La violencia por razones de género acaba con cientos de vidas útiles año tras año, destruyendo hogares y marcando vidas (Imagen creada con Inteligencia Artificial)

Venezolanas sin voz: Estrategias documentadas para frenar la masacre femicida

En Venezuela, la violencia de género mata a una mujer cada 57 horas. Exploramos las soluciones del BID para frenar esta masacre silenciosa.

La Violencia Basada en Género (VBG) es un problema crítico en Venezuela, con un lamentable saldo anual de mujeres asesinadas. A pesar de la falta de cifras oficiales, organizaciones como Utopix y Cotejo.info han documentado un alarmante subregistro. En el primer semestre de 2025, se registraron al menos 76 femicidios en el país y 59 de venezolanas en el exterior.

El patrón de violencia muestra un aumento en la crueldad, incluyendo tortura y abuso sexual, mientras que la impunidad persiste. Aunque las autoridades hacen declaraciones esporádicas, no se han implementado medidas efectivas.

Un problema que parece no ser considerado por las autoridades, quienes no toman medidas para enfrentar y derrotar un drama que cobra decenas de vidas mensualmente.

Ante esta realidad, encontramos iniciativas como la del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) quien tiene una hoja de ruta con programas probados que abordan la transformación de normas sociales, el empoderamiento femenino y la mejora de la respuesta institucional como respuestas a esta realidad.

El dolor que se cuenta en subregistros: Cifras de la violencia

La violencia machista en Venezuela se mide en un doloroso subregistro que no se detiene. Según el monitoreo del colectivo Utopix, en el primer semestre de 2025 se contabilizaron 76 posibles casos de femicidios consumados en el país. Esta cifra es solo la punta del iceberg, ya que un informe de Cotejo.info sitúa el número de mujeres asesinadas en 57 para el mismo período. Una disparidad en los datos que debe ser considerada y que puede deberse a la metodología implementada para hacer la cosecha de los datos, sin embargo subraya las implicaciones de la falta de estadísticas oficiales.

«La media de femicidios consumados en 2025 se ha calculado en un femicidio cada 57 horas al cierre del primer semestre»

Informe de Utopix
Primer semestre de 2025

Pero la masacre de mujeres venezolanas no se limita al país; durante el primer semestre de 2025, Utopix registró al menos 59 femicidios de venezolanas en el exterior.

¿Una hoja de ruta para frenar la violencia?

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a través de su Plataforma de Evidencias en Seguridad y Justicia, ha organizado soluciones y casos de seguridad evaluados rigurosamente. 

En primer lugar plantean transformar las normas sociales con programas que buscan cambiar actitudes y comportamientos para prevenir la violencia. Entre estos destaca el Activismo Comunitario con programas como SASA!, implementado en Uganda y que demostró ser efectivo. 

Además encontramos Programas Escolares que abordan la violencia sexual y de noviazgo. Los más eficaces son largos y utilizan enfoques de aprendizaje participativo. La participación activa de los padres se asocia con una mayor reducción de la violencia física.

El Empoderamiento Económico y Apoyo son otras iniciativas de intervención que fortalecen la autonomía de las mujeres para que abandonen relaciones abusivas o reduzcan el estrés que desencadena la violencia.

Empoderamiento Económico y Social: Programas como IMAGE (Suráfrica) y Ciudad Mujer (El Salvador) han sido clasificados como efectivos. Combinan apoyo económico (microcréditos, transferencias) con capacitación social.

Además hay planes de Transferencias Económicas: Siete de trece estudios mostraron resultados positivos. Un programa en Ecuador fue clasificado como «efectivo» para reducir agresiones sexuales y violencia contra la mujer al mejorar la seguridad económica familiar.

Apoyo a las víctimas

Los programas de Asistencia a Víctimas y el Sistema de Justicia se centran en el apoyo directo a las sobrevivientes y en la respuesta institucional. La Asistencia a Víctimas son programas psicoterapéuticos como Terapia de Procesamiento Cognitivo efectivos para reducir los síntomas del trastorno de estrés postraumático (TEPT) en víctimas de violencia sexual.

Además existen Programas con Agresores, como la Terapia Cognitivo Conductual considerada como el modelo más eficaz, requiere que las intervenciones sean largas (más de 16 semanas) para reducir la reincidencia.

En el área de Respuesta Institucional encontramos el Monitoreo Electrónico de Agresores Sexuales, que ha demostrado una disminución significativa de la reincidencia. Los Tribunales Especializados en Violencia Contra las Mujeres es otra medida prometedora que se traduce en una reducción de la reincidencia en 2,77%.

Acercándose a las familias 

Además están citados programas de Intervenciones familiares y holísticas, considerados “cruciales” porque la violencia de pareja está asociada con la violencia contra los niños.

«La evidencia sugiere que las intervenciones más exitosas para prevenir la violencia de género son aquellas que son integrales, intensivas y sostenidas»

División de Seguridad Ciudadana y Justicia
Banco Interamericano de Desarrollo

Los Programas de Parentalidad son una estrategia para prevenir el comportamiento antisocial en los hijos. Abordar la crianza positiva puede reducir la violencia de pareja.

Buscar soluciones es la respuesta al drama

A modo de conclusión, la realidad venezolana está marcada por una masacre silenciosa que cobra la vida de mujeres a una tasa alarmante de un femicidio cada 57 horas durante el primer semestre de 2025. 

La impunidad, los patrones de ensañamiento y la falta de un registro oficial consolidado, tal como se detalla en los monitoreos de Utopix y Cotejo.info, subrayan la necesidad de una respuesta sistémica. 

Iniciativas como la presentada por el BID abren un camino de esperanza al demostrar que existen intervenciones «integrales, intensivas y sostenidas» que son efectivas. Desde la transformación de normas sociales a través del activismo comunitario y programas escolares, hasta el empoderamiento económico y la mejora en la respuesta del sistema de justicia, las herramientas para combatir esta violencia existen y han sido probadas, solo falta el compromiso de aplicarlas. 

La verdadera conclusión es que la urgencia de la crisis debe ser el catalizador para la implementación de políticas públicas con base científica. El reto que enfrentamos es pasar de la denuncia a la acción, de las cifras del terror a las estrategias de vida, para así construir un futuro en el que ser mujer no sea una condena y la dignidad sea un derecho que no se negocia.

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