Una prueba novedosa permitió identificar a un asesino que durante más de una década sembró el terror en California.
Joseph James DeAngelo, conocido bajo alias de «el Asesino de Golden State» o «el Violador del Área Este», mantuvo a California bajo un estado de sitio psicológico entre 1974, cuando comenzó a delinquir, y 1986, cuando mató a su última víctima. Su historial delictivo es devastador: 12 asesinatos, más de 50 violaciones y 120 robos residenciales. Su capacidad para evadir la justicia durante décadas convirtió su caso en uno de los enigmas más oscuros de la historia criminal estadounidense.
Nacido en 1945, DeAngelo creció en un entorno de inestabilidad familiar. Tras servir en la Marina en Vietnam y estudiar Justicia Criminal, irónicamente ejerció como oficial de policía en Exeter y Auburn durante los años 70. Bajo la apariencia de un ciudadano funcional, ocultaba un pasado de crueldad animal y una conducta sociopática que se manifestó en una metodología de ataque escalofriante. Su modus operandi incluía atar a las víctimas, humillar a los hombres y ejercer una violencia extrema antes de cometer asesinatos, dejando cicatrices imborrables en comunidades como Sacramento, Ventura y Dana Point.
La brutalidad de DeAngelo no discriminaba edades; sus víctimas tenían entre 12 y 41 años. Desde el asesinato de los recién casados Brian y Katie Maggiore en 1978 hasta el brutal crimen de la joven Janelle Cruz en 1986, el asesino sembró una paranoia colectiva que obligó a los ciudadanos a armarse y vivir en constante vigilancia. La mención constante del nombre «Bonnie» durante sus ataques y su conocimiento de tácticas policiales fueron piezas de un rompecabezas que la tecnología de la época no lograba armar.
Tras 32 años de impunidad, el caso se resolvió en 2018 gracias a una técnica revolucionaria: la genealogía genética. Investigadores liderados por el detective Paul Holes utilizaron el perfil de ADN del asesino obtenido en escenas del crimen y lo compararon en la base de datos pública GEDmatch. Al identificar familiares lejanos, construyeron un árbol genealógico que los condujo directamente a DeAngelo. Pruebas de ADN descartadas en su basura confirmaron la coincidencia definitiva.
Tras su arresto en abril de 2018, DeAngelo admitió su culpabilidad para evitar la pena de muerte. En 2020, fue sentenciado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Su captura no solo brindó cierre a las familias de las víctimas, sino que validó el uso de la ciencia forense moderna como una herramienta implacable contra los crímenes del pasado.

