Con un promedio de cuatro muertes diarias y una «hegemonía» de la motocicleta en las estadísticas de fatalidad, niños, ancianos y motorizados componen el rostro de una tragedia evitable
Venezuela ha vivido en 2025 una masacre silenciosa, librada en las autopistas, avenidas y carreteras. Datos recabados mensualmente por el Observatorio de Seguridad Vial (OSV) desde enero hasta octubre, y sumando las cifras rojas de noviembre, el país acumula un saldo devastador de aproximadamente 1.389 fallecidos y más de 4.700 lesionados en once meses de vértigo y sangre.
La tendencia fue letal desde el inicio. Enero abrió el año con 127 muertos y una tasa de fatalidad que marcó la pauta para el resto del periodo. Lejos de disminuir, la curva de violencia vial se mantuvo con picos dramáticos, como en septiembre, que registró 142 decesos, y un cierre de noviembre aún más trágico, con 145 fallecidos, según el monitoreo.
La hegemonía de la muerte en dos ruedas
Si hay un protagonista indiscutible en esta crisis, es la motocicleta. Mes tras mes, el OSV ha documentado cómo este vehículo se ha convertido en el principal vector de fatalidad. La data es contundente: los motorizados representan consistentemente cerca o más del 50% de los fallecidos en siniestros viales.
Lo anterior demuestra que el motorizado, como actor vial, encabezó el primer lugar en la categoría de fallecidos, siendo un dato constante en toda la estadística presentada en lo que va de año»
Observatorio de Seguridad Vial
En junio, el porcentaje de motorizados fallecidos alcanzó un alarmante 57% (63 víctimas de un total de 115). En agosto, mes con un repunte significativo de fatalidades (139 muertos), 69 eran conductores de moto, mientras que en noviembre 77 de las 145 víctimas fatales viajaban en los llamados caballitos de hierro. “No se trata solo de quién conduce, sino de cómo se conduce. Los reportes destacan repetidamente el exceso de velocidad y la impericia como las causas basales de estos desastres”, señala el informe del OSV.
Víctimas dolorosamente jóvenes.
Los informes sitúan el grueso de las fatalidades en hombres jóvenes, con edades comprendidas entre los 20 y los 29 años. Una generación productiva que se está desangrando en el pavimento, muchas veces por maniobras indebidas como las «motopiruetas», o por la falta de uso de implementos de seguridad básicos como el casco.
Niños a bordo y en peligro
Uno de los hallazgos más perturbadores del análisis de estos once meses es la recurrente presencia de niños, niñas y adolescentes (NNA) en las estadísticas de muertes y lesiones. La irresponsabilidad adulta los puso en la línea de fuego.
El OSV alerta sobre la presencia de menores de edad como «parrilleros» o acompañantes en motocicletas, a menudo sin protección alguna. Noviembre confirmó esta tendencia cruel, donde el segundo grupo etario más afectado fueron adolescentes de 15 a 19 años. Transportar familias enteras en vehículos de dos ruedas sin protección se ha normalizado, convirtiendo cada trayecto escolar o familiar en un juego de azar con la muerte.
La presencia de niños en vehículos sin sillas de retención, sin cinturones, en puestos delanteros o viajando en motos son una violación a los derechos fundamentales de los menores.
Cruzar la calle, una ruleta rusa para los ancianos
Mientras las motos dominan las cifras de conductores fallecidos, el peatón se erige como la víctima más vulnerable y silenciosa. En reportes como los de febrero, julio y septiembre, los peatones ocuparon consistentemente el segundo o tercer lugar en las listas de fatalidad, siendo víctimas de arrollamientos y atropellos brutales.
Lo más alarmante es que estas muertes están marcadas por la edad de las víctimas. Los adultos mayores son blancos fáciles. El informe de octubre destacó que en la categoría de arrollamientos, las víctimas mayores de 65 años figuran como el grupo más vulnerable.
La data de septiembre reveló que, entre los peatones fallecidos, también figuraron menores de edad y adolescentes. La crisis vial no discrimina; arrebata futuros con la misma facilidad con la que cobra la vida de un conductor imprudente.
Velocidad, impericia y el factor humano
Al indagar en los «porqués», el OSV es categórico: el factor humano es el responsable de la inmensa mayoría de los siniestros. Las fallas mecánicas, el mal estado de las vías o las condiciones climáticas adversas, son porcentualmente inferiores comparadas con la decisión de conducir en riesgo.
El exceso de velocidad es el rey de las causas. En octubre, fue causante del 70,19% de los accidentes registrados (219 casos), una cifra monstruosa. Le sigue la impericia, entendida como la falta de habilidad o pericia para manejar, que en meses como mayo causó el 30% de los siniestros.
La presencia de niños ocupando vehículos sin las debidas sillas de retención o viajando en motos (vehículos diseñados para dos personas, no para familias enteras) es una violación flagrante a sus derechos fundamentales que se repite en cada informe mensual”
Observatorio de Seguridad Vial
Hacia el segundo semestre del año, se nota una incidencia constante de la ingesta de alcohol y las maniobras imprudentes (“motopiruetas”) como detonantes de tragedias, especialmente los fines de semana y en horas nocturnas.
Un cierre de año rojo
Al observar la curva de fatalidad de enero a noviembre, no hay mes de «alivio». Si bien hubo fluctuaciones —con un «pico» trágico en septiembre de 142 fallecidos y 517 afectados en total—, la línea base es de una violencia sostenida. Noviembre cerró con 120 muertos y 407 lesionados, demostrando que lejos de mejorar, la situación se mantiene constante.
Es tiempo de tomar medidas
Ante la magnitud de la crisis documentada en los informes de 2025, se desprenden las siguientes necesidades imperiosas para frenar la siniestralidad:
Educación Vial Permanente: Implementar programas de educación vial que sean reiterativos y constantes.
Control de Motorizados: Aplicar con rigor la ley respecto al uso del casco, el límite de pasajeros (máximo dos personas) y la prohibición absoluta de trasladar niños en motocicletas.
Sanciones a la Imprudencia: Penalizar severamente el exceso de velocidad, la ingesta de alcohol al conducir y las maniobras ilegales como las «motopiruetas» en vías públicas.

