Nacida en un código postal de Texas, esta red utiliza ideología extremista para coaccionar a adolescentes vulnerables
Uno de los grandes mitos para asustar a los niños sobre los peligros de la calle es decirles que los depredadores son extraños ocultos tras las sombras que buscan hacerles daño, pero la realidad es mucho más aterradora, están muy cerca, por lo general, en la misma familia o en el entorno de las víctimas.
Pero en esta era digital, los depredadores no acechan solo en el mundo real; también se esconden detrás de avatares en plataformas de juegos y mensajería. Durante los últimos años, las autoridades internacionales han destapado una de las redes de explotación infantil más perturbadoras de la última década: el Grupo 764.
Esta organización, que el FBI investiga activamente en más de 250 expedientes este año, se autodefine bajo una estética de «secta neonazi y satánica». Sin embargo, detrás de la fachada ideológica, se esconde una maquinaria criminal diseñada para la extorsión sexual y la tortura psicológica de menores de edad y, lo más desconcertante de todo, es que la mayoría de sus integrantes son adolescentes, o jóvenes menores de 30 años.
El origen de este grupo se remonta a 2021, fundado por Bradley Cadenhead, un adolescente de Stephenville, Texas. El nombre de la organización no es un código críptico, sino una referencia geográfica: «764» es el código postal de su localidad de nacimiento. Lo que comenzó en Estados Unidos se ha transformado en una amenaza global descentralizada que opera impunemente en Discord, Telegram y redes de juegos como Roblox.
La crueldad como método de control
El modus operandi del Grupo 764 es de una violencia inusitada y se centra en la vulnerabilidad emocional. Los miembros de la red perfilan a sus víctimas en comunidades virtuales, chats de videojuegos y de redes sociales: Buscan específicamente a adolescentes con cuadros depresivos, problemas de salud mental o baja autoestima.
«El objetivo principal de la red es atraer y manipular a adolescentes vulnerables, especialmente aquellos con problemas de salud mental o depresión, para explotarlos sexualmente y coaccionarlos a cometer actos autodestructivos»
Informe del FBI Sobre el perfil de las víctimas del Grupo 764
Una vez establecido el contacto, comienza una fase de manipulación y terror psicológico en salas de chat cerradas. El objetivo es obtener material de abuso sexual infantil que es usado tanto para extorsionar a los menores como para vender videos y fotos a redes de pedófilos; con esto en mente logran la destrucción de la psique de los menores.
Según los informes de las agencias de seguridad, los criminales coaccionan a las víctimas para que realicen actos atroces: «Señales de sangre», los inducen a autolesionarse y mostrar las heridas como prueba de obediencia. Muchas veces los presionan para que transmitan en vivo esos actos.
Además manipulan a las víctimas haciéndoles sentir insignificantes, utilizando el miedo para evitar que busquen ayuda.
Uno de los aspectos más preocupantes es que a través de operaciones realizadas en la Dark Web, venden el material pornográfico y violento a redes de pedófilos, y otros aberrados, con lo que logran financiarse.
Una hidra de mil cabezas
La estructura del Grupo 764 dificulta enormemente la labor policial. Al operar como una red de células autónomas y horizontales, la detención de un líder no desmantela la organización completa.
A pesar de esto, 2025 ha sido un año clave en la lucha contra esta red. El Departamento de Justicia de Estados Unidos logró arrestos significativos, incluyendo los de Leonidas Varagiannis (21 años) y Prasan Nepal (20 años), acusados de orquestar redes de explotación. Asimismo, el fundador Bradley Cadenhead enfrenta cargos federales por la creación y liderazgo del grupo.
«Estas acciones son parte de un intento deliberado de destruir el orden civilizado y fomentar el caos social, con tintes neonazis y satanistas»
Pam Bondi
Fiscal General de EEUU
Sobre la ideología detrás de la red
El alcance es terrorífico por su globalidad. Se ha confirmado la presencia activa de células en España, Brasil, Alemania, Grecia, Australia y Rumania. En Brasil, una operación policial reciente logró desmantelar un subgrupo que, además de la explotación sexual, planeaba ataques terroristas, demostrando que la violencia digital tiene consecuencias reales y físicas.
La fiscal general de EEUU, Pam Bondi, ha sido contundente al calificar estas acciones no solo como crímenes sexuales, sino como «un intento deliberado de destruir el orden civilizado y fomentar el caos social», utilizando simbología extremista para amplificar el terror.
Cómo proteger a los menores en el entorno digital
La naturaleza oculta de grupos como el 764 hace que la prevención en el hogar sea la primera línea de defensa. Los padres y representantes deben estar atentos a cambios drásticos en el comportamiento de los adolescentes.
Deben estar alerta ante hechos como:
Aislamiento repentino: Sospeche cuando pase muchas horas encerrado o se muestre excesivamente reservado con sus dispositivos.
Verificar si hace cambios de plataformas: El uso intensivo y secreto de aplicaciones como Discord o Telegram son causas para sospechar, especialmente si no era usuario habitual de ellas, verifique qué redes usa y cuánto tiempo invierte en ellas.
Esté atento a la aparición de lesiones: Cortes, moretones o marcas inexplicables en el cuerpo. Muchas veces las jóvenes se cortan en lugares ocultos, piernas, senos, nalgas, así que la madre debe estar atenta a esas lesiones.
Alteraciones del sueño y del ánimo: Irritabilidad extrema, depresión súbita o miedo a dejar el teléfono son otras señales que debe observar con suspicacia.
Las autoridades recomiendan mantener abierta la comunicación con los menores, supervisar el uso de plataformas de mensajería y, ante la sospecha de acoso o extorsión (grooming), no borrar las pruebas y acudir inmediatamente ante las autoridades competentes, Cicpc, Fiscalía, Consejos de Protección, denunciar en las plataformas digitales correspondientes y sobre todo brindarle primeros auxilios psicológicos al menor y familiares para disminuir el impacto del abuso.


