Un depredador sexual, amparado de su cargo de médico, abusó durante más de 30 años de cientos de niños que fueron confiados a sus manos
Joël Le Scouarnec, de 74 años de edad, un cirujano retirado, hoy se encuentra en el banquillo de los acusados en uno de los juicios más abominables de la historia francesa: la violación sistemática de al menos 299 menores -158 niños y 141 niñas-, muchos de ellos bajo los efectos de la anestesia.
Las audiencias, que se extenderán hasta junio, exponen los crímenes de un depredador serial meticuloso y quien habría pasado sin ser visto, de no ser por una niña de seis años. El sistema también debe enjuiciar el silencio cómplice de su entorno familiar, social y profesional, así como las fallas de un entramado que lo protegió durante décadas en las que abusó de cientos de niños.
Le Scouarnec, especialista en cirugía digestiva, forjó una carrera aparentemente intachable en hospitales públicos y privados desde 1980. Casado con Marie France —auxiliar de enfermería— y padre de tres hijos, su vida dual quedó al descubierto en 2017, cuando una vecina de seis años destapó los abusos a los que la sometía. Tras allanar su casa en Jonzac, la policía halló 300.000 imágenes de pornografía infantil, juguetes sexuales y diarios donde registraba cada abuso con detalles clínicos: nombres, fechas y dibujos explícitos. La primera anotación data de 1980.
Sin embargo, la historia del depredador sexual era conocida desde antes; en 2004 el FBI notificó a Francia sobre la compra de material ilegal en la deep web por parte del médico, que fue condenado a cuatro meses de prisión en 2005, pero en un inexplicable acto de corresponsabilidad, las autoridades médicas no revocaron su licencia.
Un año más tarde, el psiquiatra Thierry Bonvaló advirtió sobre su peligrosidad, pero fue ignorado por sus colegas. Su esposa, que desde 1996 conocía de su afición pedofílica, tampoco actuó, solo se separó. “Retomaré mis actividades pedofílicas”,escribió en uno de sus diarios el criminal tras un breve distanciamiento con su esposa.
El modus operandi del criminal era realmente siniestro: aprovechaba que sus víctimas, de entre seis y 11 años de edad, estaban sedadas por procedimientos quirúrgicos para abusar de ellas en salas de recuperación.
Muchas víctimas descubrieron su trauma décadas después. Amélie Lévêque-Merle (37), quien fue violada durante una apendicectomía a los 11 años, dijo a la policía: “Mi cuerpo recordó antes que mi mente”. Otras, como María, enfrentaron crisis al revivir memorias reprimidas.
En 2020, Le Scouarnec recibió 15 años por violar a cuatro menores, incluida su sobrina. Hoy, enfrenta 20 años más por 299 agresiones. El proceso además debe enjuiciar a una sociedad que lo encubrió: colegas que omitieron protocolos, familiares que priorizaron el secreto, y un sistema legal lento.
Mientras Francia se estremece ante un nuevo caso de abuso y violencia sexual, las víctimas exigen algo más que una sentencia: piden que su dolor no se archive como un expediente más. La pregunta persigue a todos: ¿Cuántos lobos siguen ocultos en las tierras galas, disfrazados de médicos, o de aparentes buenos esposos?

