Frances Glessner Lee y el patólogo Alan Richards Moritz elaborando uno de los dioramas con los que enseñaría a detectives cómo investigar crímenes (Foto cortesía)

Sombras del Mal: Las ciencias forenses nacieron entre tejidos e hilos

La historia de una mujer que rompió los paradigmas establecidos para convertirse en la primera capitana de policía de EEUU

CSI, una de las series más importantes de la televisión, rompió el molde al ser la primera en mostrar una visión científica de la investigación policial. Sus seguidores recordarán la historia de un asesino serial cuya firma característica era la elaboración de miniaturas o dioramas de las escenas de los crímenes. 

Los capítulos dedicados a la “Asesina de las Miniaturas” fueron un homenaje a Frances Glessner Lee, considerada por muchos como la madre de las ciencias forenses. 

La vida de Frances Glessner Lee es de por sí una historia que merece ser contada, ya que reúne los deseos de superación de una mujer enfrentada a los estancados valores de la época en que vivió.

Frances Glessner Lee (1878), de niña, mostró una insaciable curiosidad por la medicina y la ley. Soñaba con ir a la universidad, pero las normas de su estricto entorno familiar se lo impidieron: “El lugar de una mujer era el hogar”.

A los 52 años, se divorció y tras la muerte de su hermano y sus padres, logró el control total de su herencia y fue cuando finalmente se dedicó a su pasión. George Magrath, médico forense y amigo, le contaba cómo muchos asesinatos quedaban impunes porque la policía, sin formación médica, pasaba por alto pruebas microscópicas y contaminaba las escenas de crímenes. 

En la década de 1940, Lee comenzó su gran obra: los «Nutshell Studies of Unexplained Death» (Estudios en Cáscara de Nuez sobre Muertes Inexplicables). Aunque parecían casas de muñecas para jugar; eran simulaciones científicas de asesinatos.

Construyó 20 dioramas a una escala estricta de 1:12, recreó escenas de crímenes reales con precisión obsesiva y macabra con el objetivo de entrenar el ojo del investigador para observar lo imperceptible.

Lee buscaba un realismo extremo en sus dioramas. Tejía medias con alfileres, usaba plumas de un pelo para notas minúsculas y rellenaba los cigarrillos con tabaco real. Detallaba el rigor mortis y la lividez de las figuras para precisar la data de muerte.

Los estudiantes tenían 90 minutos para estudiar la escena y determinar qué había sucedido: ¿Suicidio? ¿Accidente? ¿Homicidio? La clave estaba en la geometría de las manchas de sangre, el ángulo de una sombra o la posición de un pañuelo.

Con su trabajo transformó el sistema legal de Estados Unidos. En 1931, financió el primer Departamento de Medicina Legal de la Universidad de Harvard. Combatió que forenses sin formación hicieran autopsias, e impulsó el sistema de Médicos Examinadores para garantizar patólogos cualificados. 

Lee se ganó el respeto del gremio y en 1943 fue la primera mujer nombrada capitana honoraria de la Policía Estatal de Nueva Hampshire. Su lema, «convict the guilty, clear the innocent, and find the truth in a nutshell» (condenar al culpable, absolver al inocente y encontrar la verdad en una cáscara de nuez)  guía a criminólogos y demostró que las «artes femeninas» podían ser armas tan poderosas como cualquier revólver en la búsqueda de la justicia.

Deja un comentario