tratado con la debida profundidad, y que brilla por su ausencia en los medios, es el de la salud mental y el suicidio. Tema que, más allá de las esporádicas noticias sobre muertes violentas; no cuenta con cobertura amplia, ni con campañas de educación y prevención permanentes que permitan garantizar una acción a favor de quienes se encuentran atrapados entre los laberintos de la depresión.

Hoy en día tienen más presencia en prensa y redes sociales las acciones de los denominados influencers que trabajos sobre este tema, ni siquiera el cine o la literatura, que cuentan con escritores y directores valientes que ahondan en temas profundos, brindan suficiente espacio para concientizar sobre esta epidemia que día a día enluta cientos hogares.

A cuentagotas

La muerte autoinfringida, o suicidio, constituye una epidemia que ha venido golpeando silenciosamente los hogares en todo el mundo, al extremo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado que anualmente unas 700 mil personas pierden la vida por esta causa.

Según las estimaciones de la OMS, publicadas en el Suicide worldwide in 2019, “cada año pierden la vida más personas por suicidio que por VIH, paludismo o cáncer de mama, o incluso por guerras y homicidios”.

«Cada suicidio es una tragedia. Prestar atención al suicidio es incluso más importante ahora, después de la pandemia del Covid-19 y cuando muchos de los factores de riesgo del suicidio, como la pérdida de empleo, apuros económicos y aislamiento social, continúan presentes»

Tedros Adhanom Ghebreyesus
Director general de la OMS

En 2019, se suicidaron más de 700 mil personas, es decir, una de cada 100 muertes. Ese mismo año el suicidio fue la cuarta causa de defunción entre jóvenes de 15 a 29 años en todo el mundo.

Esto ha llevado a la OMS a elaborar nuevas orientaciones para ayudar a los países a mejorar la prevención del suicidio y los cuidados conexos.

A pesar de que se presumía que con el fin de la pandemia harían muchos cambios en el comportamiento de las personas, y entre ellos los picos que se observaron en relación, a los suicidios, la verdad es que las situaciones no solo se mantuvieron, sino que al parecer se agravaron.

Al respecto Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, ha señalado que: “cada suicidio es una tragedia. Prestar atención al suicidio es incluso más importante ahora, después de la pandemia del Covid-19 y cuando muchos de los factores de riesgo del suicidio, como la pérdida de empleo, apuros económicos y aislamiento social, continúan presentes”.

La crisis impulsó la muerte

En Venezuela la realidad no es diferente, enfrentamos una epidemia que azota a miles de hogares, sin que se observe una respuesta para enfrentarla, aunque reconocemos que existen iniciativas dirigidas a estudiar el problema para enfrentarlo. Sin embargo, estamos en pañales en materia de prevención.

El Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) ha venido siguiendo el tema con informes anuales. En su informe del año 2022 señala que estudia este tipo de violencia para caracterizar los hechos, su ocurrencia y frecuencia, “para así ofrecer a las autoridades, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanía en general, información amplia y confiable sobre el flagelo, así como generar discusiones y reflexiones sobre esta realidad”.

El OVV ha estimado que en nuestro país más de ocho mil personas se han quitado la vida entre 2019 y 2022. Contabilizaron 2.310 casos en 2019; 2.264 decesos en el año 2020; 2.291 suicidios en el año 2021 y 2.173 muertes en 2022.

El OVV estimó una tasa promedio de 7,7 muertes por suicidio por cada 100 mil habitantes para el año 2022, “cifra que muestra un descenso al compararlo los 9,3 del año 2018, máximo nivel analizado.

A pesar de que esta cifra ha descendido entre 2019 y 2022, todavía está lejos de los niveles de menos de cuatro suicidios por cada 100 mil habitantes que ocurrían antes de 2016, cuando el país cayó en la crisis actual.

«En 2019 se suicidaron más de 700 mil personas, es decir, una de cada 100 muertes; ese mismo año el suicidio fue la cuarta causa de defunción entre jóvenes de 15 a 29 años en todo el mundo»

Organización Mundial de la Salud (OMS)

Por su parte, el Monitor de Víctimas registró entre 2019 y 2022 un total de 167 suicidios solo en Caracas, con un pico en 2022, cuando 59 personas murieron de esta manera, en el estado Lara registraron 67 entre 2022 y 2023, en Táchira 183 desde 2021 a 2023, en Sucre murieron 47 personas entre 2022 y 2023 y en Zulia 27 entre 2022 y 2023.

Es importante destacar que las cifras del Monitor son sobre datos confirmados por periodistas en las morgues de esos estados o a través de información suministrada por autoridades.

Cobertura ética del suicidio

Uno de los mayores riesgos al informar sobre este tema es el denominado efecto Werther, o efecto Copycat, que es la imitación de conductas autolesivas cuando las realizan personajes famosos o cuando se difunde de manera excesiva a través de medios y redes sociales.

Es por ello que la OMS publicó recomendaciones sobre cómo informar. Estas incluyen: no publicar contenido relacionado con un suicidio como tema principal, no repetirlo sin necesidad, no describir métodos utilizados, no mencionar nombres o detalles acerca del lugar o ubicación donde ocurrieron esos hechos.

También recomiendan no utilizar lenguaje ni contenidos sensacionalistas que idealicen o normalicen el suicidio, o que lo presenten como una solución ante los problemas.

No se debe simplificar la razón de un suicidio, ni reducirla a un solo factor, ya que es un problema muy complejo.

Evitar a toda costa usar fotografías, secuencias de video, grabaciones de audio o enlaces a medios digitales o a redes sociales que los difundan, y no informar los detalles de las notas de suicidio.

En este sentido, siempre es fundamental recomendar asistencia a especialistas cuando se detecten conductas autolesivas, la prevención debe partir de la información.

Deja un comentario