En menos de un mes ha habido en Caracas dos víctimas de trabajadores de confianza
El pasado 30 de septiembre las redes sociales se hicieron eco de una inquietud: amigos y familiares de la periodista Mercedes Herrera alertaban sobre su desaparición. La joven comunicadora había informado que saldría a hacer ejercicios en El Ávila y luego se encontraría con una amiga, cita a la que nunca llegó.
Horas más tarde su celular fue localizado en un autobús en las cercanías de una conocida panadería, en la urbanización La Castellana de Caracas.
La información se multiplicó en las redes mientras familiares y amigos de Mercedes trataban de encontrarla. El jueves siguiente, sus vecinos notaron que un olor a putrefacción emanaba de la quinta Madrigal.
Comisiones policiales hallaron los restos de la periodista dentro de una bolsa de basura. Su cuerpo estaba maniatado. Los asesinos intentaron evitar que el crimen fuese descubierto.
Los funcionarios también notaron que las puertas de la casa no tenían signos de violencia, por lo que presumieron que Mercedes pudo haber sido interceptada y obligada a darle acceso a sus asesinos, o que permitió voluntariamente que ingresaran: es decir, los conocía.
Las pesquisas dieron con Franyerlin Carolina Ortiz (de 25 años), quien laboraba en la limpieza de la casa, y su novio, Neiquel Gutiérrez (30), quien realizaba reparaciones menores. Ambos llevaban meses trabajando para Herrera y curiosamente no se presentaron a la casa tras su desaparición.
Al ser interrogada, Ortiz confesó el crimen, dijo que el móvil fue el robo. El día de los hechos ella dejó entrar a Gutiérrez y entre los dos sometieron a Mercedes, la obligaron a darles mil dólares que tenía y luego Neiquel la asesinó “para no dejar testigos”.
«Para minimizar el riesgo es necesario que conozcamos a quiénes vamos a contratar para trabajar en nuestros hogares”
Fermín Mármol García
Criminalista, experto en seguridad
Otro hecho de sangre había conmocionado semanas antes a la comunidad del municipio El Hatillo del estado Miranda. La tarde del 9 de septiembre transcurría con normalidad en el edificio Cotoperí, ubicado en la avenida El Paují de Los Naranjos, cuando los vecinos fueron alertados por unos gritos aterradores.
Samuel Jaimes Machado (de 65 años) fue brutalmente apuñalado en su apartamento. El vigilante del edificio, alertado por los gritos, intentó ayudar al sexagenario pero también fue agredido; sin embargo logró desarmar a la mujer que lo atacó.
Los dos atacantes, Daniel Alfonso Bazán Hernández y su esposa, Judiyh Carolina Ufre Bello, fueron detenidos horas más tarde por funcionarios policiales. Fueron identificados por el vigilante debido a que acudían con regularidad al edificio, ya que Bazán era mecánico y hacía trabajos a los vecinos.
El móvil del crimen fue el cobro de una deuda de 400 dólares. Jaimes Machado se negaba a pagar debido a que estaba inconforme con la última reparación a su carro. El mecánico se cobró matándolo de 20 puñaladas.
La confianza da asco
Estos casos son los más recientes de una enorme lista de asesinatos perpetrados por personas que supuestamente eran “de confianza” de sus víctimas.
Este fenómeno se repite una y otra vez. Y es que, al parecer, muchos empleados consideran que sus jefes tienen mucho dinero y cuando la necesidad les aprieta, deciden tomar el camino de menor esfuerzo, y en vez de pensar en las implicaciones de lo que están haciendo, terminan traicionando a las personas que les brindaron su confianza, a quienes, en muchos casos, asesinan en un intento de evadir las consecuencias de sus actos.
En otras palabras ¿se puede confiar en alguien? o, como dice el dicho, “la confianza da asco”
Una economía informalizada
La situación por la que ha atravesado el país a lo largo de los últimos 20 años llevó a una cada vez mayor informalización del trabajo. El cierre masivo de empresas llevó a miles de personas a dedicarse a empleos informales.
“Hoy es común observar a cientos de trabajadores recorrer las zonas residenciales del país dirigiéndose a sus trabajos, antes lo hacían hacia zonas empresariales, comerciales o industriales”, señaló el abogado y criminalista Fermín Mármol García.
Es fácil encontrar en las calles a mecánicos, jardineros, albañiles, aseadoras, peluqueras, manicuristas, fisioterapeutas, cuidadoras, pintores, marmolistas; miles de repartidores recorren las calles cargando desde pizzas hasta parabrisas de carros. Taxistas, mototaxistas, vigilantes y un sinfín de profesionales hoy llegan a la puerta de nuestras casas.
«Hoy es común observar a cientos de trabajadores recorrer las zonas residenciales dirigiéndose a sus trabajos, antes lo hacían hacia zonas empresariales, comerciales o industriales”
Fermín Mármol García
Criminalista, experto en seguridad
Pero además la informalización vino acompañada de otra carga: la desaparición de las guías de servicios hizo que el acceso a la información sobre quiénes están disponibles para hacer trabajos en casa fuese prácticamente de boca en boca, a través de redes sociales y de mensajería, o, en el peor de los casos, por ensayo y error en la calle.
Entonces ante una creciente inseguridad, ¿qué medidas puede tomar una persona para contratar personal?
Recomendaciones para minimizar los riesgos
Parece que es algo trillado, pero nunca está de más recordar que la prevención es fundamental para garantizar nuestra seguridad.
El abogado y criminólogo Fermín Mármol García señala que existen medidas para minimizar los riesgos a los que nos exponemos. Asegura que lo fundamental “es conocer a la persona a la que vamos a contratar”
Pregunte a sus vecinos sobre personal en el que pueda confiar.
Si contrata a un desconocido exija currículos, cartas de recomendación o números telefónicos; verifique las credenciales.
Exija la cédula de identidad y fotografías de quienes contratará, que ellos sepan que tienen un expediente y que esa información la compartirá con familiares y amigos.
Si puede, instale cámaras de video vigilancia, visibles e invisibles, intimidan a posibles delincuentes.
Evite el acceso de desconocidos a su casa u oficina.
No deje objetos de valor a la vista: relojes, computadoras, motos, cámaras, dinero, consolas de video, televisores y equipos de sonido son imanes para los asaltantes.


