Un matrimonio aparentemente tradicional ocultaba un aterrador secreto tras su fachada
Esta semana conoceremos la historia de Juan Carlos Hernández y Patricia Martínez, una pareja de asesinos seriales mexicana, quienes simulaban una vida familiar normal con cuatro hijos mientras cometían atroces crímenes. Tras su captura, se reveló el historial de violencia y abuso oculto tras su fachada de normalidad en el empobrecido y violento municipio de Ecatepec, en el estado de México.
Juan Carlos Hernández, alias «el Terror Verde», arrastra un historial de abuso materno. Un traumatismo craneal grave ocurrido en su infancia alteró su conducta. Tras desertar de la milicia, subsistió en la informalidad como pepenador -recolector, clasificador y vendedor de basura y otros desechos-, padeciendo constantes y terribles dolores de cabeza.
Su esposa Patricia Martínez, por su parte, era cinco años mayor, provenía de una familia pobre y de niña fue abusada por familiares. Su inteligencia fue catalogada como límite que rayaba con la discapacidad intelectual. Era una mujer sumisa, especialmente con los hombres.
En 2008, la pareja se conoció en un restaurante en el que trabajaba Patricia. Juan Carlos se presentó como un hombre de dinero, decía que era un “asesino a sueldo de la mafia”. Salieron y al poco tiempo se mudaron juntos, de esa relación nacieron cuatro hijos.
La familia subsistía gracias a trabajos informales, especialmente recolección de aluminio, por lo que era normal verlos con un carrito cargando bolsas llenas de desechos.
Desde 2010 comenzaron a reportarse desapariciones de mujeres en Ecatepec, aunque autoridades fijan el inicio delictivo de la pareja en 2012, tras establecer un patrón sistemático de engaño y captación, lo que puede señalar un mayor número de víctimas.
Martínez captaba víctimas con ofertas engañosas de empleo o donaciones para llevarlas a su vivienda. Allí, Hernández las dominaba, abusaba y descuartizaba; la pareja confesó actos de canibalismo procesando los restos. El patrón delictivo se extendió seis años por la omisión de las autoridades, quienes desestimaron las denuncias como «fugas voluntarias». El caso estalló en 2018 tras la desaparición de una madre y su hija, lo que forzó la actuación policial.
La presión social unificó las denuncias, revelando que las víctimas frecuentaban el entorno de Patricia y Juan Carlos. Una comisión policial interceptó a la pareja mientras trasladaban restos humanos en un carrito; en el procedimiento se halló el torso de Nancy Huitrón, cuya hija fue vendida por los victimarios. En el allanamiento, se localizaron corazones de las víctimas en un refrigerador. Los sujetos confesaron asesinar y practicar canibalismo familiar mientras sus hijos permanecían en el sitio.
La pareja fue condenada a más de 300 años de prisión por femicidio, trata y otros delitos. Inicialmente fueron internados en el Centro Penitenciario y de Reinserción Social de Ecatepec, estado de México. Los llamados “Monstruos de Ecatepec” continúan tras las rejas.

