Bruno Lüdke pasó de ser un asesino temible a convertirse en una víctima del sistema judicial nazi (Foto cortesía)

Sombras del Mal: Bruno Lüdke ¿asesino serial o víctima del nazismo?

Un hombre con problemas mentales fue señalado de más de 80 asesinatos en la Alemania nazi, la historia lo ha redimido

El caso de Bruno Lüdke, conocido como «el Asesino de Köpenick», es un sombrío expediente que expone las contradicciones y el oscurantismo del Tercer Reich. A pesar de ser catalogado como un brutal asesino en serie con más de 80 víctimas, su historia está marcada por profundas dudas sobre la veracidad de sus crímenes y el uso político de su caso.

Bruno Lüdke nació en Köpenick, Alemania, en abril de 1908. Fue un hombre con severas limitaciones mentales. Un golpe en la cabeza en su niñez afectó sus facultades de aprendizaje. Su comportamiento errático incluyó maltrato animal. En 1922 abandonó el sistema educativo y se dedicó a trabajar en el negocio familiar de lavandería. 

El caso que detonó la investigación policial ocurrió en enero de 1943, cuando unos niños encontraron el cuerpo de una viuda de 59 años, Frieda Rössener, estrangulada, violada y robada. La policía solicitó apoyo a Berlín para resolver el crimen.

Las pesquisas condujeron a Bruno Lüdke, un hombre de gran tamaño que la gente del pueblo calificaba de “tonto” o “bruto”. 

Su detención se produjo tras ser interrogado por unas manchas de sangre en su ropa, que él alegó eran de una gallina. Tras intensos interrogatorios, confesó ser el responsable de una macabra serie de crímenes que se extendía desde 1928 e incluía el asesinato de 51 mujeres.

Pero sus confesiones estaban plagadas de inconsistencias e incertidumbre. Era incapaz de proveer detalles correctos sobre los lugares y circunstancias de los homicidios que le imputaban. Confesó haber matado en ciudades como Múnich, Hamburgo y Berlín, pero al ser llevado a esos sitios, no sabía dónde estaba.

El informe de sus presuntas atrocidades llegó a manos de Heinrich Himmler, comandante en jefe de las SS, quien ordenó investigar el caso y no tardó en sospechar que Lüdke confesaba crímenes que no había cometido.

Debido a las crecientes dudas sobre la autoría real de muchos de los asesinatos, la justicia nazi determinó que por sus deficiencias mentales no podía ser enjuiciado por sus actos.

En lugar de un juicio público, Bruno Lüdke fue declarado irresponsable y trasladado a  instituciones mentales y hospitales, donde fue usado como “conejillo de indias” en experimentos para “curar su enfermedad”. Su vida terminó de manera forzada: fue castrado y ejecutado mediante una inyección letal en una prisión policial de Viena el 8 de abril de 1944.

El caso de Bruno Lüdke ha sido reinterpretado en la historia reciente, sugiriendo que las autoridades nazis, ávidas de proyectar una imagen de control absoluto sobre el crimen, le atribuyeron docenas de asesinatos no resueltos. 

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