Durante tres años un asesino en serie actuó en el estado de Nuevo León, en México
Un asesino en serie mexicano acumuló al menos 16 femicidios cometidos bajo un mismo patrón que no fue detectado por las autoridades. Un asesino que logró burlar a la policía a pesar de que fue investigado por el asesinato de una mujer a inicios de la década de 2010
Es la historia de Luis Óscar Jiménez Herrera, conocido mediáticamente como “el Asesino del Tinaco”, por el lugar donde ocultó a su primera víctima, un tinaco, o tanque de agua. De su vida de niño y joven se conoce poco.
Aunque no existen detalles públicos sobre su infancia o eventos específicos de su juventud, diversos reportes coinciden en señalar que creció en el seno de una familia disfuncional, lo que pudo contribuir al desarrollo de sus conductas violentas y a su incapacidad para formar vínculos afectivos sanos.
Jiménez Herrera era natural de Durango, donde vivió y trabajó como mecánico automotriz. Era un tipo de apariencia normal. Aparentemente no tenía problemas ni con vecinos ni con la ley, antes de su detención en 2010, no presentaba antecedentes policiales. Por ese primer crimen fue liberado gracias a la declaración de un recepcionista.
Esa capacidad para mantener una apariencia de normalidad mientras cometía actos de extrema violencia fue calificada por psicólogos y psiquiatras como una muestra de una psicopatía que le permitió vivir oculto a plena vista por años.
De los motivos que lo llevaron a asesinar a al menos 16 mujeres, se sabe que actuaba bajo una conducta impulsiva, violenta y misógina. Sus crímenes se caracterizaban por un patrón de abuso de poder y violencia irracional.
Su modus operandi consistía en ganarse la confianza de sus víctimas para llevarlas a moteles de paso, donde el detonante de la violencia era la intención de la víctima de finalizar el encuentro o abandonar el lugar antes de lo que él consideraba el tiempo contratado o acordado.
Casi todos sus crímenes los cometió repitiendo un mismo patrón: Someter, abusar y estrangular a sus víctimas.
La captura de Luis Óscar Jiménez Herrera, alias «el Asesino del Tinaco», fue el resultado de un seguimiento policial tras su último crimen en 2016, el cual dejó las pruebas forenses necesarias para vincularlo con una serie de feminicidios sin resolver.
En la escena las autoridades encontraron rastros de ADN y huellas dactilares que coincidían con el perfil del sospechoso, permitiendo identificarlo como el responsable directo del asesinato. Con base en las pruebas biológicas y el seguimiento de las cámaras de seguridad del motel, la policía localizó y detuvo a Jiménez Herrera, quien tras ser aprehendido, confesó su participación en una serie de al menos 16 feminicidios cometidos entre 2013 y 2016.
El juicio de «el Asesino del Tinaco» fue mediático y marcó un hito en la historia de Nuevo León, donde fue condenado a 123 años de prisión, sin posibilidad de libertad para castigar los múltiples femicidios que cometió.


