En Barquisimeto un crimen que trascendió por su crueldad y por la narrativa sensacionalista que intentó ocultar un femicidio bajo el velo de lo paranormal (Foto Cortesía)

La «posesión demoníaca»: El caso que desnudó la ética mediática venezolana

Expertas de Utopix y Avesa denuncian cómo el manejo amarillista transformó un femicidio en un espectáculo sobrenatural, revictimizando a la familia y restando responsabilidad al agresor.

La madrugada del 7 de abril, los vecinos del barrio El Coriano, al oeste de Barquisimeto, estado Lara, se levantaron con los aterradores gritos de auxilio de una mujer. 

Los gritos provenían de una casa vecina donde vivían Yuriángela Toledo Gotopo y su esposo, Jhorsuan Mendoza, un exfuncionario del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc). Yuriángela tenía seis meses de embarazo. 

Las versiones señalan que la casa estaba cerrada, y cuando los vecinos pudieron ingresar, encontraron a la joven en mal estado, mientras que su esposo intentó huir desnudo, supuestamente en medio de una crisis, pero fue capturado por los vecinos, quienes lo amarraron a un poste para “calmarlo”. La joven embarazada fue trasladada a un centro de salud, donde la declararon muerta, junto a su hijo no nacido.

Las autoridades se llevaron detenido al femicida, quien esgrimía una defensa bíblica, repetida por los comentarios de los vecinos y que luego se multiplicaría a través de medios y redes sociales: El asesinato era producto de un delirio religioso, “estaba endemoniado”, y así se viralizó.   

El mito de la «posesión» vs. la realidad estructural

Magdimar León, psicóloga clínica y coordinadora de la Asociación Venezolana por una Educación Sexual Alternativa (Avesa), señala que, en el caso de Yuriángela Toledo, “vemos nuevamente cómo se intenta patologizar la violencia contra las mujeres. Se busca una explicación psicológica o, en este caso, sobrenatural, para un hecho eminentemente individual y cultural”.

Llamar ‘posesión’ a lo que es violencia machista es un intento de exculpar al asesino y colocar la violencia en un plano sobrenatural donde nadie es responsable”

Aimeé Zambrano

Utopix

Por su parte, para la antropóloga Aimeé Zambrano, coordinadora del Monitor de Femicidios del colectivo feminista Utopix, el discurso del agresor «poseído» fue amplificado por medios y redes sociales, como una forma de “achacar el crimen a un hecho externo, en lugar de reconocerlo como una problemática social que afecta a las mujeres”.

Exculpando al asesino

El hecho de que medios y creadores de contenido repitieran la versión sensacionalista del asesino, ignorando los hechos y siguiendo con más interés la especulación mística, es un hecho que deja en evidencia la calidad de la cobertura periodística de ese caso.

“Cuando se dice que el agresor tuvo un ‘arrebato’, se invisibiliza todo el ciclo de violencia previo que seguramente existió. El femicidio no es un acto impulsivo que surge de la nada; es el resultado de una relación de abuso de poder y de control. Al titular con expresiones sensacionalistas, los medios refuerzan los mitos sobre la supuesta ‘locura’ del agresor, borrando del mapa toda la violencia previa que sufrió Yuriángela” asegura León.

“Al decir que estaba ‘poseído’ o que fue un ‘arrebato místico’, lo que hacen es quitarle responsabilidad al asesino y colocar la violencia en un plano sobrenatural, sugiriendo que el femicida no era dueño de sus actos”, acotó Zambrano.

Además, ambas activistas criticaron la práctica de patologizar a los agresores: “Existe la tendencia de presentar a los femicidas como monstruos, borrachos, seres controlados por drogas o por demonios, o locos, ignorando que el femicidio es un problema estructural de la sociedad, derivado del machismo”.

Sensacionalismo o periodismo del terror

León destaca que la revictimización mediática tiene un impacto devastador en las familias: “Imaginen a los padres de Yuriángela teniendo que leer que su hija fue víctima de un ‘demonio’, en lugar de recibir justicia y respeto a su dignidad. La exposición de detalles innecesarios y la espectacularización del dolor, traumatiza nuevamente a quienes están sufriendo una pérdida irreparable”.

Zambrano agrega que la forma como se hizo parte de la cobertura del caso revictimizó más a la víctima. “El relato noticioso se construyó sobre la versión del victimario y cuentos de vecinos, no sobre información oficial, alimentando un morbo que no es más que ‘periodismo de terror’».

La verdadera razón: La infidelidad

A pesar de lo sonado del caso, su resolución oficial no fue tan difundida, tal vez porque bajó al asesinato de las especulaciones mitológicas al vulgar territorio de los celos.

El comisario general del Cicpc Jesús Ramírez, informó a través de su cuenta en Instagram (@ramirezj) que el agresor dijo que mientras leía la Biblia notó en su esposa rasgos extraños, por lo que se abalanzó sobre ella y la asesinó.

El periodismo tiene el poder de educar a la sociedad, pero cuando cae en el amarillismo, se convierte en una extensión de la misma violencia que dice reportar»

Magdimar León

Avesa

Pero al ahondar en los interrogatorios, esa hipótesis se desmoronó por su propio peso y Mendoza confesó que la víctima le había descubierto unas infidelidades y al reclamarle, él enfureció y ejecutó el atroz crimen”.

Educación urgente

Uno de los aspectos que más preocupa es la falta de rigurosidad con la que fue manejado el caso, especialmente por comunicadores sociales, quienes se presume tienen una formación referida a la ética periodística y el manejo de información sensible sin revictimizar a las víctimas.

Aimée Zambrano recuerda que ante la falta de rigor evidenciada en este caso, organizaciones como Utopix y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) han insistido en la necesidad de procesos formativos para periodistas para profundizar en el valor del manejo de información de manera ética y responsable.

Por su parte, Magdimar León agrega que desde Avesa y otras organizaciones, “hemos insistido en la formación de los comunicadores sociales. Es urgente que los periodistas de la fuente de sucesos entiendan el marco legal de la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. No se puede informar desde el morbo!.

Informar con ética significa respetar la memoria de la víctima, proteger a los sobrevivientes y señalar las responsabilidades del Estado en la falta de protección. El periodismo tiene el poder de educar a la sociedad, pero cuando cae en el amarillismo, se convierte en una herramienta más de la violencia patriarcal», concluye León

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