La propiedad en el condado de Calaveras, en California, era un búnker donde cometieron decenas de terribles torturas y asesinatos (Foto cortesía)

Sombras del Mal: El horror de Wilseyville

Una pareja de hombres que se preparaba para sobrevivir al apocalipsis nuclear asesinó al menos a 11 personas

El robo de una herramienta de 75 dólares puso al descubierto cómo un par de hombres crearon una de las “Casa de los Horrores” más sádicas de California. Leonard Lake y Charles Ng orquestaron un plan de exterminio, esclavitud sexual y supervivencia apocalíptica que dejó tras de sí 20 kilogramos de huesos humanos y un legado de maldad pura.

Lo que comenzó como una detención policial estándar al sur de San Francisco el 2 de junio de 1985, se transformó en la apertura de la Caja de Pandora criminal más oscura de la década de los ‘80. 

Un hombre asiático, identificado luego como Charles Ng, intentó robar un tornillo de banco, pero no pudo y huyó dejando tras de sí a su cómplice, Leonard Lake. Al verse detenido, Lake ingirió una cápsula de cianuro escondida en la solapa de su camisa, muriendo en la comisaría, llevándose a la tumba los secretos inmediatos de sus crímenes, pero dejó la puerta abierta a un descubrimiento dantesco.

La pesquisa condujo a las autoridades a una remota propiedad en Wilseyville, en el condado de Calaveras. Allí Lake, un exmarine obsesionado con la pornografía y diagnosticado con trastorno esquizoide, había construido un búnker fortificado, que además era el escenario de la «Operación Miranda», un plan que había bautizado en honor a un personaje de la novela The Collector de John Fowles.

El objetivo de Lake era sobrevivir a un holocausto nuclear repoblando la tierra con una colección de esclavas. Para ello, convirtió su rancho en una cámara de selección y tortura donde él y Ng, un desertor de los Marines, hijo de padres adinerados de Hong Kong, dieron rienda suelta a sus perversiones.

Durante el allanamiento y requisas posteriores, la policía desenterró 12 cadáveres en tumbas poco profundas y encontró fragmentos de huesos humanos carbonizados, que pesaban más de 20 kilos. Se estima que el número de víctimas oscile entre 11 y 25 personas.

Entre sus víctimas había familias enteras, como los Dubs y los Bond, vecinos de los asesinos. Lo más perturbador para los detectives fue el hallazgo de videos caseros. En ellos, Lake y Ng grabaron las torturas y violaciones de sus cautivas, incluidas Brenda O’Connor y Kathleen Allen. En las grabaciones, Lake explicaba fríamente a sus víctimas que de su cooperación dependería si serían esclavas sexuales o si serían ejecutadas.

Aunque Lake no pudo ser enjuiciado debido a que se suicidó, Charles Ng inició una fuga internacional que terminó en Calgary, Canadá, donde fue arrestado tras, irónicamente, otro robo en una tienda y un tiroteo con un guardia de seguridad.

El proceso judicial fue una maratón de tecnicismos. Ng intentó manipular el sistema legal durante años, despidiendo abogados y retrasando su extradición hasta 1991. Finalmente, en 1999, un jurado lo condenó a muerte por el asesinato de 11 personas, cerrando el caso más costoso y largo en la historia judicial de California.

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