La adicción a las pantallas no empieza con algo malo, sino con soledad. Proteger no es solo prohibir, es volver a conectar antes de que alguien más ocupe ese lugar dentro de la pantalla (imagen creada por inteligencia artificial)

La «pornificación» de la niñez: El mercado que acecha tras las pantallas

El acceso temprano a dispositivos y la falta de acompañamiento emocional exponen a menores a redes de manipulación

En una era donde la hiperconectividad ha reconfigurado los cimientos de la socialización de todos, nuestros niños, niñas y adolescentes (NNA) habitan un ecosistema que esconde riesgos estructurales de una complejidad alarmante. 

Como especie social, nuestra historia estuvo marcada por un proceso de conexión con nuestro entorno, el contacto directo y el aprendizaje de esas experiencias de contacto permitían desarrollar una visión del universo, partiendo del microcosmos familiar y que se extendía en la medida en que cada persona crecía.

En medio de ese universo, el hogar se mantenía consolidado como una especie de “lugar seguro”, que daba tiempo al desarrollo del futuro hombre; sin embargo, con la erupción de las redes sociales, ese espacio se diluyó, el mundo exterior y sus peligros de pronto tenían una ventana abierta para contactar a los más pequeños.

Una vida pornificada desde la niñez

El ecosistema digital actual permite que la edad promedio de exposición a la pornografía caiga: hoy se sitúa entre los nueve y los 11 años de edad. 

Lo grave es que no es necesario que el niño posea un dispositivo; las oportunidades de exposición están en todas partes: buses, salones escolares, consolas de juegos, hermanos mayores o computadoras familiares, campos de juego y un sinfín de lugares, cualquier lugar puede ser un espacio para encontrarse con la pornografía. 

Los niños no buscan peligro; buscan atención, conexión y alguien que los entienda y los vea»

Instituto de Machos a Hombres (Idmah)

El mexicano Instituto de Machos a Hombres (Idmah) advierte que la «pornificación» normaliza el sexo y enseña que lo más íntimo es una mercancía a la venta. 

«En este paisaje, de la pornificación, el Eros se ve desplazado por una lógica de mercado donde el cuerpo es capital, el placer el producto y la atención, moneda». Señala el informe del Idmah sobre la «Pornificación de la vida”.

El grooming y la manipulación

El grooming es una de las amenazas más graves en Internet y afecta especialmente a niños y adolescentes. En redes sociales abundan testimonios que muestran la rapidez con la que actúan los delincuentes, ocultando su identidad para captar víctimas. Su estrategia suele comenzar aprovechando el aburrimiento y el uso sin límites de pantallas. El contacto inicia en redes, chats o juegos aparentemente inocentes, donde ofrecen pertenencia a “grupos reales”. Allí, adultos que fingen ser menores manipulan, aíslan y piden mantener secreto. Luego solicitan fotos con promesas o halagos, las comercializan y desaparecen.

«El grooming es mucho más común de lo que pensamos… y nunca podrá ser culpa de los niños». señala el informe «Violencia Viral» de Save the Children

El peligro de la «machósfera»

Pero esos no son todos los peligros, en la red nace un fenómeno denominado la «machósfera»,» donde el machismo tradicional introduce un carácter violento en los varones para construir una identidad que los haga «encajar» socialmente. 

Para evitar que los jóvenes caigan en esta «machósfera», los expertos recomiendan:

Evitar roles de género: Dejar de reforzar estereotipos de qué es «para chicas» o «para chicos», lo que ayuda a entender la igualdad y el respeto.

Modelar con el ejemplo: Plantear alternativas y criterios desde la crianza para evitar actitudes machistas.

Informarse para orientar: Es vital conocer el mundo adolescente para guiar sus pensamientos acertadamente.

Radicalización: La nueva frontera del riesgo

Más allá del abuso sexual, otro de los monstruos que se ocultan tras las redes es que el aislamiento digital es el caldo de cultivo para lograr la radicalización de adeptos. Grupos extremistas (religiosos, políticos o delictivos) y comunidades de la «machósfera» utilizan tácticas de grooming para reclutar jóvenes, ofreciéndoles una identidad basada en la violencia o el odio hacia terceros como forma de heroísmo. 

El objetivo es sustituir la autoridad familiar por la del grupo radical.

La adicción a las pantallas no empieza con algo malo, sino con soledad. Proteger no es solo prohibir, es volver a conectar antes de que alguien más ocupe ese lugar dentro de la pantalla (imagen creada por inteligencia artificial)
La adicción a las pantallas no empieza con algo malo, sino con soledad. Proteger no es solo prohibir, es volver a conectar antes de que alguien más ocupe ese lugar dentro de la pantalla (imagen creada por IA)

Señales de alerta

Es fundamental aprender a detectar señales de alerta ante posibles riesgos digitales. Los primeros indicios suelen ser cambios en el comportamiento en línea: secreto extremo, ocultar la pantalla al ser observado, uso frecuente del modo incógnito o cambios repentinos de contraseñas. 

También puede aparecer un uso excesivo y nocturno del dispositivo, especialmente de madrugada. Se suman alteraciones emocionales y de identidad, como lenguaje inusual o jerga inapropiada para su edad. 

El grooming es mucho más común de lo que pensamos… y nunca podrá ser culpa de los niños»

Informe Violencia Viral de Save the Children

Puede aislarse físicamente, abandonar amistades y actividades por “amigos” virtuales, mostrarse más defensivo o agresivo y reaccionar con enojo ante preguntas. Recibir regalos, dinero sin origen claro o tener un segundo dispositivo oculto son señales de alerta grave.

Estrategias de defensa

Ante todos esos peligros la solución no es la prohibición radical, sino que los padres deben asumir una mediación activa: En los casos de los niños menores de cinco años, no se recomienda que usen o tengan teléfonos celulares o tablets y, si las tienen, debe haber una supervisión total.

Si el menor tiene entre seis y 12 años se deben establecer reglas consensuadas, con horarios de uso y prohibición de uso de redes sociales y juegos con chats online, además los menores deben ser educados sobre el grooming.

Para los adolescentes de 13 a 17 años, la autonomía debe ser supervisada y fomento del pensamiento crítico, igualmente debe limitarse al máximo su acceso a las redes sociales. Especialistas consideran que los algoritmos de las redes están diseñados para generar adicción, similar a la del cigarrillo.

Si tiene redes sociales, es imperativo que sean configuradas como «cuentas de adolescentes», con perfiles privados por defecto, con control de quienes son aceptados como amistades y las comunicaciones que sostiene y activar la autenticación en dos pasos.

La adicción a las pantallas no empieza con algo malo, sino con soledad. Proteger no es solo prohibir, es volver a conectar antes de que alguien más ocupe ese lugar dentro de la pantalla (imagen creada por inteligencia artificial)
La adicción a las pantallas no empieza con algo malo, sino con soledad. Proteger no es solo prohibir, es volver a conectar antes de que alguien más ocupe ese lugar dentro de la pantalla (imagen creada por IA)

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