Richard Ramírez sembró el terror en California entre abril de 1984 y agosto de 1985 (Foto cortesía)

Sombras del Mal: El Verano del Miedo

Durante más de un año, Richard Ramírez se convirtió en el sinónimo del mal, asesinando a unas 15 personas en su racha criminal

El verano de 1985 no fue uno de sol y playas para el sur de California. Fue el verano del miedo, meses marcados por la sombra de un depredador sigiloso que se deslizaba en la oscuridad de la noche, dejando tras de sí un rastro de violencia, terror y símbolos satánicos. Su nombre resonaría por décadas: Richard Ramírez, bautizado como «The Night Stalker» o «El Acosador Nocturno».

Durante más de un año, entre 1984 y 1985, los habitantes de Los Ángeles y sus alrededores vivieron con las ventanas cerradas y el temor a flor de piel. Ramírez no seguía un patrón fijo: sus víctimas eran hombres, mujeres y niños, de distintas edades y clases sociales. Su método era brutal e impredecible. Irrumpía en los hogares armado con pistolas, cuchillos o cualquier objeto contundente, cometiendo asesinatos, agresiones sexuales y robos con una crueldad que parecía ritualista. En algunas de las paredes de las escenas del crimen dejó dibujados pentagramas, una firma macabra de su devoción por el satanismo que alimentó la histeria pública.

Ricardo Leyva Muñoz Ramírez nació el 29 de febrero de 1960 en El Paso, Texas, en el seno de una familia de inmigrantes mexicanos. Su infancia estuvo lejos de ser un refugio. Creció en un ambiente hostil, marcado por los violentos arrebatos de su padre, un trabajador ferroviario que lo maltrataba físicamente.

La violencia doméstica se vio agravada por la influencia de su primo, un veterano de la guerra de Vietnam quien le enseñó tácticas militares y quien le mostraba con orgullo fotografías de las atrocidades cometidas en la guerra. 

Este mismo primo asesinó a su esposa frente al casi niño Richard Ramírez. Estas experiencias traumáticas, sumadas a una temprana adicción a las drogas y pequeños delitos, lo convirtieron de un joven marginado a uno de los asesinos en serie más despiadados de la historia de Estados Unidos.

La cacería del “Acosador Nocturno” fue una de las más intensas y mediáticas de la época. La policía de Los Ángeles, bajo una presión abrumadora, luchaba por conectar los puntos de crímenes aparentemente aleatorios. La clave llegó gracias a un descuido de Ramírez, quien dejó una huella en un vehículo robado y pudo ser identificado.

Su rostro fue difundido por los medios de comunicación. El 31 de agosto de 1985, su reinado de terror terminó cuando un grupo de vecinos del este de Los Ángeles lo reconoció, lo persiguió y lo sometió hasta que la policía llegó. Estuvieron a punto de lincharlo.

Su juicio fue un espectáculo de desafío y maldad. Lejos de mostrar arrepentimiento, Ramírez sonreía a las cámaras, dibujaba pentagramas en sus manos y proclamaba su lealtad a Satanás. Su actitud arrogante y su falta total de empatía cimentaron su imagen como la encarnación del mal.

Richard Ramírez fue condenado a muerte, pero falleció en 2013 por complicaciones de un linfoma mientras esperaba ser ejecutado. Pero su figura no desapareció. Su caso ha sido objeto de fascinación y repulsión, explorado en libros, películas y documentales, como la aclamada serie de Netflix Night Stalker: The Hunt for a Serial Killer.

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