Sombras del mal: El “Caníbal de Atizapán” era un buen vecino

El hombre que luchaba por las mejoras de su comunidad escondía un oscuro secreto

Por lo general, las personas menos sospechosas son las que se convierten en las más peligrosas. El asesino serial que conoceremos esta semana es uno de esos seres que no levantan sospechas, pero que en su interior esconden un verdadero infierno. 

Esta historia nos lleva a la población de Atizapán, en la zona metropolitana de Ciudad de México. Conoceremos a Andrés Filomeno Mendoza Celis, un buen vecino.

Andrés Filomeno Mendoza Celis nació el 29 de noviembre de 1947 en Oaxaca. De estatura baja y corpulento. Al verlo nos encontraríamos ante alguien que no levanta sospechas. Según sus biógrafos es tranquilo y solidario con sus vecinos, pero según los psicólogos que lo han entrevistado, también es un ser rencoroso, vengativo y muy manipulador.

Conocido por su activismo político-vecinal, promovía y luchaba por mejoras del barrio y era intermediario de los programas sociales; fue presidente del Consejo de Participación Ciudadana de su comunidad. Sus vecinos creían que era solidario y buena persona. Como su padre, era un activista y trabajador social.

A inicios de los años 90 se desveló su lado oscuro, pero sus crímenes se mantuvieron ocultos hasta 2021, cuando desapareció su vecina Reyna González Amador, casada y madre de dos hijas.

El 14 de mayo de ese año, Reyna le dijo a su esposo que iría junto con Andrés Mendoza al centro de Ciudad de México para reabastecer su tienda de celulares. Pero fue la última vez que la vieron. 

Tras su desaparición, el esposo de Reyna, Bruno Ángel Portillo, oficial de la policía,  comenzó a buscarla por todas partes. Sabía que Mendoza había sido el último que estuvo con ella y lo interrogó, su vecino le respondió que no sabía nada de la mujer. 

Portillo rastreó el teléfono de su esposa y supo que su última ubicación fue cerca de la casa de Mendoza Celis y regresó para hablar con él, pero el otrora amable hombre se transformó: ahora era hosco y violento.

El oficial forzó la entrada con la esperanza de encontrar a su esposa con vida, pero halló una escena de horror. El cadáver desmembrado de Reyna yacía en una habitación. Mendoza fue detenido. 

Pero todo se pondría peor. La policía encontró ropa y documentos de varias mujeres, de un hombre y de un niño. En una nevera había manos, pies, rostros, cabello, grasa humana. En un sótano, los perros policías encontraron más de 4.600 partes humanas, restos de al menos 17 personas.

Ante las evidencias, Mendoza Celis confesó que mataba y comía mujeres. Algunas eran prostitutas, otras acudían buscando ayuda y también estaban quienes lo rechazaban. Encontraron videos y fotos de él desnudo durante los crímenes. También llevaba un detallado libro con el peso de cada parte cortada. Fue bautizado “El Caníbal de Atizapán”

Mendoza fue enjuiciado y hallado culpable por el crimen de Reyna González, y condenado a prisión perpetua. Está en el Penal de Tenango del Valle y le quedan pendientes más de 17 asesinatos.

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