El retrato de la esquiva “Fantasma de Heilbronn” o la “Asesina sin Rostro” (Imagen cortesía)

Sombras del Mal: Los asesinatos de “la Mujer sin Rostro”

Los hisopos para recolectar muestras fueron fundamentales en el caso del “Fantasma de Heilbronn” o la “Mujer sin Rostro”

Durante 16 años las autoridades policiales europeas se lanzaron en una cacería sin cuartel. Los mejores detectives de tres países, Alemania, Francia y Austria, buscaban a una peligrosa asesina que aparecía y desaparecía cometiendo crímenes sin vínculos aparentes, la misteriosa asesina fue identificada como “la Mujer sin Rostro” o el “Fantasma de Heilbronn”.

Las investigaciones comenzaron en 1993 con el asesinato de una mujer de 62 años,  Lieselotte Schlenger, en Alemania. En una taza las autoridades encontraron ADN de una mujer de Europa del Este.

En marzo de 2001 fue asesinado Joseph Walzenbach (61) en Friburgo, el ADN de la «Mujer sin Rostro» apareció en una gaveta de la cocina. En octubre se encontró el ADN en una inyectadora vinculada al consumo de heroína y días más tarde otra muestra fue hallada en las sobras de una galleta en un remolque robado.

Entre 2003 y 2007 se reportaron 20 robos de carros y motos en varias localidades alemanas donde también se encontró el ADN de la «Mujer sin Rostro».

El caso se convirtió en una prioridad policial el 25 de abril de 2007, cuando Michèle Kiesewetter, una oficial de policía de 22 años, fue asesinada en Heilbronn, Alemania.

En octubre de 2008 encontraron el cadáver de la enfermera Diana Pavlenko (45), y nuevamente estaba el material genético en un carro relacionado con el crimen.

Entre marzo y abril de 2008 se reportaron allanamientos en Quierschied, Tholey y Riol, y también encontraron el misterioso ADN.  Además se recabaron muestras en un vehículo usado para trasladar los cadáveres de tres georgianos.

La criminal atacaba con técnicas de un profesional o de un ladrón común, también estaba vinculada al consumo de heroína, robaba casas, vehículos y motos. La policía estaba en un callejón sin salida.

El ADN fue vinculado a un tipo de mujer de Europa del Este y los retratos hablados de testigos dieron rostro a la asesina. La policía alemana ofreció una recompensa de 300.000 euros por información de la asesina. Pero la investigación que había costado millones de euros y miles de horas de trabajo estaba estancada.

El caso entraba a otro callejón sin salida cuando a un técnico de laboratorio se le ocurrió verificar el material usado para recopilar el ADN y detectó algo que cambió todo: Los hisopos provenían de una fábrica ubicada en Europa del Este y no habían sido certificados como libres de ADN. Los mismos estaban contaminados de origen. En otras palabras: Durante años la policía buscó a una asesina que no existía.

El caso de la “Asesina sin Rostro” o el “Fantasma de Heilbronn” tuvo un impacto significativo en la forma como se manejan las pruebas de ADN en las investigaciones criminales. Sirvió para mejorar los procedimientos de seguridad de los equipos, pero policialmente fue una gran humillación para las autoridades. Solo el caso de la oficial de policía Michèle Kiesewetter fue resuelto al vincularlo a un asesinato con tintes de terrorismo neonazi, los demás casos se mantienen sin resolver.

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