Mensajes y posts amplifican el odio contra las mujeres y el feminismo, mientras los femicidios mantienen un ritmo preocupante
Un día cualquiera te aburres de lo que estás haciendo y decides entrar a tu red social favorita. Ves un video de un hombre y una mujer en una competencia de karate, el hombre de una contextura mucho mayor que la de su competidora le da una patada y la noquea. En los comentarios se celebra la paliza con un casi unánime “igualdad de derechos, igualdad de consecuencias”.
Los videos se repiten sin parar: mujeres cacheteadas, pateadas, arrojadas al piso, embestidas, ataques a grupos feministas. Las agresiones se convierten en una constante que no se limita a las mujeres, sino que también ocurre con inmigrantes y minorías.
Otros cientos de videos muestran a influencers de sexo masculino enseñando a ser “machos alfa”, sustituyendo una normal inseguridad por conductas claramente tóxicas, egoístas, abusivas e insensibles.
Pero la cosa no se queda allí: también vemos a creadoras de contenido con millones de seguidores “enseñar” a sus pares femeninas cuál debe ser el papel de la mujer en el hogar y en la calle, que se limita a ser obedientes y a serviles al “buen proveedor”.
Somos bombardeados por videos de contenido violento, altamente sexual, radicalmente político o religioso, desinformador o manipulador, definitivamente algo está pasando con los algoritmos.
El misterioso algoritmo
La gran mayoría de nosotros no sabe qué son estos algoritmos. Los vemos como una lejana fórmula matemática que es vital para el funcionamiento de las redes sociales, pero desconocemos cómo.
El algoritmo es un conjunto de fórmulas y reglas matemáticas que, en las redes sociales, determinan el contenido que el usuario consume. Tomando en cuenta intereses, comportamientos y patrones de interacción de cada usuario en particular.
«Cuando se dan cambios en las sociedades, siempre habrá un sector de esa sociedad que es conservador, y que responderá con violencia ante los cambios que se están dando»
Aimeé Zambrano
Coordinadora de Utopix
Entonces si hay millones de personas creando contenidos y millones más consumiendo, el algoritmo determinará qué verá cada quien de acuerdo a sus “me gusta”, búsquedas, interacciones, comentarios positivos o negativos; cada segundo que permanece conectado a una foto o video forma parte del patrón de consumo que el algoritmo tomará en cuenta. Además presentará contenidos fuera de ese patrón para ampliar lo que vemos y así mantenernos conectados.
El algoritmo tiene restricciones que pueden ser flexibilizadas para proteger al usuario. Hubo un tiempo en que el contenido violento, sexista, de abuso, maltrato, xenófobo, desinformador, polarizador, pornográfico o peligroso, era rechazado, no priorizado, o eliminado para desestimular ese tipo de conductas; pero en los últimos meses todo cambió y las redes se convirtieron en un espacio tóxico que moldea nuestra perspectiva de la realidad.
Es así como, de pronto, últimamente nuestro timeline se llenó contenidos tóxicos y se hicieron mucho más visibles la violencia, el sexo, golpizas, accidentes, muertes, mensajes machistas, sexistas, hipersexualización de menores, hipernacionalismo, desinformación, antivacunas, terraplanistas, extremismos políticos y religiosos, mentiras, manipulaciones, dietas extremas y curiosamente miles de videos de rusos “machos y fuertes”.
Misoginia virtual
La propagación de mensajes misóginos en plataformas como TikTok, Instagram, X (antes Twitter) y foros en Internet ha normalizado actitudes que, lejos de ser meras expresiones, se han convertido en preludio de violencia física. La celebración de golpizas, justificando una supuesta igualdad de género, no hace más que aupar el uso de la violencia contra las mujeres.
Estudios recientes, como los realizados por el Centro Reina Sofía en España, dejan en evidencia que más del 50% de los jóvenes varones consideran que la promoción de la igualdad discrimina a los hombres, mientras que un 23% cree que la violencia por razones de género en contra de las mujeres es un mero “invento ideológico”.
Estas percepciones, alimentadas por una “manosfera” tóxica, se suman a una retórica antifeminista que se replica sin control en la red por parte de creadores de contenido que se dedican a multiplicar mensajes que pueden ser muy peligrosos.
Justificando la violencia
Recordemos que el año 2024 cerró con una cifra estremecedora: 185 mujeres asesinadas por razones de género en Venezuela. Cada 47 horas, una mujer fue víctima de un femicidio consumado, y cada 41 horas, otra sobrevivió a un intento, según informes de la ONG Utopix.
Aimee Zambrano, coordinadora de investigación de la organización, advierte que aunque hubo una leve reducción en comparación con el año anterior, “no es un triunfo, es el reflejo de un subregistro que crece. Muchos crímenes quedan en la sombra, especialmente en zonas rurales”.
El problema es que en una sociedad machista, donde no existen educación para la igualdad de géneros, ni campañas de sensibilización, los mensajes misóginos reafirman conductas peligrosas, e incluso se convierten en justificativos de acciones violentas.
«Los mensajes misóginos nunca han dejado de ocurrir. No es que haya un aumento, es que siempre han estado presentes atacando a las mujeres»
Aimeé Zambrano
Coordinadora de Utopix
Para Zambrano los mensajes misóginos no han dejado de existir, “siempre han estado presentes, lo grave es que las redes sociales los multiplican, lo que aunado a la violencia que se publica sin control alguno, se normaliza un tipo de conducta que es un riesgo a la seguridad de las mujeres”.
En relación a los influencers que impulsan la “masculinidad tóxica”, la activista señala: «Emiten mensajes dirigidos a los jóvenes, y adolescentes, a quienes les dan estrategias sobre cómo dominar a las mujeres».
¿Control o autorregulación?
El gran problema ante la proliferación de este tipo de mensajes, es cómo afrontarlos, qué debe hacer la sociedad para enfrentar un incremento en este tipo de mensajes, como evitar que se normalice la agresión.
“Creo que este tipo de mensajes deben ser regulados, hay países donde se están desarrollando protocolos para regular este tipo de violencia, que se denomina violencia digital de género o violencia de género facilitada por la tecnología”. aseguró Aimee Zambrano.
Concluyó señalando que muchos países trabajan en cómo regular este tema, “no solo en redes sociales, también en redes de mensajería como WhatsApp y Telegram, es importante atajar este tipo de problemas, creo que si se toman medidas como la educación, tanto para niños, jóvenes y adultos, podemos cambiar este panorama que es preocupante”


