La salud mental de niños,niñas y adolescentes debe ser una prioridad para las autoridades (Imagen generada por IA)

Salud mental infantil: una crisis por atender

La influencia de las redes sociales y la crisis por la que atraviesa el país han dejado millones de víctimas colaterales: niños, niñas y adolescentes cuya salud mental enfrenta una crisis alarmante

El pasado fin de semana, una noticia se propagó como pólvora en la apacible comunidad de El Vigía, en el estado Mérida. Lo que al principio era un rumor sobre la muerte de un pequeño de apenas 12 años, horas más tarde se confirmó: el deceso del niño había sido por suicidio. Según las versiones preliminares, el niño tomó la decisión en represalia contra sus familiares, quienes le habían quitado el teléfono.

La noticia salió pronto de las fronteras merideñas y se multiplicó a través de las redes sociales. De nuevo, porque no es el único hecho similar, los usuarios comenzaron a expresar opiniones sobre el horror que vivía esa familia y a emitir sus diagnósticos sobre la sociedad enferma.

No es un secreto que en nuestro país la salud mental de niños, niñas y adolescentes se encuentra en estado crítico, lo que se ha visto exacerbado por una crisis socioeconómica y humanitaria prolongada en el tiempo.

La hiperinflación, la escasez de bienes básicos, la inseguridad en todos sus sentidos y la inestabilidad política han creado un ambiente de incertidumbre que impacta directamente la calidad de vida de las familias y de los más jóvenes.

Este contexto ha llevado a un deterioro significativo del bienestar psicológico de niños, niñas y adolescentes, quienes son especialmente vulnerables a los efectos adversos de estas circunstancias.

Un panorama en ruinas

Uno de los grandes problemas en esta materia es la falta de cifras gubernamentales sobre la salud mental de la población en general. En el caso de la población juvenil, esto dificulta la comprensión de la magnitud del problema.

“Es importante crear espacios de diálogo y apoyo emocional, así como darle una mayor visibilidad y discusión a temas como el suicidio que es un problema de salud pública”

Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP)

Organizaciones no gubernamentales (ONG) e instituciones internacionales han documentado un incremento en problemas como la depresión y la ansiedad. Según Cecodap, los síntomas de depresión en niños aumentaron del 9% en febrero de 2020 al 31% en junio del mismo año, cuando el mundo implementaba las primeras medidas para contener la pandemia del Covid-19, medidas que también se aplicaron en el país, incluido el confinamiento.

Un año después, Abel Saraiba, psicólogo social de Cecodap, señaló en una publicación de La Voz de América: “Estamos viendo una mayor preocupación, un sentimiento de desesperanza, pocas perspectivas de mejora en el corto o mediano plazo. Los niños y adolescentes resienten que su familia no está disponible emocionalmente para ellos, y no ven con claridad una mejoría en lo social”. Esta falta de apoyo emocional se tradujo en un aumento de la angustia y la desesperanza entre los jóvenes.

El suicidio: una realidad alarmante

Un dato particularmente preocupante es que la intención suicida entre niños y adolescentes alcanzó su nivel más alto en los últimos siete años durante 2023, según Unicef. Este aumento es un indicador crítico de angustia y desesperanza en la juventud venezolana. El Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) ha registrado un incremento en las tasas de suicidio adolescente, pasando de 20 casos en 2020 a 49 en 2022, con un número alarmante de víctimas menores de 12 años.

Saraiba ha indicado que la ideación suicida en niños y adolescentes ha aumentado significativamente. Un informe de Cecodap de 2023 reveló que el 37,6% de los casos atendidos por ellos durante el primer semestre eran de niños y adolescentes en riesgo suicida, un incremento del 17,9% en comparación con el mismo período del año anterior.

El OVV identificó varios factores que contribuyen al aumento de los casos; entre ellos, se incluyen la crisis social y económica por la que atraviesa el país, la falta de apoyo emocional en las familias, el bullying y el acoso, además del impacto que tuvo la pandemia.

La ONU ha hecho llamados a la sociedad para que se involucre en la prevención del suicidio adolescente, enfatizando que “el suicidio es una de las causas de muerte de los adolescentes y jóvenes entre 15 y 29 años en nuestro país. Este alarmante dato resalta la urgencia de implementar políticas públicas efectivas para abordar esta problemática.

Falta de supervisión y redes, una mezcla peligrosa

La influencia de las redes sociales y plataformas de streaming también ha sido objeto de estudio debido a la exposición a contenidos no aptos para menores, así como a otros efectos, como la adicción a las redes, la exposición al ciberacoso y otras prácticas nocivas.

Recientemente, una serie de Netflix ha puesto sobre la mesa de la opinión pública temas como el efecto del ciberacoso y la radicalización con series como Adolescence, en la que se abordan estos temas desde perspectivas realistas. Esto podría tener efectos tanto positivos como negativos en los jóvenes dependiendo de la asesoría.

“Las autoridades y la sociedad deben implementen medidas para prevenir el suicidio infantil y juvenil. Esto incluye la creación de programas de salud mental en las escuelas y la capacitación de profesionales para identificar y tratar la ideación suicida”

Abel Saraiba
Psicólogo y coordinador de Cecodap

Aunque al visibilizar estos temas se puede generar conciencia sobre la problemática de la salud mental, también existe el riesgo de exponer a los adolescentes a ideologías tóxicas si no cuentan con orientación sobre el contenido que consumen.

El peligro real de las redes

Los retos virales peligrosos han cobrado vidas en Venezuela. A finales de 2024, una ola de intoxicaciones, en su mayoría ocurridas en el interior del país y presuntamente vinculadas a retos virales, provocó la muerte de tres adolescentes y dejó más de 300 intoxicados.

Analistas han estudiado el fenómeno de la polarización y la radicalización de personas impulsados por las redes sociales, han detectado casos de grupos extremistas que reclutan a sus seguidores y difunden mensajes a través de plataformas de mensajería, foros en línea y redes sociales que les permiten captar a cada vez más seguidores.

La necesidad de aceptación social durante la niñez y la adolescencia puede impulsar a los jóvenes a unirse a grupos de los que no comprende los peligros y las implicaciones involucradas, especialmente considerando que el algoritmo de las redes sociales tiende a priorizar el enganche por encima del bienestar de los usuarios.

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