Asotránsito demanda que las autoridades dejen de multar solo por fallas en documentos y se concentren en penalizar el exceso de velocidad y la distracción, los verdaderos motores de la tragedia. CORTESÍA

La prevención como herramienta para evitar tragedias en las carreteras

Expertos recomiendan controlar la velocidad y el estado de los vehículos, evitar el uso del celular y aplicar sanciones efectivas, como herramientas para frenar la alta siniestralidad

La estadística de la muerte en el asfalto esconde una verdad incómoda: la tragedia que se repite a diario no es un accidente que ocurre al azar, sino que se trata de la consecuencia directa del comportamiento humano. 

Mes tras mes publicamos información sobre las muertes que ocurren en nuestras carreteras y que se reflejan en la cifra de al menos 495 decesos registrados por el Observatorio de Seguridad Vial (OSV) en solo ocho meses, estos datos tienen una explicación muy humana: en su mayoría, ocurren por lo que podríamos denominar “parpadeos de la conciencia”. 

Lilian Romero, vocera de Asotránsito, ha advertido que cerca del 70% de los siniestros en calles, avenidas, autopistas y carreteras se deben a la distracción del actor vial; esta cifra además señala a un artefacto como el detonante de las tragedias, el teléfono celular sería uno de los asesinos ocultos en las calles.

Este enemigo invisible no distingue entre un conductor particular, un peatón o, peor aún, un motorizado, todos somos propensos a ser protagonistas de las tragedias, al desviar nuestras miradas unas milésimas de segundo de la vía, para prestarle atención a un mensaje que llega, una llamada que nos hacen, cambiar de canción o tomar una foto mientras conducimos. 

Los protagonistas de los siniestros viales en un importante número son los motorizados, esenciales para el delivery y el traslado de personas, también son los más vulnerables y reincidentes en el uso del móvil. 

La imprudencia al volante se materializa en el temido «zigzag» que dibujan entre vehículos, una maniobra que desobedece la Ley de Transporte Terrestre y que, mientras no se les garantice un canal seguro, debe ser eliminada por su alto riesgo.

El otro gran asesino: La velocidad

Por su parte Jacobo Vidarte ha sido tajante al señalar que la imprudencia y el exceso de velocidad son la causa del 90% de los casos catastróficos. La velocidad se suma a un parque automotor que envejece en Venezuela, un país donde los repuestos son costosos, pero la realidad económica no justifica a un conductor que se suba a un vehículo con fallas mecánicas y pretenda circular a más de 100 km por hora sin correr riesgos. “La velocidad no perdona,la velocidad mata”: el mensaje es inapelable.

Las intersecciones, fatales y olvidadas

Las zonas de alto riesgo identificadas por el OSV —con Caracas, Carabobo y Aragua a la cabeza— se convierten en escenarios de muerte cuando se ignoran normas preventivas fundamentales que rigen en las ciudades. 

“No excedan los límites de velocidad porque la velocidad mata” 

Lilian Romero
Vocera de Asotránsito

Romero recuerda que en las intersecciones viales, el límite de velocidad debe ser de apenas 15 km/h, un umbral diseñado para proteger al más débil: el peatón. Lamentablemente muchos de los atropellos y colisiones con motorizados ocurren precisamente en estos cruces donde se irrespeta esta regla.

Romero recuerda que, donde el semáforo no existe o está apagado, el peatón tiene la prioridad, pero es una norma que se ignora y los peatones deben asumir su responsabilidad.

Recuerda que es obligatorio, no opcional, cruzar en las esquinas o pasos peatonales y al caminar por las calles evitar la distracción del celular. La prevención aquí no es solo una obligación legal para el conductor, sino un ejercicio de empatía y cortesía que podría reducir significativamente las lesiones graves y las muertes que se registran semanalmente.

Casco y conciencia

El Observatorio de Seguridad Vial (OSV) lo confirma mes tras mes: los motorizados son el actor vial más afectado por los siniestros en Venezuela, liderando las trágicas cifras de fallecidos en los primeros ocho meses del año.

Vidarte enfatiza que el exceso de velocidad y la imprudencia están detrás de casi la totalidad de los eventos catastróficos, y es precisamente en estos escenarios de alto impacto donde el casco deja de ser un accesorio para convertirse en el último escudo entre la vida y la muerte. 

“En el 90% de los accidentes influyen las fallas mecánicas de los vehículos, la imprudencia y sobre todo el exceso de velocidad. Las consecuencias de los siniestros viales son siempre negativas” 

Jacobo Vidarte
Especialista en seguridad

Una caída, un derrape o una colisión, formas de accidentes frecuentes según el OSV, convierten la vía en un riesgo. La prevención pasa por entender el casco certificado como un elemento no negociable, tanto para motorizados como para ciclistas, para amortiguar el trauma craneoencefálico, el tipo de lesión que con mayor frecuencia conduce a la discapacidad de por vida o al deceso.

El deber del Estado en la formación

La prevención efectiva exige que el Estado eleve la seguridad vial a una prioridad política, trascendiendo las esporádicas campañas en redes sociales. Los especialistas critican que el foco de las autoridades esté puesto en las multas burocráticas –por licencia vencida o documentación incompleta– y no en la conducta de riesgo que provoca la tragedia ¿Dónde están las multas por exceso de velocidad, por conducción irresponsable? Esas son las que evitan tragedias”, se preguntó Lilian Romero.

Jacobo Vidarte propone que la licencia de conducir deje de ser un simple «trámite» y se convierta en un «filtro» real que asegure el conocimiento y la ética del nuevo conductor. La formación constante, que debe comenzar en el seno familiar, es la última línea de defensa. 

“La prevención, en este sentido, tiene una profunda implicación social: cada víctima vial no solo es una pérdida humana, sino una persona que engrosa la lista de discapacitados de por vida, generando una carga social y un gasto público insostenible para el país, un costo que podría evitarse aplicando la ley con rigor”, concluyó Romero.

Por ello, la exigencia es contundente: las autoridades deben implementar multas y sanciones que castiguen la imprudencia –el exceso de velocidad, la distracción y el no uso del cinturón–, pues son estas las únicas que tienen un efecto disuasorio y preventivo. La seguridad vial no es solo un asunto de tráfico; es un asunto de justicia social.

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