A pesar de contar con leyes y organismos dedicados a cuidar el medio ambiente, la naturaleza se encuentra en peligro ante el turismo depredador
Los venezolanos coincidimos cuando decimos que uno de los símbolos que nos representan es la belleza natural de nuestro país. Pero si vemos las acciones que ejecutamos por ese tesoro, lo que vemos es que estamos acabando con él desde todos los frentes. La Gran Sabana, uno de los santuarios de la humanidad que se ven desde el espacio, presenta miles de kilómetros de sabana virgen deforestados por mineros ilegales escasamente reprimidos.
Nuestras playas, si no están contaminadas, las estamos acabando; los bosques están en peligro; ríos y llanos están bajo una amenaza constante, el asunto es que miles de personas hacemos turismo irresponsable e inclusive depredador, sin que se observen medidas oficiales dirigidas a proteger uno de los pocos patrimonios que compartimos.
Los cayos: La discoteca de la impunidad
El domingo de Carnaval las alarmas sonaron: Ambientalistas, periodistas de viajes y usuarios de redes sociales se hicieron eco de lo que estaba ocurriendo en el Parque Nacional Morrocoy.
La ciudadanía debe divertirse, pero con respeto a la naturaleza y equilibrio humano»
Delcy Rodríguez
Presidenta encargada
Desde el cayo Los Juanes, videos mostraban a la otrora apacible playa convertida en unas fiestas patronales acuáticas: En una piscina de agua azul blanquecina, rodeada de yates y lanchas de lujo, había una gran fiesta. Mujeres y hombres bailaban al son de una música a todo volumen bajo una lluvia de espuma química. Al aparecer nadie se preguntó sobre el daño que ocasionaban.
Días más tarde llegaba la respuesta oficial: tres hombres, los vendedores de la espuma, eran detenidos. Nada se dijo de los dueños de los yates y lanchas, ni de los turistas que azotaron la paradisíaca isleta. Ni una multa para esos dueños de lanchas de lujo que contaminaron con ruido, diésel y basura el santuario natural.
Lo triste es que esto se repitió en casi todas las costas y pueblos, e incluso en el Metro de Caracas. Donde no hubo guerra de espumas tóxicas, la música a todo volumen se convirtió en el dolor de cabeza de quienes querían disfrutar unos días alejados del ruido y el estrés
Rustiqueros y aventureros depredadores
Pero la cosa no se quedó en las playas, el panorama se repitió en el interior, los parques nacionales Canaima y Santos Luzardo, los páramos merideños y montañas como el Ávila también fueron azotados por pseudo turistas ecológicos que, a bordo de sus rústicos, motocicletas y bicicletas golpearon y ensuciaron llanos, ríos, montañas y sabanas.
Los rustiqueros dedicaron su tiempo a hacer piruetas en los frágiles ecosistemas mientras que motociclistas y ciclistas abrieron “nuevas” rutas en montañas vírgenes y la erosión es el preámbulo de las cárcavas que terminarán con parte de esas montañas. A este desmadre ambiental se suman quienes hacen caminatas en las montañas y dejan su basurero.
El daño lo provocan los supuestos amantes del medio ambiente, quienes bajo la premisa de la aventura, destruyen las dunas de llanura y las orillas de los ríos Cinaruco y Capanaparo. El «rustiqueo» no es un deporte; es una máquina de erosión que destruye el suelo.
Las tradiciones del terror
El turismo y los asuetos son una industria depredadora del ambiente. Muestra de esto es lo que ocurre en la Semana Santa, cuando por tradición religiosa hay una veda sobre la carne roja y se vende una carne “alternativa”.
Se trata de carne salada de chigüire, babo (caimán pequeño), morrocoy, pavón, caribe, payara y peces de agua dulce que se vende como pan caliente, una sobreexplotación que amenaza especies en peligro ya que no hay una pesca selectiva, ni acuicultura, solo hay una agresiva búsqueda de dinero.
Lo mismo sucede con las iguanas, cazadas y “operadas” por sus huevos. Las capturan vivas, les abren el abdomen, extraen sus huevos, las rellenan con paja, las cosen con pabilo y las dejan ir, bajo la creencia de que sobrevivirán. La realidad es que todas mueren producto de terribles infecciones.
La tradición se convirtió en el peor enemigo de los animales.
Turismo VIP
Lo grave es que poco nos enteramos del verdadero impacto depredador del turismo, solo cuando las esporádicas denuncias logran colarse en los medios o redes, vemos que la cosa no es un asunto de clases sociales, no es un tema de pobreza, sino que cruza toda la sociedad venezolana, desde lo más alto hasta su base.
Muestra de ello es el turismo depredador. En 2022 vimos a grupos de la “high society” que celebraron una fiesta, con viaje en helicóptero y todo, en la cima del tepuy Kusari, en la Gran Sabana. La respuesta oficial fue una tibia palmada de regaño a los organizadores.
El Ministerio Público tiene compromiso de sancionar con severidad cualquier conducta que vulnere la integridad de los parques»
Tarek William Saab
Fiscal general de la República
En el Ávila y en Los Roques se construyen posadas de lujo sin mayores limitaciones, mientras el ecosistema se encuentra al borde del colapso.
El brazo de la ley
Aunque Venezuela cuenta con una robusta legislación con rango constitucional en esta materia, la realidad es que la protección del ambiente no ha sido una prioridad, la respuesta oficial por lo general es reactiva y oscila del discurso a la acción selectiva.
Al hacerse del conocimiento de lo ocurrido en Los Juanes, la presidenta encargada Delcy Rodríguez señaló que la ciudadanía debe divertirse, pero “con respeto a la naturaleza”.
El Ministerio Público judicializa a tres ciudadanos por el uso de agentes químicos tóxicos para los arrecifes y el ministerio de Ecosocialismo ratificó la prohibición absoluta de estas sustancias, ordenando a la GNB la retención de embarcaciones infractoras.
Inparques estableció un límite de cierre de actividades recreativas a las 6:00 pm en los cayos y prohibió el fondeo en zonas de corales vivos, además de la obligación de monitoreo estricto de los GPS de embarcaciones mayores, entre otras prohibiciones.
A pesar de estos anuncios, la sociedad civil y organizaciones como Azul Ambientalista insisten en que estas medidas serán insuficientes si no se elimina la «permisividad VIP» y se dota a los guardaparques de equipos de medición (decibelímetros) y patrullas operativas para garantizar que la ley no se aplique únicamente de forma reactiva tras un escándalo en redes sociales. “No se puede proteger lo que se entrega a la anarquía del rústico y el yate”.

