Un campesino y su esposa fueron los autores de una masacre sin precedentes en la China de finales del siglo XX
En la historia de la criminalística asiática, pocos nombres evocan el horror tan profundamente como el de Long Zhimin, quien entre 1983 y 1985 convirtió a la provincia de Shaanxi en el escenario de una serie de macabros asesinatos cometidos en la era post-Mao: se trató del asesinato de 51 personas bajo un esquema de engaño, servidumbre y depravación.
Long Zhimin era un campesino desplazado en 1974 por la construcción de la represa Danjiangkou, su resentimiento social, debido al desplazamiento del que fue objeto, se fusionó con una psicopatía latente.
Junto a su esposa, Yan Shuxia, quien padecía secuelas neurológicas por meningitis, estructuró una trampa perfecta para los migrantes internos de Henan y Sichuan que buscaban trabajo desesperadamente.
Atraían a los migrantes con promesas de empleo agrícola. Una vez en la finca, las víctimas recibían un primer alimento que consistía en una sopa que contenía arsénico. Aquellos que no morían por el veneno eran estrangulados mientras dormían.
Aunque el móvil principal era el robo de unos pocos miles de yuanes, las autopsias realizadas posteriormente por expertos revelaron una faceta que aterrorizó a todos, al menos 20 de los cuerpos habían sido víctimas de necrofilia, lo que sugiere una motivación orgánica interna, que supera al beneficio económico.
Los asesinos trabajaron arduamente durante dos años, pero todo terminó en mayo de 1985 debido a la persistencia de familiares de los desaparecidos y la presión que ejercieron sobre la policía de Shangluo, lo que llevó a un allanamiento que desnudó la negligencia institucional previa.
Lo que los investigadores encontraron desafió toda lógica: 48 cuerpos enterrados en fosas comunes, dos ocultos bajo capas de paja y un último cadáver dentro de un saco de fertilizante.
Este caso guarda paralelismos alarmantes con otros criminales seriales chinos como Zhang Yongming. Ambos aprovecharon la desconexión de las zonas rurales y la vulnerabilidad de los trabajadores migrantes para operar durante años sin ser detectados.
El proceso judicial fue expedito. Long Zhimin y Yan Shuxia fueron hallados culpables de homicidio múltiple por intoxicación. Pese a los intentos de apelación, la gravedad de los hechos, que incluían la profanación de cadáveres y el robo sistemático, selló su destino. El 27 de septiembre de 1985, ambos fueron ejecutados mediante fusilamiento.
Este caso permanece hoy como un recordatorio sobre la importancia de la vigilancia comunitaria y la debida diligencia policial en contextos de migración, sea externa o interna, tema que resuena profundamente en la realidad de la seguridad ciudadana global.


