Gavin Rivers Weisenburg y Tanner Christopher Thomas trabajaron para hacer realidad su desquiciado plan (Fotos cortesía)

Sombras del Mal: El salvaje sueño de dos amigos

Dos norteamericanos pasaron de las locuras que se hablan durante una noche de alcohol y drogas a planificar la invasión de una isla extranjera

Una noche del verano del año 2024 dos amigos compartían, y entre drogas y tragos, tuvieron una idea a todas luces descabellada: Invadir una isla del Caribe, asesinar a todos los hombres y esclavizar a los sobrevivientes. 

La loca idea de pronto comenzó a materializarse en una conspiración. Silenciosa y metódicamente, durante casi un año, Gavin Rivers Weisenburg y Tanner Christopher Thomas trabajaron para hacerla realidad. En el centro de este plan, estaba la isla de La Gonave, territorio de Haití con una población de unas 87.000 personas, marcadas por la pobreza y la vulnerabilidad.

Los dos jóvenes tejanos, borrachos por las ideas hollywoodenses, supremacistas blancos y de “superioridad americana”, desarrollaron un plan de una brutalidad extrema en el que, tras una masacre, obtendrían miles de esclavos sexuales, mujeres y niños, para producir pornografía.

La meticulosidad con la que abordaron su plan fue lo que, paradójicamente, levantó sospechas y motivó la investigación. Las autoridades federales no solo hallaron intenciones, sino acciones preparatorias concretas que dieron cuerpo a la acusación.

Thomas se enlistó en la Fuerza Aérea de EEUU con la intención de recibir el entrenamiento militar necesario para ejecutar la invasión, y Weisenburg se matriculó en una academia de bomberos en Texas para aprender sobre comando y control. Al ser expulsado viajó a Tailandia para adquirir conocimientos de navegación marítima que usaría para lograr la invasión.

Además, planificaron comprar un velero, armas y municiones para transportar a sus futuras tropas y pertrechos hasta La Gonave. Viajaron a Washington. donde intentaron reclutar a un grupo de personas sin hogar para entrenarlos militarmente, ellos serían la carne de cañón que llevaría a cabo la invasión. Tanto Weisenburg como Thomas estudiaron creole, el idioma haitiano, para facilitar el éxito de sus planes.

El complot fue abortado cuando el FBI, la Oficina de Investigaciones Especiales de la Fuerza Aérea y agencias locales detuvieron a los implicados y los imputaron de conspiración para asesinar, mutilar o secuestrar en un país extranjero, conspiración para violar mujeres y niños en un país extranjero y conspiración para producir pornografía infantil. Enfrentan un juicio que podría culminar con condenas de entre 15 años de prisión y cadena perpetua.

De acuerdo a sus defensores, ambos se declararán inocentes, se espera un juicio mediático en el que se debatirá si los implicados pueden ser enjuiciados por planes no concretados y delitos no cometidos, al no tener la capacidad real de ejecutarlos.

Las consecuencias de los discursos incendiarios y sus implicaciones éticas al fundamentarse en discursos de superioridad étnica y económica son evidentes. Además, el caso deja al descubierto, una vez más, las desigualdades norte-sur. 

Los ideólogos del plan no pensaron llevarlo a cabo en su propia nación o en países desarrollados, buscaron un país pobre y en crisis, buscaron una población vulnerable para ejecutarlo con el fin de asesinar a miles de personas, explotar a mujeres y niños, todo a cambio de dinero.

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