Entre 2017 y 2022, al menos 287 niños, niñas y adolescentes fueron asesinados, solo en Caracas, lo que representa el 6% del total de los 4.750 asesinatos registrados
La madrugada del 24 de octubre una pequeña desapareció de su casa mientras su mamá compartía en una reunión varias casas más allá. La niña se había levantado dos horas antes y fue a los brazos de su mamá, quien la llevó hasta el cuarto. Cuando la madre regresó se encontró con una escena dantesca: la habitación donde dormía la niña estaba llena de sangre y la pequeña había desaparecido.
Horas más tarde el cadáver fue localizado por un adolescente en un pozo séptico, tenía múltiples puñaladas y evidentes signos de abuso sexual, luego se determinaría que su hermanastro, quien encontró el cuerpo, era el principal indiciado, había huido y su ropa ensangrentada estaba en un tobo.
El 26 de octubre, el Cicpc detuvo en Petare a un hombre de 57 años de edad acusado de haber abusado de sus siete nietas, a quienes contagió de una enfermedad de transmisión sexual.
En Los Teques, dos hombres raptaron, violaron y asesinaron a una niña de 11 años, los sujetos fueron detenidos y uno de ellos fue ajusticiado por presos en la cárcel de El Rodeo.
Los hechos macabros y violentos se repiten con alarmante regularidad, sin más respuesta que alguna epiléptica campaña o acciones reactivas del Estado, mientras que la sociedad se pregunta cada vez con más frecuencia ¿qué está pasando?
Una sociedad desajustada
Al respecto, Fernando Pereira, coordinador de Cecodap, señala que no se puede desconocer el impacto que tuvo la pandemia en la salud mental del venezolano, “desajustó la subjetividad de muchos individuos, de familias y del entorno que se ha visto muy afectado, hay mucho que analizar tras esta larga temporada”.
Destaca que múltiples factores se unieron para hacer más vulnerables a niños, adolescentes y mujeres. Entre estos debemos destacar el fenómeno del embarazo juvenil que desde hace décadas viene golpeando nuestra sociedad.
“Debido a la falta de educación y de oportunidades, cada año miles de jóvenes quedan embarazadas, en su mayoría embarazos no esperados. Muchos de estos niños serán criados con negligencia, en ambientes violentos, sin supervisión”, indica.
“Madres que deben salir a trabajar para sobrevivir y que dejan a sus hijos con familiares o vecinos, o solos, sin sopesar las condiciones en que quedan. Los niños de pronto terminan envueltos en ambientes violentos”.
Agrega que la ingesta de alcohol y drogas terminan desdibujando la realidad y borrando los límites. “Así se desarrollan conductas delictivas, de agresión y abuso, se pierde la contención y los niños terminan en una pesadilla”.
Menores y sanciones
Según datos de Monitor de Víctimas, entre 2017 y 2022 al menos 287 niños, niñas y adolescentes fueron asesinados solo en Caracas, lo que representa el 6% del total de las 4.750 víctimas registradas.
La ingesta de alcohol y drogas terminan desdibujando la realidad y borrando los límites. Así se desarrollan conductas delictivas, de agresión y abuso, se pierde la contención y los niños terminan en una pesadilla”
Fernando Pereira
Coordinador de Cecodap
Luis Izquiel, criminólogo y profesor universitario, recuerda que las leyes establecen penas que pueden llegar a 30 años de prisión contra asesinos y violadores. “Pero cuando nos encontramos con casos en que los infractores son menores de edad, el panorama cambia radicalmente”.
La Lopna establece las sanciones. “Con la reforma de 2015 se elevó de cuatro a diez años la pena máxima para los menores infractores y se aumentó la edad de imputabilidad de 12 a 14 años”.
En otras palabras, si un niño de 13 años comete un delito grave, no puede ser imputado, y si tiene entre 14 y 17 años será imputado, pero lo máximo que recibirá será 10 años de condena.
Al respecto, Izquiel acota que alrededor de este tema existe una larga discusión: «Hay quienes creen que a los niños no se les debe aplicar penas severas, ya que no tienen conciencia plena de lo que hicieron, una condena a muchos años los afectaría más y los llevaría a una carrera delictiva”.
“Unos consideran que estos menores deben ser tratados como adultos, mientras que otros aseguran que no importan las penas largas o cortas porque, para ellos, estos niños y adolescentes son irrecuperables. Es una discusión que se repite cada vez que un menor comete un delito atroz“.
Que haya un cambio
«Consideramos que la justicia debe ser administrada, esa es la respuesta penal. Pero como sociedad debemos canalizar toda la indignación y energía para exigir condiciones que garanticen la seguridad del niño», concluye Pereira.
“Debemos exigir que el sistema de protección de niños y adolescentes cuente con los recursos necesarios para proteger al niño, que existan sistemas de alerta temprana y de prevención; que se implementen programas de educación sexual, necesitamos escuelas de padres para la formación en métodos de crianza sin violencia, que contemos con líneas telefónicas que den respuesta efectiva a las denuncias”.
Hay quienes creen que a los niños no se les debe aplicar penas severas, ya que no tienen conciencia plena de lo que hicieron, una condena a muchos años los afectaría más y los llevaría a una carrera delictiva”
Luis Izquiel
Criminólogo y profesor universitario
Es necesario que las autoridades sientan esa presión y responsabilidad, que este sea un tema de presencia en la televisión, en la radio, en las escuelas y comunidades, que se utilicen todos los espacios para orientar a la colectividad sobre estos aspectos.
Crisis de valores y desinformación: sus efectos
Para entender el problema de la violencia una de las primeras cosas que debemos saber es si en realidad hoy hay más casos de violencia que en el pasado o si es que estamos más expuestos a ella.
Al estar inmersos en lo que creemos es una grave crisis de valores, presumimos que debe haber un mayor número de casos.
Pero también estamos más expuestos. El papel informativo de los medios de comunicación fue sustituido por las redes sociales. Y antes, si no querías enterarte de algo, solo evitabas los noticieros; hoy, gracias a las redes sociales, las noticias llegan como sea.
Atrás quedó el papel del periodista que dosificaba y hacía “digerible” la información. Al perderse ese mediador se eliminan los filtros y aunque hoy es más “democrático” el acceso a la información, también es más peligroso, ya que cualquiera, adultos o niños, puede acceder a los detalles más escabrosos de los crímenes, con fotografías y videos dantescos.
En una época en la que el mundo enfrenta una gran epidemia de desinformación, que se vale de cualquier tipo de información que pueda ser multiplicada, deformada o manipulada para generar sentimientos y reacciones de opresión y rechazo, con el objetivo de ocultar o exagerar otros hechos, es fundamental educar y medir con mucha mesura la información que se recibe y la que se difunde.

