Andrés Ulises Castillo Villarreal, “el descuartizador de Chihuahua”, actuó durante seis años, en los que asesinó al menos a 12 personas (Imagen generada por inteligencia artificial)

Sombras del Mal: El descuartizador de Chihuahua

Durante seis años un violento descuartizador atacó y asesinó al menos a 12 hombres en el estado de Chihuahua

Andrés Ulises Castillo Villarreal, conocido tristemente como «el Descuartizador de Chihuahua» o «el Descuartizador del Desarrollo Urbano», escribió uno de los capítulos más oscuros en la historia criminal del estado mexicano de Chihuahua. Durante seis años al menos 12 personas fueron asesinadas y descuartizadas.

Los crímenes ocurridos entre 2009 y 2015, fueron cometidos por un hombre de quien pocos sospechaban, un humilde albañil quien escondía un violento asesino serial cuya brutalidad y modus operandi perturbaron profundamente a la sociedad mexicana de inicios del siglo XXI.

Nacido en Chihuahua en 1980, Andrés Castillo tuvo una infancia pobre, y pronto se dedicó a trabajar como albañil en la construcción, pero al poco tiempo se convertiría en sinónimo del crimen y la violencia. Las autoridades policiales le atribuyen la muerte de al menos doce hombres jóvenes, pero las autoridades temen que el número real de víctimas sea superior.

Su método para atraer a sus víctimas explotaba la vulnerabilidad de los jóvenes que buscaban drogas, les ofrecía metanfetaminas como carnada, y los invitaba a que lo acompañaran. Una vez aislados, los jóvenes eran sometidos a ataques violentos que culminaban en violación y asesinato, luego descuartizaba los cuerpos con una sierra, para finalmente abandonar los cadáveres en diversos sectores. Siempre dejaba encima del torso un juguete.

Castillo utilizaba su conocimiento de la zona para llevar a cabo sus crímenes en lugares solitarios y de difícil acceso. El hallazgo del cuerpo de Lorenzo Ernesto Olivas Barrios, de 22 años, en noviembre de 2015, fue el catalizador que puso fin a su racha criminal. El joven desaparecido fue encontrado desmembrado y oculto en su propia residencia, lo que dirigió la investigación directamente hacia Castillo.

La investigación policial, acelerada tras el hallazgo de restos humanos en el patio de una casa abandonada, condujo a la captura de Castillo el 6 de enero de 2016. Durante el arresto, se le encontró en posesión de metanfetaminas.

En 2017, la justicia dictó una sentencia de 120 años de prisión por los múltiples cargos de homicidio agravado y violación. Una condena ejemplar que, sin embargo, no mitiga el dolor ni la secuela de inseguridad que dejó el caso.

El nombre de «el Descuartizador de Chihuahua» no es solo el de un criminal, sino un símbolo del horror cotidiano que se ha vivido en un México cada vez más acostumbrado a la violencia y constituye un llamado urgente a la reflexión profunda sobre las condiciones sociales y psicológicas que permiten la emergencia de este tipo de depredadores. 

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